sábado, 21 de diciembre de 2013

"Sociedad."

Decisiones precipitadas. Sonrisas rotas. Respiraciones pausadas. Voces quebradas. Vidas perdidas. ¿Cuánto tiempo más va a durar esta tortura? Cada vez aumenta el número de problemáticas en España y en el mundo. Ya no hablamos solo de la economía, sino también del hambre, del respeto, del maltrato, de vidas, de personas. Detrás del dinero, hay personas, detrás de cada problema, de cada muerte, de cada accidente, de cada desgracia, hay una vida. Me duele poner las noticias o hacer zapping en la televisión y encontrarme con programas que solo hablan de las millones de desgracias que se han producido este año. Duele ver el sufrimiento de los demás, incluso duele más que el propio. Estoy harta de ver a gente en la calle, sin tener qué comer, gente sin casa, sin hogar, gente viviendo en unas condiciones de vida pésimas, cada vez más idiotez, cada vez más gente retrasada y incapaz de razonar o pensar sobre la importancia de las cosas y de las consecuencias que pueden producirse si no van con cuidado. Una cosa es divertirse y la otra "pasárselo bien" a costa del sufrimiento de los demás. Por suerte cada vez más gente es consciente de la importancia de aprovechar y apreciar todo lo que tenemos. Pero hay muchísimos otros que ni siquiera se han dignado a tomar la mano a alguien que se la pedía. Muchas personas que hacen oídos sordos a las noticias, a las desgracias, a la actualidad, a las cosas malas que pasan, y que solo quieren saber las cosas buenas. Que no saben hacer otra cosa que pensar en sí mismos.

martes, 10 de diciembre de 2013

Descontrol.

Te empeñas en clavarte estacas que jamás desaparecen, en deshacer tu control para tu propio poder, para dejar que la oscuridad te absorba, te culmine. Erradica tus miedos, deja fluir el veneno para luego arrancarlo de un cuajo antes de que se apodere de ti. Acaba con todo. Deshazte de lo que te rompe, apodérate de lo que te aviva. Quédate con lo que te hace sentir que esas agujas sean solo eso, agujas, y que mientras tú estés bien, ya nada importa. El veneno se propaga, pero ya no temas, el antídoto lo estás creando en tu corazón. Poco a poco te deshaces un poco más de esa oscuridad que cubrió por completo tu corazón, tu alma, tu ser. Coges cada trozo de esa oscuridad y la desechas a la nada, en espera de algo mejor. Pero ya hace mucho que no esperas, y ahora empiezas a entender por qué, es hora de vivir al límite de verdad. Nada de consejos, pasos y reglas. Ahora toca cumplir mi propio deseo, el de hacer lo que me dé la real gana sin perjudicar a nadie. Y sobretodo, dejar de echarme más agujas, más cristales, más oscuridad, más demonios que poseen mi ser hasta descontrolarlo por completo. Erradica el descontrol. Puedes tener todo el control que desees sobre tu persona, pero jamás sobre los demás.

 By: Queily.

viernes, 6 de diciembre de 2013

Un corazón muy grande, pero sobretodo, muy humilde.

Estés donde estés, aunque ya no puedas leerlo, este texto que he escrito y estas palabras son para ti, Nelson Mandela:  

Nunca suelo dedicar ninguna entrada o así a una persona en concreto, pero esta vez, pienso que debo hacerlo, y que él se lo merece, y mucho. Ha dado mucho por muchísima gente. Tuvo experiencias realmente horribles, y la verdad, pasó por muchas injusticias que jamás debieron suceder. Todos tenemos nuestra parte buena, pero aunque él también tiene defectos, al igual que todo ser humano, siempre supo mostrar su mejor lado, su mejor parte. Vale que mucha gente pensará que esto de dedicar algún mensaje, entrada, etc a alguien que ha fallecido cuando ni siquiera le conocimos puede parecerles un acto falso, hipócrita y incluso patético. Pero si alguna de todas esas personas está leyendo esto, decirle que no siempre hace falta conocer a una persona en carne y hueso, y hablar con ella para saber que tiene un corazón enorme. Por mucho que obviamente jamás llegáramos a conocerle, ni tuviéramos la oportunidad siquiera de asistir a un sitio en el que él estuviera, decir que no hay nada en este mundo que pueda impedir sentir admiración por alguien a quien no conoces personalmente. Sus hechos, sus acciones hablan por sí solas. Y me parece algo realmente rastrero criticar a alguien por simplemente dedicar unas palabras a una persona que realmente sí se lo merece. Uno de los errores más graves que cometemos, es dedicar palabras de todo corazón a gente que ni siquiera se ha parado a escucharnos de verdad. Pararos a pensar en una cosa, ¿acaso él no se paró a escuchar su propio lamento y el de su pueblo, el de su nación, el de la gente que necesitaba ayuda incluyéndole? Se paró a escuchar sus lamentos, y se percató de que no importa las diferencias que hayas podido tener con una persona, que si la vida de ambos está en juego, hay que dejar a un lado el rencor y el orgullo, y ayudarse, ser humildes como las personas que somos. Él es un héroe por todo lo que logró conseguir. Sus discursos son realmente admirables, y sobretodo, la manera en la que levantó una nación perdida, esa es la razón por la que él es tan admirado por Sud África y tantísima gente. Ya sea en el colegio, en las noticias, en el instituto, etc, todos hemos oído a hablar de él. Unos más que otros, pero la gran mayoría sabemos quién es y qué logró. Tal vez no lo conocimos, pero si de algo puedo estar segura, es de que personas como él son las que necesita ahora España. Personas capaces de enterrar el hacha de guerra y las diferencias, y buscar una ayuda para ambos bandos, sin distinciones, sin discriminaciones, sin injusticias. Ayudarnos entre nosotros. Es eso lo que hace de un país roto un país indestructible. Por mucho que un camino se tuerza y se complique, siempre habrá una manera de cicatrizar y tapar esas grietas de dolor y sufrimiento. En definitiva, Madiba siempre será un ejemplo a seguir. Y he aquí unas palabras para él, tal vez muy comunes, pero no me importa, porque son de todo corazón.

Gracias por haber hecho de este mundo un mundo mejor y por haber acabado con muchas injusticias.Gracias por todo. Siempre te recordaremos como lo que fuiste, como lo que eres, y como lo que serás, una persona que fue capaz de cambiar el mundo y de no perder la esperanza a pesar de que todo estuviera oscuro, muerto y apunto de acabarse.

Gracias por haber depositado esperanza en nuestros corazones, y por habernos hecho comprender que no importa lo que pase o cómo pase, que siempre habrá algo por lo que seguir, por lo que mantenerse en pie, por lo que mejorar, y sobretodo, por lo que luchar.

Ojalá todos te recuerden como un héroe, porque lo fuiste, lo eres, y lo seguirás siendo allá donde vayas. Sin duda, corazones como el tuyo, cada vez son más escasos. Un enorme abrazo.

No te olvidaré, y cada vez que se me acabe la esperanza, recordaré que tú fuiste capaz de callarles la boca a muchísima gente que dudó de tus capacidades, y por eso, seguiré, pase lo que pase. Y me demostraré a mí misma y a los demás, que no hay nada que pueda pararme cuando quiero conseguir realmente algo.

Siempre admiraré tu espíritu guerrero y luchador. Acabaste con el apartheid y pusiste justicia donde había que ponerla. Eso es algo que no cualquiera es capaz de hacer. Y por último, una vez más, GRACIAS. Descansa en paz, te lo mereces. #RipNelsonMandela


By: Queily.


domingo, 1 de diciembre de 2013

Libro: Vacíos sin fondo que llevan a caminos sin rumbo. Capítulo 2.

Desde bien pequeña empecé a tener problemas con la comida, empecé a tener graves problemas en el colegio con mis compañeros y en casa con mis padres y mi familia. Nunca supe por qué todo eso tenía que ocurrirme a mí. Sentía que cada día era una tortura más. Ir al colegio para mí se acabó convirtiendo en un completo infierno. Todos mis compañeros se reían de mí, me dejaban de lado, nunca nadie quería jugar conmigo, siempre era la niña rara y marginada que se quedaba a un lado, apartada del resto.

Mi timidez nunca me ayudó en absoluto. Cada cosa que me pasó en aquel entonces, me marcó más de lo que nunca habría imaginado. Cada risa, cada burla, cada insulto, cada mirada de desprecio, indiferencia, superioridad. Cada mirada llena de odio, de asco. Cada gesto, cada hecho que me apartaba de los demás. Ellos eran simples niños felices, disfrutando de la que seguramente fue su mejor etapa, la infancia. Para mí, solo fue un periodo oscuro y siniestro que prefiero ni recordar. Pero qué le vamos a hacer, esos momentos, forman parte de mi vida. Y sin ellos, nunca habría llegado a mostrar cómo soy realmente.
 
Supongo que ni siquiera yo misma me percaté de lo que ocurría hasta que llegué al límite. Sí, hablo de ese límite al que se llega justo antes de perder la vida por completo. Ese momento en el que me dí cuenta de que estaba muerta, aunque mi cuerpo seguía moviéndose, seguía respirando, y mi corazón seguía latiendo. No quise darme cuenta de la gravedad de la situación hasta que todo pareció haber desaparecido, hasta que lo dí todo por perdido. Hasta que me dí por muerta.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Al mando de mi propia destrucción. Capítulo 7.

En aquel entonces a cada momento me sentía rota, perdida, sin vida, quemada, invisible, muerta.
Era realmente escalofriante sentir que en mi interior ya solo había lugar para el dolor, para el odio, para el lamento, para la muerte. No quise percatarme de lo que ocurría hasta que alcé la vista delante del espejo, justo en el momento en que me veía rota, muerta, como si fuera un espejismo, como si fuera irreal. Como si ni siquiera yo misma pudiera sentir el alma que se resguardaba en ese oscuro, frío y roto corazón. Hecho trizas por el tiempo, por el pasado, por el dolor, por el sufrimiento, por el lamento y por mi propia realidad.

Digamos que ya solo podía desear una sola cosa, desaparecer. Esas voces, esos demonios incitándome a hacer lo imperdonable, lo inexplicable. Despedazarme por completo, hasta acabar siendo solo una figura que en algún tiempo atrás, fue una persona que a causa de lo mucho que se lastimó a sí misma, y lo mucho que la lastimaron los demás, acabó convirtiéndose en un monstruo. Solo era capaz de sentir dolor, agonía, temor, miedo, frialdad. 

Y pensar que muchos creen que todo es tal y como se muestra, es algo tan y tan patético. Demasiada hipocresía para tan poca paciencia, para tan poca humildad, para tan poca humanidad. Nadie se da cuenta del dolor que guardas en tu interior, no tienen ni idea de lo que es sentir que ya nada volverá a ser como antes, que ni siquiera tú podrás volver a ser un alma inocente. Que incluso tu interior te está convirtiendo en alguien irreconocible. Te estás convirtiendo en un monstruo que cada vez muestra menos, pero que cada vez siente más. 

