jueves, 27 de diciembre de 2012

Novela. Capítulo 1.


Me encontraba estirada en mi cama, pensando y reflexionando sobre todo lo que me rodea, sobre mis problemas, sobre mi vida, sobre mis pensamientos, sobre mis inquietudes, sobre mis miedos, sobre todo aquello que me envuelve día a día. No podía pensar en otra cosa, mi mente recorría todos esos momentos tan y tan perfectos, y a la vez tan reconfortantes. La idea de saber que él no siente lo mismo por mí, me cambió completamente, el saber que yo para él soy una gran amiga, pero nada más. Tal vez fui ingenua al pensar que él algún día pudiera llegar a sentir lo mismo por mí, las ilusiones nos acaban rompiendo el corazón queramos o no, porque con el tiempo se convierten en desilusiones, y eso luego no hay quien lo arregle. Pero esto es así, y no hay más. No puedo cambiar sus sentimientos ni los míos, porque son así, solo el tiempo los cambia, así que aquí estoy, una vez más pensado en él.

A veces me pregunto, ¿qué hice mal? ¿Qué hice para merecer esto? ¿Por qué todo es tan complicado? ¿Por qué no podía gustarle yo también a él? ¿Por qué todo tuvo que terminar tan pronto? ¿Qué pensará él de todo esto? ¿Realmente se habrá sentido atraído por mí alguna vez? Lo dudo. ¿Habrá sentido pena o rabia hacia mí? La verdad es que no lo sé, ni yo misma podría responder a todas esas preguntas, sólo podría hacerlo él, o quién sabe, tal vez ni él sea capaz de responderlas. Lo único de lo que puedo estar realmente segura, es de que le importo, de que me quiere como amiga, y que a pesar de todo lo que ha pasado, sigo importándole, no sé si más o menos, o si le sigo importando lo mismo, sólo sé que le importo, y es eso lo que me satisface tanto. El simple hecho de importarle me hace sentir feliz, importante, e especial. No hay nada más que añadir. Pero entonces recuerdo que tal vez no fue culpa de ninguno de los dos, sino que el destino no quería que estuviéramos juntos.

Justo cuando creía que nada cambiaría fue cuando sonó el timbre. Ahí estaba ella. Una de mis amigas más leales, y así es. Ella no es de esas amigas que te abandonan a la mínima que tienes un problema, es de esas que siempre está dispuesta a escucharte, a aconsejarte o a ayudarte. Y sobretodo a reír contigo. La recibí con una gran sonrisa como hago siempre.
-¡Hola Susana! ¿Cómo estás?
-¡Hola! Muy bien, ¿y tú?
-Pues la verdad es que no lo sé. No paro de pensar en él. Paso de estar más animada del normal a estar muy seria. En serio, no me entiendo.
-Pues deberías saberlo. No puedes permitir que pensar en él te haga estar así. Ya sabes que le importas, sólo falta que tú des el paso para poder ser feliz incluso sabiendo que él no siente lo mismo por ti.
-Pero es que es muy fácil decirlo, no hecho de menos eso, hecho de menos la manera en la que me comportaba cuando hablaba con él, la felicidad que me causaba, la emoción que irradiaba cada vez que me decía algo bonito...
-Pero tía, que no todo siempre puede ser como queremos, que la vida es así. Que un día te hace la persona más feliz del mundo y al día siguiente parece que ni existas. Ni tú ni nadie puede cambiarlo. Forma parte de la vida.
-Pero que no es eso. Que yo aprecio muchísimo que siga hablándome, y que sigamos hablando como lo que somos realmente, como amigos. Pero no es eso lo que me deprime. Me deprime el echo de saber que una vez más he acabado tragándome mis propias ilusiones, que de lo único que me ha servido esto es para comportarme de una manera que ni yo misma entiendo.
-¿Te preocupa el echo de que no vuelvas a ser la misma después de todo lo que ha pasado?
-Sí. Yo siempre soy alegre y casi siempre estoy animada. No suelo deprimirme mucho, sólo cuando realmente no aguanto más, o cuando siento tanta impotencia que ni yo misma me puedo controlar. Pero ahora no, últimamente parezco una montaña rusa. Cuando me río, me río mucho, pero cuando no, estoy muy seria. Cuando yo no soy nada seria.
-Bueno, tú ya sabes que me tienes a mí y a la gente que te quiere para superar esto y volver a ser la misma de antes. Además, recuerda eso que dices siempre. A él no le gustaría verte así, y mucho menos sabiendo que él es el motivo. Por favor, sonríe, sé la de siempre. Tú siempre has sido la que nos ha sacado una sonrisa aunque no tengamos ganas, has sido la persona que todo el mundo quisiera conocer, pero tú nunca lo valoras lo suficiente. En serio, no te comprendo. Él tal vez no sienta lo mismo por ti, pero no dudo que le gustaría que así fuera para que no sintieras así. Recuerda que le importas, que no habéis perdido el contacto. Por favor, vuelve a ser la chica alocada y risueña que siempre logra sacar una sonrisa a todo el mundo con tan sólo una palabra o una frase. Por favor.
-No te prometo nada, pero lo intentaré. Por cierto, ¿cómo te va con Eloi?
-Pues la verdad es que bastante bien. No nos vemos mucho, pero siempre que nos vemos nos va muy bien, y hablamos bastante.
-Oh, no sabes cuanto me alegra oír eso.
-Gracias-dice mientras se sonroja.
-¿Sabes qué? Podríamos quedar un día tú, yo, Andy, y Eloi. ¿Qué te parece?
-La verdad es que es una muy buena idea. Me encantaría, la verdad.
-Vale. Entonces ahora les llamamos y les decimos de quedar-cogiendo el teléfono y marcando el número de Andy.
-De acuerdo, eso está hecho.
-¿Sí?
-!Hola Andy! Soy Queily, ¿como estás? Te llamaba para saber si te parece bien que quedemos tú, yo, Susana, y Eloi. ¿Qué me dices?
-La verdad es que es un planazo. Vale, acepto. ¿Lo llamas tú o yo?
-Si puedes llamarle tú mejor, sino se lo decimos nosotras. Como quieras.
-Vale, ahora le llamo y se lo digo. Pero, ¿cuándo sería?
-Aún no lo hemos pensado, decid un día que os vaya bien.
-¿Qué tal si quedamos mañana? Me iría genial.
-Vale, hecho. Entonces avisa a Eloi y nos vemos mañana cuando quedemos.
-¿A qué hora?
-¿Qué tal a las cuatro?
-Vale, genial. 

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