Al mando de mi propia destrucción. Capítulo 6.

Todos me criticaban, me juzgaban, se reían de mí, hacían ver que era una más, pero al segundo de tener la poca esperanza de que eso fuera cierto, las supuestas "amigas" que tenía en mi infancia, resultaron ser de las personas más rastreras que he conocido nunca. Cuando estábamos en grupo, en el recreo, siempre me decían que tenían que hablar de una cosa muy importante y que era de familia o no sé qué, y que no podían contármelo a mí, que era un secreto muy personal o algo así. Me hacían quedarme a un lado, sola, mientras empezaban a hablar y hablar y no dejaban de mirarme. Hasta que me percataba de que lo que estaba pasando en realidad, era que estaban hablando de mí, que se estaban riendo en mi puta cara, y que no dejaban de criticarme, y que por eso no podían dejar de reír.

Cada día era la misma historia, hablaban de mí y me criticaban a escondidas, se reían de mí haciendo ver que estaban hablando de otras cosas, y lo peor, cada vez que teníamos que hacer grupos para un trabajo o así, me dejaban completamente de banda y sola, a la suerte de mi destino. Muy a mi pesar, tenía que ir con los compañeros que no tenían grupo, con los cuales tampoco me llevaba demasiado bien. Aunque por suerte, a veces me tocaba ir con gente que conseguía hacerme reír y hacer que me lo pasara bien. Sentía que por lo menos a alguien le caía mínimamente bien.

Digamos que cada día era una tortura más, pero lo que me salvó realmente fue mi capacidad de soportar y aguantar tantísimas cosas sin ni siquiera dejar caer una lágrima delante de nadie aunque me esté muriendo por dentro. El caso es que, con el tiempo, fui dándome cuenta de a quién le importaba ni que fuera un poco y de la gente que solo pretendía despedazarme, trozo a trozo, hasta lograr que yo misma decidiera acabar con todo, incluso conmigo misma. Con el tiempo fui creciendo, tanto por fuera, como por dentro, y me percaté de una vez por todas de lo que estaba sucediendo, de que había que poner fin a todo.

Mis padres solo atormentaban más mi vida. Era como si nada tuviera sentido, y como si ni siquiera el hecho de poseer cosas materiales que me encantaban, ya que, eran las únicas cosas que me hacían sentir felicidad u alegría, me hicieran sentir realmente viva. Nunca nadie me enseñó a amar, ni a querer a nadie. Nunca nadie me enseñó a sentir, ni me explicó cómo podía agarrar mi vida antes de que se escapara de mi cuerpo. Nadie me avisó de que podía elegir si vivir u morir. Nadie me dijo siquiera que lo más difícil sería ser una simple niña que pensaba y sentía como alguien mucho más mayor. En mi opinión, no importa la edad que tengas, la edad nunca definirá tus capacidades ni tus límites.

"Recapacitar es de sabios, negar la realidad, de necios."

No sé por qué coño subís fotos de thinspo para que la gente no coma. ¿No veis que no ayudáis mirando esas fotos y subiéndolas? No comer no es la solución. Todo es algo mental, si tu mente ve en lo que puedes tener, te hará comparar lo que tienes con eso. Cuando se comparan dos cosas, siempre gana la que tienes más peso, por lo tanto, sin daros cuenta, estáis haciendo que la gente se joda más.

Eso de mirar fotos de tías con cuerpos "perfectos" para vosotros/as, no os ayuda, solo os recuerda que queréis algo que no tenéis. Eso de tener como modelo o ejemplo a alguien, nunca me ha parecido del todo bien. Porque al fin y al cabo, cada uno es como es. Esto solo va para alguna gente, pero si insultáis a los demás por su físico, luego no os quejáis de que lo hagan con vosotros. De nada.

Me hartáis con lo de incitar a la gente a hacer algo de tal manera que parezca que eso que decís o mostráis es lo mejor, cuando no. Que yo podría incitar a mucha gente a hacer lo mismo que yo o a hacer lo mismo que otra persona, pero que no lo hago por pura HUMILDAD. Y ya no es por humildad, si no dejáis de poner ejemplos de cuerpos y físicos perfectos, ¿cómo queréis conseguir salir de esa mierda?

Ya no os digo ni salir del todo, pero al menos estar más fuera que dentro, o aunque sea que todo sea pasajero. Pero tío, no es plan. Si queréis ser unos esqueletos, allá vosotros. Pero por favor, DEJAD DE INCITAR A LA GENTE A SERLO. Si vosotros queréis joderos de por vida, seguir con esa actitud y mentalidad, pero dejar que los demás hagan lo que quieran.

Y que para al que no le quede claro, GORDA NO ES UN INSULTO, EN REALIDAD, PERO SI LO TODOS LO UTILIZAN ASÍ, ES POR ALGO. Estar flaca no es lo mismo que estar delgada, o eso creo yo al menos. Estar flaca es estar al borde de ser un esqueleto. Para mí, estar delgada es tener suficiente carne como para que no se te vean los putos huesos. Para mí, estar normal, es tener algo de michelines, sí. PERO ES NORMAL TENERLOS. Yo los tengo, lo admito. ¿Pocos? Pues sí. ¿Pero y qué?

Que incluso me río de mi propia grasa, porque es verlo y pienso: "Hostia, que hasta puedo hacer una boca juntándola." Tenéis conceptos demasiado equivocados de lo que es tener GRASA. La grasa no te hace estar gorda. Si no tienes grasa, solo eres huesos. Que sin grasa casi todos seríamos unos putos esqueletos. A mí me encantan las calaveras, PERO NO QUIERO SER UNA.

Que siendo sincera no sabéis las veces que he incluso llorado por sentir felicidad al ver que he engordado.
Que sí, que muchas otras he llorado por ese mismo hecho, ¿pero y qué? "No hay mal que por bien no venga." Que quizá me hago pesada con este tema, pero que me importa lo que yo me sé. Quiero aclarar estas cosas y que ABRÁIS LOS PUTOS OJOS. No os deis cuenta demasiado tarde, en serio. Que esto no es un puto juego. Que una cosa es tener poca auto estima y la otra, matarte.

Me refiero a varios aspectos con decir "matarte". Puedes matarte dejándote hecha/o mierda por fuera y por dentro o solo por uno de esos. Pensar en TODAS las delicias que os estáis perdiendo por querer alcanzar esa "perfección", QUE NO EXISTE. El chocolate. Las pastas. Las creps. La pizza. Los crusanes. Los donuts. MILES DE COSAS DELICIOSAS Y DE LAS QUE OS ESTÁIS PRIVANDO.
¿Y todo eso para qué, eh? ¿Para acabar siendo un monstruo por fuera y por dentro? El deseo de ser perfecto te vuelve UNA MIERDA PERSONA. Porque hace que acabes y destruyas TODO, ABSOLUTAMENTE TODO lo que tienes o lo que has conseguido. Solo os pido que, por favor, hagáis caso a lo que queréis vosotros, no una puta sociedad que solo quiere destruirnos. 

ES VUESTRA PUTA VIDA, VUESTRO CUERPO, Y QUE TENER UN CUERPO SIN CARNE TE CONVERTIRÁ EN LO QUE SIEMPRE ODIASTE. Que sí, que es vuestro cuerpo y podéis hacer lo que queráis. Pero a ver, que detrás de ese cuerpo, hay una PERSONA, una HISTORIA, DOLOR. Dejaros de tonterías, y en vez de centraros en disminuir lo que odiáis, empezar por MEJORADLO.

By: Queily. 

Seamos sinceros con nosotros mismos, ¿o acaso no nos lo merecemos?

Siempre he pensado que si hemos llegado a este límite, a este punto, es porque la gente se ha dejado llevar demasiado por lo que los demás puedan pensar de él/ella. Eso ha provocado grandes problemáticas, en varios aspectos. Jamás lograremos volver a recuperar nuestro yo interior sin antes acabar con aquello que lo destruyó, la hipocresía. Dejémonos de tonterías. ¿Qué somos, animales o personas? ¿Personas o marionetas? ¿Juguetes o luchadores? ¿De verdad dejaremos que nos manipulen y nos destrocen a su antojo? Por favor, un poco de sensatez. Hoy en día es lo que más falta hace, y sin embargo, lo que menos se encuentra.

Estoy simplemente harta de encontrarme cada vez con más gente sin escrúpulos que no saben hacer otra cosa que despedazarnos, que acabar con esas pequeñas fuerzas que nos quedan para mantenernos como siempre en pie, con una sonrisa inmensa en la cara, y con ganas de acabar con cualquiera que se anteponga a nuestros deseos.

¿No es curioso que siempre acabemos amando y enamorándonos de aquello que más daño nos hace? La respuesta a este extraño suceso, supongo que solo puede explicarse mediante esto: necesidad de sentir.
El dolor nos hace sentir vivos por muy muertos que nos sintamos o que estemos. Como dicen, respirar, no es sinónimo de vivir. El dolor nos alimenta, nos provoca sensaciones y emociones inexplicables, realmente tentadoras y fascinantes. ¿Cómo podríamos evitar caer en eso? No es un error enamorarse de algo que te mata, porque cuando algo es capaz de hacerte sentir que te está matando, es porque se ha vuelto tan importante para ti, que incluso necesitas sentir algo que provenga de esa persona por mucho que sea dolor.

Aunque muchas veces lo dudemos, todo esto no tiene nada que ver con la dignidad ni todas esas mierdas que nos cuentan y que nos hacen creer. Digamos que hay que saber adaptarse a lo que uno vive y siente. El orgullo muchas veces puede con nosotros, porque lo que sentimos supera la realidad y todo lo que antes desconocíamos. Digamos que no hay nada que podamos hacer para huir de aquello que está en nuestro interior. No puedes huir de lo que sientes, ni de lo que eres. Solo puedes luchar por hacer que esas cosas que tanto te avivan, animan y te hacen sentir viva/o, feliz y alegre, te hagan sentir dolor de tal forma que por muy insoportable que sea ese dolor, haga que tú permanezcas con vida, por el simple hecho de saber qué pasará.

Y he aquí el verdadero motivo por el que merece la pena sufrir y sentir dolor, porque nos aviva, nos hace sentir que a pesar de que sintamos que estamos en un sin sentido, en un mundo sin solución, siempre hay algo que nos libera, que nos hace sentir sentir especiales por mucho que lleguemos a despreciarnos e infravalorarnos a veces. La verdadera esencia para vivir realmente, es hacerte sentir vivo sin lastimarte ni a ti, ni a los demás. ¿Cómo? Haciendo de lo que tienes y de lo que eres, lo mejor para ti.

Así que recordad, el amor es cierto que muchas veces nos mata, pero como he dicho, nos alimenta, nos mantiene vivos, impacientes por saber qué ocurrirá. Nerviosos, esperanzadores, y sobretodo, nos devuelve esa sonrisa tonta que hace que aunque el mundo entero que nos venga encima, logremos mantenernos firmes y decir: "Lo siento, pero todo esto ya no puede conmigo. Me he vuelto mucho más fuerte que mi auto destrucción." 

By: Queily.

sábado, 16 de noviembre de 2013

Frío.

Siempre he pensado que no hay nada como sentir la brisa del mar sobre volando tus miedos, tus temores, tu dolor. Estar en la cubierta de un barco es algo mágico, increíble. Si cierras los ojos un momento, y te dejar llevar por el frío y por el fuerte viento que insiste en levantarte, sentirás como si por unos segundos, estuvieras en una nube. Y quizás el frío es una de las mejores sensaciones del mundo. Sentir cómo se te va erizando la piel, cómo empiezas a temblar, cómo empiezas a sentirte tan helada como el hielo, tan fría como la nieve, tan profunda como el mar. Y es que, sin duda, no hay nada que supere el hecho de ser capaz de sentir el frío acariciar tus mejillas, entrecortando tus labios, exhalando la amargura de la fría noche, suspirando esos inmensos deseos corrompidos por el tiempo, por la vida. Inhalando tus penas y tus alegrías, pero sobretodo, inhalando tu verdadera fortaleza, la sinceridad.

By: Queily.

sábado, 2 de noviembre de 2013

Libro: Vacíos sin fondo que llevan a caminos sin rumbo. Capítulo 1.


Querida yo del pasado,

querría decirte tantísimas cosas, que no sabría ni por dónde empezar. Es cierto que cada principio conlleva su final, y sé que ese no fue el mío, ni lo será, sé que mi final aún está por llegar. Pero, quizá debería hacerte saber muchas cosas que gracias a ti aprendí, que gracias a ti, supe aprender a afrontar mejor. Que gracias a ti, conseguí ser quien soy, ser feliz, y no avergonzarme en absoluto de ser así. Gracias por haberme hecho comprender tantas cosas a las que nunca encontré respuesta. Gracias sobretodo, por no hacerlo, por no desaparecer.

Me gusta que de vez en cuando reaparezcas en mi mundo y en mi nueva vida para recordarme que ya nada es como antes, que nunca volveré a dejar que nadie me rompa. Porque con el tiempo, aprendí a recomponer mis trozos de manera que por muchas veces que se despeguen, siempre podrán volver a juntarse. Es cierto que nunca lograrán encajar de la misma forma, y con la misma facilidad, cada vez costará más juntar esos trocitos tan diminutos y a la vez inmensos en la totalidad de todos los sentimientos que llegamos a sentir en aquel entonces. Pero puedo asegurarte, que por muchas veces que se separen, siempre lograré volverlos a juntar, tarde el tiempo que tarde, y cueste lo que me cueste.

Antentamente,

yo.

domingo, 27 de octubre de 2013

Imágenes corrompidas, sentimientos rotos por el paso del tiempo.

Escúchame. Mira a ese espejo. ¿Ves lo que se refleja en él? Deja de romper tu mente, de corromper tus pensamientos, tu cabeza, de destrozar tus sentimientos, tus emociones, de hacerte sentir como una mierda cada vez que te ves reflejada/o en algo. Cada vez que alguna pieza de ropa no te cabe. Cada vez que comes y engordas. Cada vez que vas a pesarte y ves que has subido y que nunca llegas a esa "meta" que te propusiste. Deja de centrarte en esas cosas. Piénsalo.

Vuelve a mirarte al espejo. Mírate de arriba a abajo. ¿Ves lo mismo que yo? ¿Ves a esa persona sola y indefensa? ¿Ves a esa persona rota, destruida, corrompida, destrozada? Date cuenta de que no es solo una imagen. Esa imagen, forma parte de ti, pero aún y así, no lo es todo. Porque al fin y al cabo, es una imagen, sí, pero no muestra quién eres en realidad, ni la clase de persona que eres. Solo muestra cómo eres por fuera, lo que muestras, nada más.

Sé cómo te sientes. Y aunque no lo creas, te entiendo. Sé que es sentir que nada encaja contigo, que tú eres esa pieza incompatible con todo lo existente. Sé cómo es sentirse el "bicho raro". Sé qué es sentir que cada palabra, cada suspiro, cada exhalación, cada lágrima, cada lamento, cada recuerdo, te desgastan todavía más. Sé que es sentir que te encuentras en un mar de lava, en el que te quemas, y te vuelves a quemar, y en el que te ves incapaz de salir. Sé que es no ver la salida. Sé que es sentir que ya nada vale la pena. Sé que es sentir que no sirves para nada, que todo lo haces mal, que todos te odian, incluso tú. Sé lo duro que es ver cómo te vas desmoronando junto con tus sueños, tus metas, tus propósitos, tu vida.

Pero no puedes dejar que tus sentimientos tomen el mando de tu vida, de tu cuerpo, de tu destrucción.
Dime algo, ¿de verdad te sientes orgullosa de todo esto? ¿De verdad te sientes orgullosa de querer adelgazar hasta conseguir destruirte por completo sin ni siquiera ser consciente de ello? ¿De verdad quieres ver tu cuerpo frágil, débil, reflejando todo el dolor que se ha llegado a esconder en tu interior? ¿De verdad quieres eso? Yo de ti me lo pensaría dos veces antes de acabar destrozando tu vida por completo por una puta autoestima, por un puto pasado, por un puto espejo, por una puta báscula, por unas putas críticas, por unos putos pensamientos, por un puto aspecto, por un físico que acabará volviéndose completamente inservible con el paso del tiempo.

¿De verdad crees que vale la pena estar destruyéndote a ti misma y a tu vida por algo que con el tiempo se va a convertir en cenizas? Cuando acabemos todos muertos y en un ataúd, ya no habrá distinciones de pesos, de cuerpos, de físicos, de aspectos, ni de mierdas. Ya nadie podrá hacer nada para hacerte ver que estuviste desperdiciando tu vida. De verdad te lo digo, piénsalo. No sirve de nada destrozarse de esta manera por algo que acabará desapareciendo.

¿Para qué queréis la perfección? ¿Para acabar siendo como las personas que os destrozaron? La obsesión por alcanzar la perfección, te acaba volviendo obsesiva/o, y te acaba volviendo una mierda de persona. El físico cambia con los años, y incluso puede mejorar con los años, maquillaje, o incluso operaciones, aunque debo decir que estoy en contra de ellas. Pero si algo debéis tener muy claro, es que una vez os volváis una mierda de personas, ya no habrá marcha atrás. Porque habréis consumido tanto vuestro interior con cosas sin importancia, que os habréis convertido en lo que siempre odiasteis, personas sin escrúpulos. La obsesión por alcanzar la perfección solo conlleva riesgos innecesarios, como perderse a sí mismo, y perder a la gente que más quieres.

Lo último que me queda por decir, es que, si de verdad quieres ser perfecto, debes hacerte ver que acabarás volviéndote una mierda de persona. Es decir, que ni siquiera lograrás ser perfecto/a. Porque, por si no lo sabíais, el hecho de intentar ser perfecto, ya te hace imperfecto. Elegir, o tenéis un interior admirable y genial, o un físico casi perfecto. Pero no se puede tener todo. Así que vosotros mismos, es vuestra elección. Lo único que no cambia con el tiempo, es la base de lo que somos en realidad. Es decir, la base de nuestro interior, lo que nos hace únicos. El físico es como la ropa, algo que nos complementa, nada más que eso. Así que vosotros sabréis lo que hacéis. Pero desde luego, si algo está claro, es que no conseguiréis nada quedándoos de brazos cruzados. Si queréis ser felices, luchar por salir de toda esa mierda y serlo, y dejaros de comer la cabeza haciéndoos creer que si lográis tener un cuerpo y un aspecto casi perfectos, lograréis ser felices, porque no, esto no es así. Al igual que el dinero no da la felicidad, un físico admirable, tampoco.

Atentamente,
Queily.

martes, 22 de octubre de 2013

¿Nunca habéis sentido que nada ha salido como queríais? ¿Que las cosas se os han ido de las manos? Yo miles de veces. Me he llegado a sentir así muchas veces, pero ese nunca debe ser un motivo razonable para dejar de luchar, para rendirte. La vida es un reto, y hay que seguir, pase lo que pase, incluso estando destrozada, incluso llorando y deseando morir a veces, incluso odiando todo tu alrededor. DA IGUAL LO QUE TE HAYA PASADO, PORQUE LO MALO NUNCA PODRÁ COMPARARSE CON LO BUENO. PORQUE LO BUENO NOS HACE MEJORES, NOS COMPLETA, NOS HACE SENTIR BIEN, NOS HACE SENTIR A GUSTO, Y SOBRETODO, HACE QUE NO NOS AVERGONCEMOS DE SER QUIENES SOMOS, Y QUE NOS SINTAMOS BIEN SIENDO ASÍ. QUE ESTEMOS ORGULLOSOS DE HABER CONSEGUIDO TANTAS COSAS, Y SOBRETODO, DE HABER SIDO TAN FUERTES DURANTE TANTÍSIMOS AÑOS. NO DEJES QUE NADIE TE PARE, QUE NADIE TE DESTROCE, TE DERRUMBE O ACABE CONTIGO. TÚ ERES MÁS FUERTE QUE ESAS MIERDAS Y QUE TODA ESA GENTE QUE INTENTA HACERTE DAÑO. PUEDES CON TODO. No sé si llegarás a leer esto, pero si lo lees, espero haberte hecho ver las cosas de manera distinta. LA VIDA NO ES TAN MIERDA COMO PARECE, PUEDE SER REALMENTE INCREÍBLE SI TÚ TE LO PROPONES. DEBES MANTENERTE SIEMPRE FUERTE. MUCHOS ÁNIMOS, Y MUCHÍSIMA SUERTE. ERES FUERTE, Y LOGRARÁS SUPERAR CUALQUIER ADVERSIDAD. STAY STRONG.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

¿Sociedad? ¿Qué es eso, se come? Ah, no, que es porquería, suciedad.

El caso es que me estoy empezando a hartar de la gente que no deja de pedir MG. Una cosa es que te pidan preguntas para que no se aburran, y la otra que pidan me gusta, que no sirven para nada más que para crear polémica, odio, celos, envidia, confusión, problemas, etc. Opino que esta sociedad es una puta mierda, pero si seguís los ideales de ésta, os aseguro que TODOS, absolutamente todos, acabaréis igual. Yo no me incluyo, porque yo no pienso ni estoy a favor de los ideales que impone y nos incita a creer esta sociedad. Es realmente patético que haya cada vez más personas que pidan MG para fotos, para ganar "popularidad", para no sentirse "tan mierdas", para que les hagan "más caso", etc. La verdad, yo no digo que los MG no ayuden en la autoestima de una persona. Pero ey, que los me gusta no os van a dar de comer, joder. Que los putos ideales de esta sociedad no van a haceros mejores personas, sino todo lo contrario. O cada uno de nosotros empezamos a tomar la rienda de nuestra vida, y empezamos a concienciarnos de lo que está pasando, y de que lo debemos hacer no es apoyar a la multitud, sino apoyar a aquello que puede salvarnos, aquello que nos hace ser ÚNICOS. Somos únicos porque no hay dos personas iguales en este mundo. Sí hay que lo son por fuera o se parecen, pero nunca habrá 2 personas exactamente iguales. Así que dejar de haceros los "guays", dejar de ser unos putos falsos de mierda, dejar de copiar a los demás, tanto en su físico, como en su interior intentando y fingiendo ser alguien que no sois solo para complacer a los demás. Dejar de mentiros a vosotros mismos y a los demás, Y EMPEZAR A SER LAS PERSONAS QUE REALMENTE SOIS, LAS PERSONAS QUE REALMENTE VOSOTROS MISMOS QUERÉIS SER, NO LA CLASE DE PERSONA QUE QUIERE ESTA SOCIEDAD QUE SEÁIS O LA GENTE. SUDAR DE LAS CRÍTICAS REÍROS, DEFENDEROS, VIVIR, JODER. PERO DEJAR DE AGRANDAR ALGO QUE YA ES DEMASIADO CATASTRÓFICO, EL FRACASO DE ESTA SOCIEDAD. Y, ahora, dime, ¿qué harás tú? ¿Vivir a tu manera sin importar lo que diga la gente, y ser tú mismo/a, o caer en el error de seguir haciendo más mierda esta sociedad? Tú decides, de ti depende tu futuro.

viernes, 20 de septiembre de 2013

Tus ojos veo brillar,
mientras dejo de hablar.
Veo tus lágrimas caer,
humedeciendo tus mejillas.

Siguiendo el contorno de tu cara,
de tu piel, de la comisura de tus labios.

Sobre pasaron el límite.
Mejor incluso, tus labios,
y parece que no saben a nada más que a amargura,
que a dolor, que a sufrimiento.

Dejemos de atormentarnos,
por algo que jamás ocurrirá,
por algo que nunca sucederá,
por algo que no pasará.

Somos marionetas del destino,
esclavos del tiempo,
reyes y jefes de nuestra vida.

Esas palabras,
cuyo único objetivo son defender mis principios,
mi libertad, mi opinión, mi expresión.

¿Cuántísimas veces nos hemos llegado a preguntar qué se supone que estamos haciendo con nuestras vidas? ¿Cuántas veces nos hemos llegado a preguntar si realmente queremos seguir aquí? Pero mejor aún, ¿acaso no hemos pensado todos miles de veces que era nuestro final, que no había vuelta atrás, que nada valía la pena, que no hay razones para seguir, ni para luchar, ni para quedarse, ni para no rendirse, etc?

Las resupuestas a esas preguntas son demasiado obvias, ya que cualquiera con dos dedos de frente sabe que el sentimiento que más efecto provoca en nosotros, es el dolor. La vida está repleta de él. Vayas donde vayas, independientemente de con quién y de a qué lugar vayas, siempre vas a acabar sufriendo. El motivo por el que los seres humanos tenemos el privilegio de sufrir y de sentir dolor, es porque el dolor y el ser capaces de sentirnos muchas veces completamente destrozados y hundidos, hace que nos sintamos vivos de verdad, que estemos viviendo realmente.

El término "vivir" está demasiado malinterpretado por culpa de esta mierda sociedad. Parece ser que todos se creen todas nuestras sonrisas, todas nuestras palabras, pero en realidad, siempre hay algo que marca la diferencia entre la apariencia y la realidad. Yo pienso que el hecho de mentir a alguien acerca de tu estado de ánimo, no es algo malo, sino que simplemente es una realidad que debemos aceptar y aprender a comprender. Muchos preferimos estar solos antes que mal acompañados, por eso mismo, como no queremos que los demás nos vean llorar, y no queremos sentirnos débiles y frágiles, optamos por alejarnos de todo aquello que podría suponernos graves conflictos o problemas. 

Definitivamente, los seres humanos no estamos hechos para convivir con los demás sin ningún tipo de problema.


miércoles, 4 de septiembre de 2013

The sky is limit of the hell. Capítulo 3.

-¿Se puede saber qué demonios haces tú aquí?-dijo ella cruzándose de brazos y mirando fijamente a Ken mostrando su indignación.
-Uh, yo de ti no hablaría de demonios estando en un cementerio-dijo mirando de lado a lado justo antes de añadir-podría ser peligroso-dijo susurrándole al oído mientras seguía mirándola fijamente junto a una sonrisa provocativa y acompañado de un guiño con el ojo.
-¿Cuánto de peligroso?-dijo Barbie desafiante.
-Podrías acabar muy mal-dijo él sin borrar su sonrisa.
-¿Cómo de mal?-dijo ella pensativa.
-Podrías acabar rodeada por mis fuertes brazos, y atacada por un infinito beso lleno de pasión, y a su vez, de ternura-dijo Ken susurrándole al oído.
-Eso sería realmente escalofriante-dijo ella como si se tratara de algo a lo que debiera temer, pero eso sí, con un punto de sarcasmo.
-Ajá. Además, tus labios pintados de ese rojo sangre son altamente provocativos, no sé si podría resistirme a no besarlos-dijo él mientras se mordía el labio inferior.

Ella se río dulcemente, mientras miraba hacia un lado pensativa. Mientras tanto, él se abalanzó hacia ella, la agarró de las caderas tan fuerte como pudo, y entrelazó sus labios con los de Barbie, sin importar que estuvieran en un cementerio, siendo pasada medianoche, y completamente y peligrosamente solos.

Mientras ellos se centraban en demostrarse lo mucho que se deseaban el uno al otro y la inmensa intensidad con que se querían con locura, de pronto, algo los interrumpió. Dejando el miedo y el susto reflejado en sus caras.


The sky is limit of the hell. Capítulo 2.

Barbie y Ken pasaron la noche en el cementerio, en busca de una experiencia nueva que vivir. Al pasar la medianoche, Barbie se despertó porque necesitaba ir al baño, y cuidadosamente, sin despertar a Ken, intentó buscar la puerta que daba al exterior del cementerio.

Sin darse cuenta, se adentró todavía más en el grandioso “bosque” de los muertos. Por suerte suya, había luna llena, que iluminaba y daba un poco de vida a esa fría y oscura noche, que sin lugar a dudas, no sería una noche cualquiera.

En cuanto Barbie se percató de que se había adentrado más en el cementerio, se paró en seco. Se quedó boquiabierta, perpleja, sin aliento. Unos segundos más tarde recobró la respiración, ya que del inmenso susto que se había llevado y que le había cortado la respiración, su piel se había empezado a poner violeta, cosa que no le favorecía en absoluto.

Abrió los ojos como platos, e inmediatamente analizó todas y cada una de las partes que formaban aquel siniestro lugar. Se dió cuenta de que ya era pasada media noche cuando escuchó los aullidos de los lobos en la lejanía, los ruidos que desprendía ese fantástico y a su vez, ese terrible lugar.

Estaba rodeada de tumbas, cosa demasiado normal estando en un cementerio, pero su corazón dio un vuelco al sentir el fresco aliento de un ser desconocido en su piel. Se quedó inmóvil, sin mostrar señales de vida, cerró los ojos, y deseó que solo fuera su imaginación.

En cuanto se giró, no vió a nadie. Aliviada de ver que solo era su imaginación, suspiró. Y justo después, notó un extraño sentimiento de calor en sus caderas, como si algo u alguien se las estuviera sujetando. Miró a un lado y a otro, y no vió nada.

Decidió que no era nada aconsejable volverse a dar la vuelta, así que decidida, puso las manos en sus caderas tan rápidamente, que logró posarlas encima de eso que sintió anteriormente.

Tragó saliva, cerró una vez más los ojos, y se giró al instante. Al ver a Ken, ella lo miró con su mirada penetrante y desafiante a la vez. Sus ojos rojizos reflejaban miedo, el cual ni siquiera se dignó a mostrar.

Ken la miró como arrepentido, pero enseguida le sonrío de una manera increíblemente acusadora.


Novela. Capítulo 8.

Sentía cómo el calor del mediodía me iba sofocando hasta envolverme en una sensación de calor insoportable. Ya no sabía qué sentir, qué hacer, qué decir, o cómo actuar. Lo único que era capaz de hacer, era pensar.

Después de todo lo que ocurrió con Andy ya ni siquiera sé lo que quiero y lo que no. Solo se me ocurre que él es un desgraciado, que nunca me ha merecido, y que nunca ha sido capaz de valorar lo que tiene antes de perderlo.

Nadie ha dicho que sea demasiado tarde. Pero pienso y pienso, y la verdad, no me lo imagino apareciendo en mi casa para pedirme perdón como dios manda y hacerme cambiar de opinión respecto a él y a lo sucedido.


A veces siento que le extraño, otras que lo odio, y otras, en cambio, siento que lo aprecio tanto que sería incapaz de mentirle acerca de lo que siento y pienso de él. No podría soportar que se atreviera a preguntármelo. Necesito desconectar. No sé. Necesito tomarme un respiro, tener tiempo para mí.

Pensar, reflexionar, y darme la oportunidad de sentirme libre, de sentir que yo soy quien toma las riendas de mi vida, sentir que soy yo quien decide hacia dónde irá mi destino, cómo será y con quienes lo compartiré.

Me sentía ajena al mundo, ajena a la vida, repleta de vida, de fuerza, y a la vez, de dolor.

En busca de un sueño por cumplir.

Este es uno de esos momentos en los que se me hace imposible no pensar, no sentirme mal, pequeña, diminuta, insignificante. Me siento alejada de mi alrededor, de todo lo que me rodea, de todo a lo que pertenezco y de todo lo que formo parte. Siento como si existiera y a la vez nadie pudiera verme, escucharme o simplemente saber de mi existencia. Siento que ni siquiera puedo pensar en cómo sería estar ahora ahí y no aquí, en cómo sería vivir aquí, en vez de ahí, en cómo sería estar siempre con la gente de aquí y no la de ahí, en cómo sería vivir en un lugar en el que el peligro siempre te amenaza, en el que si sales, corres el riesgo de no volver. En el que el simple hecho de salir de tu casa puede implicar tu muerte, tu secuestro, etc. Siento cómo voy haciéndome cada vez más pequeña, cómo voy sintiéndome más y más invisible, como si fuera una figura inerte que nadie es capaz de escuchar, y que solo algunos se toman la molestia de mirar. El mundo se me viene encima. Mis días pasan y pasan sin darme cuenta de que no hago más que soñar con algo que jamás sucederá. Me engaño haciéndome creer que todo estará bien, que encontraré a alguien, que encontraré no a alguien cualquiera, sino a aquella persona que siempre he estado buscando, aquella que me trate como me merezco, que me quiera con locura, y que no espere que sea yo quien le diga que me abrace o que me bese, que lo haga por su propio pie, y que se dé cuenta de cuándo le digo que estoy bien y no lo estoy. No pido que haga nada que yo no haga. Simplemente que me haga sonreír y me haga feliz. Soy feliz con muy poco, pero nunca nadie me ha dado ese pedazo de felicidad que necesito desde hace mucho. Envidio a los personajes de los libros, de las películas, de las series. Ojalá yo tuviera alguien así. Que diera cualquier cosa para verme sonreír. Que hiciera todo lo posible por hacerme feliz ante todo y que dejara a un lado lo que dijeran los demás de mí y se limitara a creer y a confiar en mí. Quiero tener a alguien con el que poder ser yo al 100%. Incluso con el que pueda ser capaz de sacar mi parte tierna, cariñosa, fugaz, picante, sacar mi yo más profundo. No pido un amor como Sam y Grace, pido un amor como Cole y Isabel. No pido tanto. No pido que sepa a cada rato lo que pienso o lo que siento, tan solo pido que no sea mi mitad, sino que sea la persona que me complemente mejor, y que saque lo mejor de mí. No quiero una media naranja, una mitad, o alguien que encaje conmigo a la perfección, quiero tener algo imperfecto para sentir que es perfecto, ya que quiero sentir que para mí es perfecto. No la persona, sino los lazos que hay entre los dos. Yo no me entrego ante cualquiera, yo no muestro mi carácter ante cualquiera, ni siquiera muestro toda mi personalidad a cualquier persona. Me limito a mostrar mi verdadero yo solo con las personas que pienso que realmente lo merecen. Nunca doy para recibir, suelo dar sin importar que no reciba nada. Para mí un “gracias” acompañado de una sonrisa, es algo inmenso, y algo incomparable con el dinero, etc. Una sonrisa jamás podrá ser comprada, por eso tiene tanto valor para mí.

Rumbo a la realidad esperada.

Me siento como fuera de órbita, como invisible y existente a la vez. Ahora que todo ha acabado, me siento incompleta, me esperaba muchísimo más. No de la historia, sino que me esperaba que todo fuera más largo, que pasaran más cosas, pero eso no significa que no me haya encantado esta saga de libros. Es completamente e increíblemente genial y perfecta a su manera. Creo y mejor dicho, sé que esta es la mejor saga de libros que he leído en mi vida. Algún día espero tener una relación con alguien como la de Cole e Isabel. Una relación imperfecta, pero perfecta a su manera. Quería saber más de Cole. Quería saber más de las cosas que podrían pasar entre Cole e Isabel. Quiero algo más. Pensé realmente hace mucho que habría un cuarto libro de la saga, al ver su portada era realmente fascinante. Pero no sé, eso pareció ser algo irreal, no hay ninguna otra parte en la que se diga que hay más. ¿De verdad este es el final de esta historia? Supongo que tendré que refugiarme en otras historias, en otros mundos. En otro mundo imaginario que no sea Mercy Falls. Realmente es increíble que una saga de libros pueda provocarte tantísimas emociones distintas. Sin darme cuenta he cumplido uno de mis principales objetivos al irme de viaje. Leer. Me propuse al menos acabar el libro de Siempre por muy largo que fuera, y así lo he hecho. Ahora me siento algo vacía y a la vez inquieta. No sé, como si realmente esperara a que la escritora escribiera al menos un libro más y esa inquietud desapareciera. No siento pena, sino que siento algo de indignación, me siento molesta por haber esperado que ocurriesen más cosas en realmente tan pocas páginas. Por primera vez en mi vida, 380 páginas no me parecen nada. He leído 166 páginas en un día. Realmente para mí es algo increíble, fascinante, y a la vez casi imposible para alguien como yo. Yo soy de esas personas a las que les gusta esperar si realmente cree que vale la pena la espera. Pero claro, cuando lees libros tan buenos, es imposible no pensar en otra cosa estando sin internet y con el ordenador o aburrida. Y claro, aunque sea de noche ni siquiera piensas en cenar. Porque sientes como si lo que lees te llenara tanto que fuera imposible llenar tu interior de comida por poca que fuera. Sé que echaré de menos algo, y no solo es Mercy Falls, sino que lo que más de menos echaré será a Cole, y a la mucho que nos parecemos ahora que he llegado a cambiar tanto durante todos estos meses. A Isabel por cómo se sentía cuando estaba con Cole, y a la manera en que nos parecemos. Camufla su dolor ante la gente de su alrededor mientras tan solo lo reserva para ella y su interior. Se muestra fuerte, y a la vez débil, como Cole, como yo. Impulsiva, compasiva, luchadora, pensativa y a la vez repentina, esta soy yo. Esta es Isabel, este es Cole. Desde que empecé a leer el libro me encantó la relación de Sam y Grace, la conexión que había entre ambos, la manera en que sabían comunicarse entre si, la manera en cómo se protegían él uno al otro, y en cómo se amaban con locura. En cómo sabían sentir que uno estaba cerca del otro a pesar de estar a miles de kilómetros, o simplemente en mundos distintos. Esta saga me ha hecho darme cuenta de muchísimas cosas, de descubrir cosas nuevas de mí misma, de conocerme mejor, de darme cuenta y descubrir cosas nuevas y eficaces para mi futuro y mi presente. Ahora ya no existe un pasado que me amargue, me torture o me destruya, ya no hay un futuro que me horrorice, al que tema o con el que desee acabar, ya solo existe un presente que quiero y querré seguir viviendo hasta ya no poder más. Lo daré todo por dar lo mejor de mí a quien lo merezca, y por ser simplemente yo tantas veces como me sea posible. No seré ni buena, ni mala, simplemente seré como la gente se merezca. Seré esta nueva yo que ha ido dando paso a la impulsividad, a la seguridad, a la inquietud, a la capacidad de arriesgar sin rendirte, y a luchar siempre ante todo y ante todos. Estos últimos meses he aprendido a ser yo de verdad, en todos los aspectos, he sacado mi yo más profundo, mi yo interior más desgarrador, mi fiera interior, mi carácter, mi naturalidad, mi personalidad, mi ser al exterior, simplemente, he aprendido a ser yo sin importar ni el tiempo, ni el pasado, ni las críticas, ni los insultos, ni los problemas, ni la gente, ni los demás, ni nada en concreto, solo el hecho de que me gusta ser así, me gusta ser yo misma, sentirme segura de mí misma, y sentir que soy capaz de dirigir el rumbo de mi vida, de mi destino, y de tomar mis propias decisiones. Al fin puedo decir esto que tanto estuve deseando, por fin estoy orgullosa de mí misma y de lo que estoy haciendo conmigo misma y con mi vida, por fin estoy haciendo lo que quiero, lo que necesito, y no lo que los demás quieren que haga. Por fin soy yo quien dirige mi vida, y no los demás.


Atacada por la hipocresía de la gente, pero también de la sociedad.

Supongo que debería afectarme más el hecho de que mi propia familia se avergüence de mí. Siento que hacen todo lo posible y lo que está en su mano para alejarme de los demás. En cuanto vienen invitados, familiares, vecinos, conocidos, etc, me piden que me esconda, o mejor dicho, me obligan a quedarme en una habitación, sola, encerrada y perdida en mis pensamientos como en mi propio mundo.

Supongo que el hecho de no llevar pañuelo, de reírme a todas horas, incluso comiendo, afectan mucho al hecho de que se avergüenzan de mí. Eso no viene solo de ahora, sino que eso me viene desde bien pequeña. Siempre comía sola. Incluso cuando vienen mis hermanos o así acabo comiendo sola en la cocina o en mi habitación.

No podía creer que mi propia madre me dijera que me quitara las gafas cuando fuéramos a cenar a la casa de la futura esposa de mi hermano. Fue ayer, pero me parece algo mucho más cercano que lejano.

Supongo que me merezco todo esto. Nada de compasión.

Mi familia siempre ha intentado alejarme de la gente, y esconderme en una habitación o donde fuera que sea.

Ahora que tengo gafas y aparatos, a parte de una frente grande, parece que todavía quieren que cuanta menos gente me vea, mejor. Incluso un primo pequeño, se burló de mi aspecto.

Lo tengo claro, nada de novios. No quiero sufrir más.

Nadie iba a querer estar conmigo, así que esa es la solución más razonable.

He adelgazado muchísimo desde mi llegada aquí, y eso es algo que me preocupa demasiado. ¿Será una señal de que estoy volviendo a recaer? ¿Será una señal de que mi subconsciente estaba haciendo que se me quitaran las ganas de comer para así adelgazar? Yo no quiero ser thinspo. Yo no quiero estar delgada, ya lo estaba, ya lo estoy… Demasiado hueco entre mis piernas. Demasiada delgadez en tan poco tiempo. ¿De verdad es esto lo que quería? ¿De verdad quiero seguir con esto? ¿Quiero verme en los huesos para reírme de mí y destrozarme a mí misma como hacen los demás aunque yo siempre esté fingiendo, aguantando y camufle mi dolor? No sé cuánto debo pesar, pero no entiendo por qué, hay algo que me hace querer pesar 45 al pesarme en la báscula de ahí… Hay algo que hace que quiera seguir adelgazando hasta cansarme… Yo no quiero. Me había vuelto a curar, no puedo volver. Siento que quiero ver ese número en la báscula, siento que quiero ver mi barriga sin grasa. Para esto. Páralo. Aquí no tienes ni médicos buenos, ni nadie que pueda ayudarte a levantarte o dejar que te desahogues con ella/él. No quiero adelgazar más. O mejor dicho, siento que una parte de mí quiere, y otra quiere comer. Eres fuerte, aguanta. Sé que puedes. Sé que puedes…

No dejes que te destruyan.
No lo permitas. 
Tú eres fuerte, muy fuerte.
Eres increíblemente valiente.

No temes al peligro, tan solo temes al hecho de no saber actuar bien frente a él.
Pero no huyes, te enfrentas a él.
La lucha será entre mis demonios y mi propia voluntad. Poder y no querer, o querer y no poder.
Lucharé contra el hecho de comer y de no comer.
Ey, no. Elimina esos pensamientos de tu cabeza.
Puedes llegar a ser una inmensa y grandiosa psicóloga.
Te has superado millones y cientos de veces, y yo sé que lo seguirás haciendo tan bien o incluso mejor que hasta ahora. Puedes con todo, no te rindas.

No mereces ver tu rostro hundido en el dolor, no mereces verte ahogada en un mar de depresión. Tú tomas el control de tu cuerpo, puedes pensar lo que te dé la gana, pero lo importante y lo que no debes hacer es hacer lo que te dictan esos demonios. Volverán a desaparecer en cuanto tú luches contra ellos y no con ellos. Ellos no son tus aliados. Son tus enemigos.

Solo serás tú quien decidirá si luchar o rendirte.

martes, 3 de septiembre de 2013

Perdida en un mar de dudas, de dolor y de un pasado con el que lidiar.

Me encontraba perdida, como en una especie de laberinto. Como si navegara en un mar desconocido, lleno de dudas, de incertidumbre, de peligro. Me sentía repleta de inseguridad que no mostraba ante cualquiera, llena de pensamientos inciertos, de dudas existentes, de miedo aterrador, de temor que solo me hacía pensar y imaginar las cosas más siniestras, más peligrosas, más horribles. Estaba llena de dolor, de sufrimiento, de miedo, de incertidumbre. Pero si algo sabía, es que era valiente, y que por mucho miedo o temor que sintiera, nunca daba marcha atrás. Las piernas me temblaban, toda yo era una caja de secretos sin revelar, de confesiones sin confesar. Estaba entre lo que me destruía, y lo que más temía, la muerte. Dicen que no hay felicidad sin tristeza, al igual que no hay vida sin muerte, y al revés. La vida no es un camino de flores, de alegría y de felicidad. Sino que es un camino con diferentes direcciones que tomar o entre las que elegir, cada camino tiene inconvenientes. Unos tienen espinas, otros están llenos de torturas, otros de dolor, otros te van desgastando hasta destruirte, y en cambio, otros te van quemando por dentro hasta que decides acabar con todo tú misma. Nunca hay un camino fácil, nunca hay una opción buena o una mala, sino que simplemente es esa opción la que hace que nuestra vida sea de una forma u otra. Hay que saber elegir muy bien tu tortura, y sabes preparar a tiempo tu antídoto para el veneno al que estarás expuesta. El tiempo va a contracorriente, o corres tú, o corre él, pero hagas lo que hagas el tiempo nunca va a esperarte. Eres tú quien tiene que hacer que el tiempo pase rápido, o por otra parte, lento.

Terror.

Me encontraba perdida, como en una especie de laberinto. Como si navegara en un mar desconocido, lleno de dudas, de incertidumbre, de peligro. Me sentía repleta de inseguridad que no mostraba ante cualquiera, llena de pensamientos inciertos, de dudas existentes, de miedo aterrador, de temor que solo me hacía pensar y imaginar las cosas más siniestras, más peligrosas, más horribles. Estaba llena de dolor, de sufrimiento, de miedo, de incertidumbre. Pero si algo sabía, es que era valiente, y que por mucho miedo o temor que sintiera, nunca daba marcha atrás. Las piernas me temblaban, toda yo era una caja de secretos sin revelar, de confesiones sin confesar. Estaba entre lo que me destruía, y lo que más temía, la muerte. Dicen que no hay felicidad sin tristeza, al igual que no hay vida sin muerte, y al revés. La vida no es un camino de flores, de alegría y de felicidad. Sino que es un camino con diferentes direcciones que tomar o entre las que elegir, cada camino tiene inconvenientes. Unos tienen espinas, otros están llenos de torturas, otros de dolor, otros te van desgastando hasta destruirte, y en cambio, otros te van quemando por dentro hasta que decides acabar con todo tú misma. Nunca hay un camino fácil, nunca hay una opción buena o una mala, sino que simplemente es esa opción la que hace que nuestra vida sea de una forma u otra. Hay que saber elegir muy bien tu tortura, y sabes preparar a tiempo tu antídoto para el veneno al que estarás expuesta. El tiempo va a contracorriente, o corres tú, o corre él, pero hagas lo que hagas el tiempo nunca va a esperarte. Eres tú quien tiene que hacer que el tiempo pase rápido, o por otra parte, lento.

Susurros sigilosos.

Corre ahora que puedes,
refúgiate en mis brazos.
Búscame,
busca mis labios,
encuéntralos.

Funde tu dolor en ellos,
muérdelos,
saboréalos,
siéntelos.

Siente mi respiración,
siente mis latidos apresurados,
siente cómo me voy quedando sin aire,
como me voy quedando sin mi droga,
como me voy quedando sin ti.

Susúrrame al oído que me quede,
que no me vaya,
que no desaparezca.

Pídeme que te bese,
que te abrace,
pídeme que me quede.

Quiero oír tu voz,
quiero escuchar tu susurro,
acariciar tus mejillas,
besar tus labios.

Quiero abrazarte,
y no soltarte nunca.
Quiero tenerte tan cerca de mí,
que sienta que somos dos cuerpos en uno,
dos almas en una,
dos corazones en uno.

Quiero sentir el latido de tu corazón,
el susurro de tu voz,
la súplica de tu perdón,
quiero oírte decir que me quieres,
y que realmente lo sientas.

El aire que respiro se acaba,
es como si me quedara sin aire,
sin vida,
sin aire que poder respirar.

Como si me asfixiara con mi propia respiración.
Cada vez siento que estás más y más lejos,
siento que te pierdo,
que te vas,
y que no parece que vayas a volver.

Quiero morder tus labios,
acariciarlos,
besarlos,
saborearlos,
y fundir mi mirada en tus ojos.

Quiero ver tu sonrisa reflejada en mi mirada,
quiero ver mi sonrisa junto a la tuya.
Quiero fundirme en tus labios,
como si fueran bolitas de algodón.

Dulces como una piruleta,
y tan suaves como el algodón.
Tan irresistibles como el chocolate,
tan adictivos como la droga.

Quiero acariciar tu piel,
abrazarte hasta sentir que nada va a separarnos,
y rodearte con mis brazos hasta sentirte cerca.

Quiero sentirte tan cerca,
que hasta se me paralice la respiración,
que hasta sienta como si se me paralizara el corazón.
Como si por un momento,
solo estuviéramos tú, yo,
y nada más que eso.
Ese momento en el que te das cuenta de que ya no importa lo que hagas, lo que digas o hacia dónde vayas, ni la ruta, ni la forma, ni el camino, ni siquiera la manera, sino solo la dirección que decides emprender para alcanzar el sueño de todo ser vivo, ser feliz a su manera y sin que nada ni nadie pueda pararlo/a o hundirlo/a. Somos esclavos del silencio, o quizá solo somos marionetas del destino, el cual no maneja ni esta estúpida sociedad, ni siquiera los demás, sino nosotros mismos.

Después de todo somos nosotros los únicos que tomamos las decisiones más importantes y las cosas más críticas. Tomamos las riendas de nuestras vidas, pero lo más importante, no dejamos que nadie las tome por nosotros. Ahí está la verdadera diferencia entre alguien inseguro de si mismo y seguro de si mismo.

La seguridad nunca es algo permanente, sino que a veces es la única manera de engañar a nuestro cerebro para no pasar miedo. Vivimos en un entorno en el que cada dos por tres debemos tomar decisiones para decidir si caer, si levantarnos, si ganar, si perder, si confiar, si desconfiar, si dudar o si ser ingenuos, pero si algo hay que siempre nos beneficia, es el hecho de descubrir cosas maravillosas en cosas normales y corrientes. Puedes creer o no creer, puedes arrepentirte, cabrearte, etc, pero el dolor nunca se siente tan fuerte como cuando has pasado por situaciones similares o casi iguales a las de la otra persona.

No nacimos sabiendo, pero nacimos aprendiendo que lo mejor no es eso que conseguimos sin hacer nada y sin esfuerzo, sino aquello que consigues por tus propios méritos y por tu propio sacrificio.

La vida es como un carrusel, pasa y pasa, y cuando te quieres dar cuenta, ya no estás a tiempo de parar. Puedes gritar, puedes quejarte, puedes suplicar, pero solo el viento podrá escucharte más fuerte que el cielo, más fuerte que el suplicio de vivir con un corazón sin sentimientos. Una persona fría es alguien que aprendió que no debía fingir ningún estado de ánimo para complacer a los demás a pesar de estar quemada/o por dentro. Debemos mostrar nuestras llamas y nuestro dolor, siempre que queramos o deseemos que ese fuego se apague, deberemos soplar muy, pero que muy fuerte para hacer que el fuego se mantenga apagado y fuera de lo que otros puedan decir.

Miedo.

Grita ahora que puedes,
cabalga en la oscura noche.
Chilla, nadie podrá oírte.

El miedo te atrapa,
la lujuria te obsesiona,
el temor te corrompe,
tu corazón se paraliza ante el peligro,
ante la muerte.

Temes morir,
no quieres huir,
pero no sabes qué hacer.

Todo son dudas,
todo te envuelve en el peligro,
en la oscuridad,
en la soledad.

Estás sola, nadie te oirá,
nadie te escucha,
nadie puede verte,
ya solo puedes huir.

Ya no queda esperanza,
ya solo queda dolor,
ya no hay prisa,
ya no hay nada nuevo por descubrir.

Sientes la muerte rozando tus mejillas,
el frío abrazándote siniestramente,
los columpios moverse y grillar al ritmo de la noche.

Distancia.

Mira a tu alrededor, ¿los ves? Ellos no son los que van a estar ahí siempre que lo necesites, lo pidas o simplemente en las buenas y en las malas. Esos son los que vayas donde vayas con ellos te protegerán, esos que siempre que tardes mucho tiempo en aparecer, se preocuparán por ti hasta verte con sus propios ojos. Esa gente que ves, es la que, aunque no lo creas, ni te ayuden en las situaciones difíciles, ya que ellos no saben prácticamente nada de tu vida, son esos que cada vez que saben que te ocurre algo, te preguntan hasta conseguir sonsacarte el inmenso secreto que guardabas en tu interior. Son esos que cuando están contigo y ven que algo va mal, te apoyan o te defienden sin importar nada más. No son los que están a centímetros de ti, metros o kilómetros, sino que simplemente son esos que sin esperar que hagan nada por ti, acuden a ti siempre que les cuentas o que saben qué te ocurre. La distancia nunca es ni ha sido proporcional al hecho de que cuando más cerca esté la otra persona mejor relación o mejores lazos se crearán. La cercanía a veces cansa, y muchas veces, acaba aburriendo. En cambio, el hecho de tener amigos de verdad a kilómetros hace que puedas comprobar tú misma que es posible que se creen lazos ya sean de amistad o de amor cuando la otra persona está a millones o miles de kilómetros de ti.
¿Sabes? No es fácil ver cómo van pasando los años, y como nada cambia. Sigues siendo la misma persona, solo que mil veces más fuerte y valiente. Afrontas cualquier situación o problema aunque eso pueda suponer un riesgo. Dicen que a veces merece la pena arriesgarse por algo que vale la pena conseguir. La vida no es una guerra, no es una competición, ni ninguna carrera, esto simplemente es una batalla, en la que unos mueren porque quieren, y en cambio, otros mueren porque el destino lo quiso así. Hay que recaer para aprender a no derrumbarse por completo ante cualquier adversidad. No hay que temer al hecho de no ser suficiente para alguien. Cada uno es como es, y nadie merece que lo traten como si de mierda se tratara. No es fácil tener que aguantar tantas cosas en tu cabeza cuando en tu exterior tan solo muestras silencio y más silencio acompañado de una risa nerviosa. ¿Ríes porque quieres, o quizá porque no quieres llorar? Te acostumbraste tanto a reír en vez de llorar que acabaste riendo sin darte cuenta de que realmente no querías reír, sino llorar.
Miras al vacío y lo único en lo que puedes pensar es en si de verdad estás haciendo lo que quieres. En si de verdad quieres estar ahí, en este sitio, con esa gente, o con esta. Siento que mi vida gira como un carrusel en un parque de atracciones. Gira y gira, da vueltas sin parar, y sin embargo, me doy cuenta de que no avanzo, de que sigo en el mismo sitio, sin avanzar, tropezando, cayendo, lastimándome, pero jamás huyendo. Cobarde no es aquel que teme a la muerte o siente miedo por algo u alguien, sino alguien que es incapaz de afrontar sus problemas, de afrontar las circunstancias críticas, y de quedarse ante el peligro para afrontarlo y lograr acabar con él.


Incertidumbre.

Ya no sé qué pensar, no está, tengo miedo. No sé qué hacer, ni siquiera qué decir. ¿Estará bien? Quiero que esté bien, deseo realmente que lo esté... Que no le pase nada, por favor. Siento que estoy alejada del mundo, de la vida, de la realidad, de mi familia, de mis amigos, de mi gente, de mi yo interior, siento como si estuviera a millones de kilómetros de cualquier ser vivo. Es como si estuviera en un mundo aparte, en un lugar en el que no eres capaz de sentir nada cerca de ti, en el que ves, oyes y escuchas cosas que ni siquiera sientes que están ahí realmente. Sientes la soledad, el frío de la noche, el aire mover tu pelo y acariciar tus mejillas, sientes tus labios secarse, en busca de algo nuevo que contar. No sabes qué haces, no sabes qué estás haciendo, no sabes qué harás. Todo es un mar de dudas y de temor. Temes a que los demás te hagan más daño del que ya te hicieron. Temes a la muerte, al peligro, te gusta arriesgarte cuando crees que de verdad vale la pena, pero sientes que nada es suficiente, que todo corre a tu alrededor, que ya nada puede pararte, que todo corre a tu pesar, a tu conciencia. Ya no sabes qué hacer. Sientes el frío, sientes que estás sola, alejada del mundo, lejos de todo. Te sientes como si estuvieras en una nube. Todo da vueltas a tu alrededor, todo gira con fuerza hacia el horizonte, todo se mueve y nada parece esperarte. El tiempo va a contra corriente, en dirección a un lugar desconocido, incierto, como el mismo futuro. Ya nada parece tener sentido, ya nada parece ser lo mismo. Ellas ya no están. Él ya no está. Y él parece quererse ir. No sé qué haré sin él en casa. Lo veré, sí. Pero ya nada volverá a ser lo mismo. No puedo mentirme diciéndome que nada va a cambiar. Mi día a día ya no será el mismo. Ya nadie podrá estar de acuerdo conmigo ni que sea por una vez, siento que nada va a mi favor, que todo está en contra mía, como si de verdad todo lo malo me ocurriera a mí. Si tan solo pudiera tener una sola persona fuera donde fuera que me abrazara de todo corazón siempre que lo necesitara… Siento que nunca encontraré a esa persona, nadie va a quererme tal y como soy. Ellos solo quieren marionetas que manejar y sobre las que mandar. Yo no soy ninguna marioneta ni ningún juguete con el que poder jugar. Sabes que nadie puede pararte si tú no lo permites, sabes que puedes ser más fuerte que el fuego, y más resistente que el viento. No busques palabras necias, no busques palabras sin sentido, tan solo busca una sola palabra que esconda miles de secretos en tu interior. Yo diría estas: Dolor, soledad, temor, miedo, tristeza, sufrimiento, rabia, ira, arrepentimiento, preocupación. No debo temer, debo estar tranquila, debo perder el miedo, debo ser fuerte, soy fuerte, soy valiente, y soy una persona sensata, que a pesar de que no siempre se sienta segura, sabe encontrar la manera correcta para sentirse segura sin perjudicar a nadie. Somos fuertes, sabemos qué hacemos, sabemos de dónde venimos, y lo único que nos queda por decidir, es hacia dónde queremos ir. La vida toma el camino y la dirección que queremos, pero el tiempo nunca va a nuestro favor. El tiempo pasa demasiado rápido para los que saben aprovecharlo, y demasiado lento para los que no dejan de desaprovecharlo. Ya sé hacia dónde iré, hacia el camino que me lleva a la felicidad, pero no solo a la mía, sino también a la de mis seres queridos. Yo no puedo ser feliz si ellos no lo son, por eso haré que ellos lo sean, y así yo también podré serlo. La felicidad es un sentimiento que perdura tanto tiempo como has empleado en él. Si tú lo has dado todo para serlo, y realmente te mereces serlo, lo acabarás siendo, tan solo hace falta tiempo, esfuerzo y fuerza de voluntad, nada más. Me siento segura. No lloraré. Soy fuerte, sé que está bien, y sé que lo seguirá estando. Sabe cuidar de si mismo. Sé que estarán bien. Tienen que estarlo. Y yo confío en que lo están y lo estarán.

Dolor invisible.

Estoy de aguantar sus provocaciones, de aguantar sus rabietas, sus enfados, de tener que aguantar que me haga sentir todavía más culpable por no poder elegir la vida que quiero tener y cómo o de qué manera quiero que sea. Estoy harta de vivir atada a mi familia. Necesito que alguien me saque de este agujero. Siento que todos llegarán a tener pareja menos yo. Siento que soy un cero a la izquierda. Que ni siquiera siendo delgada y estudiosa voy a llegar a ser alguien para los demás. Siento que mi familia se avergüenza de mí. ¿Y qué decir de mis “amigas”? Ellas siempre están tan felices y alegres, y sin embargo no tienen el mejor físico, al igual que yo, pero siempre siento que muchos intentan hacer que te sientas inferior a los demás con sus comentarios, acciones, etc. Estoy harta de fingir, de aguantar, de tener que soportar tanta carga día a día. De tener que ser yo a escondidas porque ni salgo ni me quieren sacar de mi pequeña prisión. Quiero ser libre, y a la vez tener a alguien que aunque sepa protegerme sola, me protegiera. En todo este tiempo he cambiado tantísimo que dejé de ser una mosquita muerta para ser una chica impulsiva, que se defiende, o que muchas veces actúa con indiferencia. Pero lo que no sabía antes, es que aquí y mi propia familia, quieren que sea una mosquita muerta. No se dan cuenta de que lo que más les gusta es tranquilidad, paz, saber estar, respeto, educación, sensatez, etc. Cuando ellos lo único que dan son gritos, chillidos, rabietas, enfados, desgracias, provocaciones, faltas de respeto, etc. Estoy harta. Ya no sé cómo sentirme. Soy medio fría y medio impulsiva. No sé qué hacer. Ya no sé qué hacer con mi futuro, porque ni siquiera sé qué hacer con mi presente. Vivo en un continuo: “-¿Cómo estás? –Bien. (Sonríe).” Cuando por dentro estoy quemada, estoy destrozada, estoy hundida, estoy ardiendo. Siento que nadie es capaz de ver las llamas que arden en mi interior, siento que mi familia no me entiende, no intenta comprender por qué hago lo que hago, no intentan ser unos padres o unos hermanos normales. Quiero ahogarme en mi dolor, en mis lágrimas. No quiero volver, pero tampoco quedarme.  Aquí estoy alejada de ellos, no podrán ayudarme, escucharme o hacer que me sienta querida. Necesito un puto abrazo, y lo peor es que nadie puede dármelo. Ni estando aquí, ni ahí. Nadie va a darme un puto abrazo de corazón. Porque las personas que me lo darían están a miles de kilómetros de mí. Estoy harta de ver cómo voy volviéndome de piedra, cómo voy perdiendo mi saber estar, mi tranquilidad, mi plenitud, etc. Estoy harta de ver cómo voy cambiando mientras mi alrededor parece que no cambiará jamás. 

Cuestión de vida o muerte.

Es curioso el hecho de que siempre haya algo que nos proteja o nos salve de la muerte.
¿Cuantísimas veces hemos estado al borde de la muerte, y por alguna extraña razón siempre hay algo que nos mantiene vivos, fuertes o unidos? Siempre hay algo que hace que sobre vivamos a los golpes que nos da la vida, a los problemas y a cualquier adversidad que se anteponga entre nosotros.

Es extraño el hecho de que a veces lleguemos a estar tan y tan cerca de la muerte y a la vez tan lejos de la misma. Siempre hay algo que nos mantiene atados a la vida, pero a la misma vez, cerca de la muerte. La vida forma parte de un círculo que gira entorno la realidad, los sueños, y la felicidad, que se basa en un equilibrio de la realidad y de los sueños.

lunes, 2 de septiembre de 2013

¿Una lucha perdida, o quizá una lucha que ganar?

No se trata de jugar,
de apostar,
o de remplazar.

Sino de saber apostar,
de saber valorar,
de saber apreciar.

De saber diferenciar el mal y el bien,
de saber distinguir la vida de la muerte,
vivir de morir,
de saber que no todo es blanco o negro,
que también es gris.

¿Sabes? No hay nada que pueda paralizarte.
Pero no debes permitir que te paren,
Debes mantenerte firme,
ser fuerte.

Tú eliges si parar,
si seguir,
si rendirte,
si luchar.

miércoles, 31 de julio de 2013

Sombras al anochecer.

¿Sabes ese momento en el que dudas de tu existencia? ¿En el que sientes que estás muerta a pesar de seguir respirando? Pues así me sentía. Era como si estuviera en un sueño, como si nada de todo eso estuviera ocurriendo, me encontraba asomada al balcón, en busca de algo nuevo que captar con mi cámara de fotos, de algo que recordar, de algo que temer, o quizá, de algo por descubrir. Era de noche, algo que me encantaba, la fría brisa del anochecer, las cálidas y reconfortantes luces de los faroles de la calle, las estrellas al mirar al cielo, ese fuerte y a la vez potente azul marino que recorría todo el cielo y recubría incluso el temor, el peligro y el miedo de la oscura y fría noche. Me sentía como al borde de un precipicio, contemplando el horror, el miedo, el peligro desde mi balcón, contemplando algo que estaba más cerca de lo que yo quise creer. Capturé con mi cámara tantas fotografías como pude de aquel hermoso y a la vez siniestro paisaje. Es curioso cómo a veces el miedo nos paraliza, y en cambio, cuando estamos en peligro, es nuestra única arma para ser más fuertes, para ser valientes, para afrontar lo que venga sin importar lo que sea. Sin saberlo, esa noche sería algo más especial que todas las demás, saborearía algo irrepetible, algo devastador, pero ni siquiera yo era consciente de ello. Me dispuse a bajar a la calle, a pesar de que fuera de noche, era algo que me gustaba hacer de vez en cuando para contemplar de más cerca esas magníficas vistas. Quise creer que era temprano, pero en realidad ya era pasada medianoche. Mientras bajaba de mi bloque, me dispuse a recorrer mi mente de pensamientos que muchas veces perturbaron mi sueño o hasta me hicieron dudar ante preguntas de la gente. Siempre dicen que el 13 es un número de la mala suerte, pero nunca acabo de entender por qué, es como si por un número de cosas mal hechas, otras mismas buenas dejaran de ocurrirte por tu mala bondad y por tu escasa capacidad de hacer el bien antes que el mal. De golpe me dí cuenta de que había recorrido bastante camino, había dejado mi casa bastante lejos de ahí, me encontraba en un lugar desconocido, un parque al que nunca antes había ido. Sorprendida y a la vez curiosa, me dispuse a captar imágenes de aquellas hermosas figuras, sabía que merecía la pena. Fotografié la magnífica sombra de aquel gigante tobogán, la sombra curiosa de los caballitos, y por último, la sombra siniestra de los columpios. Espera. Un momento... En esa fotografía había algo extraño, la sombra del columpio era realmente siniestra, horrorosa a su vez y a la vez interesante, extraña y original. Contemplé detenidamente aquella imagen, y por sorpresa mía, no estaba sola. Esa sombra significaba algo. Esa silueta extraña como si de verdad estuviera montada en el columpio... Al acto de darme cuenta de lo ocurrido, dejé de mirar la cámara, contemplé el columpio y empecé a dar pasos grandes pero sigilosos y lentos hacia atrás. Con cuidado de no chocarme con nada, excepto por desgracia mía, con aquello con lo que es imposible no chocarte, con algo que puedes tocar sin ni siquiera saberlo, con algo que puedes sentir sin ni siquiera verlo, con algo que puedes temer sin ni siquiera mirarlo a los ojos. En ese momento, lo supe. Entendí por qué el 13, porque tenía 13 años, cada año había llevado muchos problemas a mis padres, compañeros o incluso a simples conocidos, no pretendía hacerle daño a nadie, pero no me dí cuenta, solo era una niña. Una niña con un corazón malvado, pero eso es algo que no puedo controlar, yo les ayudo siempre, y me lo agradecen, a pesar de que la cague, siempre lo arreglo todo, no podía ser mi número. Pero me equivoqué... Ese era mi número, de repente miré hacia el columpio, contemplé su siniestra sombra, y entendí por qué yo, por qué en ese momento, había dibujado un 13 en el suelo. Y en la foto no aparecía ningún número... Tragué saliva, cerré los ojos y recé para que ese número desapareciera, tanto del suelo, como de mi cabeza. Pero por sorpresa mía, eso no ocurrió. Ahí estaba, seguía estando ahí. Sobresaltada levanté la cabeza, y ahí la tenía, a la figura, la figura de un niño muerto, no le veía los pies, era como una capa de espesa boira con la forma de un niño y de su cara... Sin darme cuenta, no pude hacer nada más que mirar la hora en la cámara, y en verlo, sentí como si me clavaran una punzada en el pecho, y en se momento, lo entendí todo. Era mi hora, las 00:13. Cerré los ojos, y mientras alzaba la cabeza, respiré hondo, volví a tragar saliva, y los abrí. Ese era mi destino, mi realidad, mi castigo, desaparecer. Miré a la silueta del niño, y ví cómo me sonrío siniestramente. Se acercó a mí, con la mano me hizo un gesto para que me agachara, y así lo hice. Por sorpresa mía, me abrazó, pero no con la intención que yo creía. Entonces nos miramos, me volvió a sonreír, volvió a abrazarme, y esta vez, dejó que mi destino acabara de la mejor forma posible, con una sonrisa y con un cálido abrazo a pesar de yo estar envuelta en lágrimas de dolor y resentimiento, justo en ese momento, me clavó un cuchillo alrededor del pecho, y justo en ese momento, ví cómo todo se desvanecía, cómo todo daba vueltas a mi alrededor, cómo todo se volvía borroso, caí al suelo y sonreí. En ese instante noté cómo desaparecía junto con aquello que me había traído a la vida y al mismo tiempo me la había arrebatado, con el número 13.

No buscamos una meta, un destino, un camino o un sueño, buscamos una REALIDAD.

Pienso que siempre hay algo que nos conduce a cometer un error, a elegir cierta opción o cierta decisión. Siempre hay algo que conlleva un riesgo, pero es nuestra elección arriesgar, apostar o simplemente esperar.
Es curioso ver cómo nada cambia en el presente, pero cómo han cambiado las cosas del pasado al presente. En tan solo unos años, unos meses, tu vida y tu mundo se han convertido en algo distinto al pasado, al mismo tiempo que tú te has convertido en una pieza renovada, pero esta vez, todavía más fuerte.
Sientes cómo el miedo corroe por tus venas, cómo tragas saliva precipitadamente, cómo se te acelera el corazón, cómo te empiezan a tiritar las piernas, y sobretodo, cómo empiezas a sentir el miedo en tu interior. Estás ante algo nuevo, algo distinto, desconocido. Pero ya lo tienes claro, ya basta de correr, de huir, llegó la hora de afrontar, de darlo todo por eso en lo que crees, llegó la hora de disfrutar, de ser feliz, pero sobretodo, de VIVIR.


martes, 30 de julio de 2013

En busca de un sueño, una realidad.

Vago por el mundo buscando algo más que sonrisas,
algo con lo que mantenernos con vida,
algo más que mentiras,
algo más que torturas pintadas de alegrías.

Viajo en busca de felicidad,
de carcajadas llenas de piedad,
disipadas por la vida,
disipadas por el tiempo de un camino sin salida.

Siento que cada vez hay más escasez,
escasez de sensatez,
de sinceridad,
de solidaridad.

Falta de sentimientos,
de fundamentos,
de respeto,
de tolerancia,
de incredulidad.

Formamos parte de un mundo sin rumbo,
de un destino sin final,
de una historia sin argumento,
de un camino de dificultad.

Quieres huir del mundo,
sin darte cuenta de que el mundo pretende huir de ti.
Pretendes esconder la ira, el dolor,
la impotencia, pero solo eres capaz de fingir.

De fingir algo que no es cierto, una sonrisa,
de esconder una realidad, lágrimas,
y de camuflar tu dolor en un océano de dudas.

En un océano de temor,
lleno de problemáticas,
llevadas a cabo por el paso del tiempo.

Que a su vez intenta sucumbir a la vida,
a la esperanza, a la ilusión.
Pretende robarte eso que tanto quisiste,
eso que tanto esperaste, felicidad.

Somos esclavos de las agujas del reloj,
viajamos por el tiempo en busca de recuerdos,
en busca de momentos que revivir.

lunes, 29 de julio de 2013

Insomnio.

Me encontraba tumbada en mi cama, sin poder dormir, había algo que me impedía hacerlo, pero no sabía del cierto qué era. Era como si alguna cosa por invisible que fuera a los ojos perturbara mi sueño, y a la vez, me incitara a sentir miedo. Era como si sintiera que algún ser del más allá quisiera mandarme un mensaje, como si de verdad estuviera en mitad del cielo y del infierno, como si me encontrara en la separación de ambos lados, para irme a uno de ellos y no volver jamás. Se me hacía extraño el sentir que se me escapaba la vida por segundos, como si de algún modo, no pudiera controlar el hecho de seguir con vida. Como si de verdad hubiera algo que me impidiera sentir que algún suceso extraño ocurriría. Dejé a un lado mis penurias, y me dispuse a intentar conciliar el sueño aunque mi mente siguiera vagando por la oscuridad y el eterno misterio que conllevaría esa noche. Logré dormir aproximadamente una hora, pero en ese momento sentí algo extraño en mi interior, algo me había despertado, y sabía que ese algo no era yo. Decidida me levanté de la cama, y miré el reloj, eran las 00:00. Esa hora en la que todas las historias de miedo, las leyendas, y los clásicos de terror, aprovechaban para escampar el sentimiento de la muerte, y al mismo tiempo, el sentimiento de miedo en nuestros cuerpos. Sentí como se me erizaba la piel, la ventana estaba entre abierta, y olvidé abrir la cortina para no pasar calor, ya que en aquel entonces, era verano. Me dispuse a correr la cortina para que así dejara entrar el aire y no hubiera manera de pasar calor. Pero entonces, algo extraño sucedió. Mire boquiabierta hacia la ventana, perpleja, como si de verdad hubiera visto algo irreal a la lógica y real a los ojos y a la vista. Asombrada cerré los ojos un segundo y volví a abrirlos. Ya no estaba. Había desaparecido como por arte de magia. No podía creerlo, opté por pensar que el insomnio me había hecho tener alucinaciones, y que debía volver a dormir, pero en cuanto acabé de correr la cortina, volví a ver esa figura, era la misma, la misma que acababa de ver hace apenas un momento. No podía ser, se había movido, ya no estaba en la carretera, estaba al lado de la señal de tráfico, y esta vez, por increíble que parezca, me sonrío. En ese momento sentí como si mi corazón se hubiera paralizado, me quedé inmóvil por unos segundos, hasta que conseguí apartarme unos centímetros de la ventana. Al mirar otra vez hacia la ventana, esta vez muy alejada, casi tocando la pared, volví a ver la figura, pero esta vez ya no sonreía, estaba enfrente de la barandilla, apenas a unos centímetros de mi ventana. Sentí como si en ese momento estuviera muerta, pero lo peor fue que al darme cuenta, la figura había desaparecido. Era una chica con un vestido blanco, los ojos muy oscurecidos, una sonrisa siniestra y el pelo largo, oscuro también, como la misma noche. Y justo en ese momento, pude verla, era ella, la figura de la chica. Vi su reflejo reflejado en la ventana, mi cuerpo se estremeció, sentí más miedo del que nunca pude llegar a sentir, tragué saliva, y mucho a mi pesar, me giré, y..ahí estaba. Me volvió a dedicar una de sus sonrisas siniestras, y esta vez sentí realmente cómo se me paraba el corazón, cómo iba llenando el suelo de sangre y cómo iba sintiendo ese dolor en mi interior, me había apuñalado.

jueves, 25 de julio de 2013

Al mando de mi propia destrucción. Capítulo 5.

Sentía que era una puta molestia para todos. Ni siquiera los profesores se daban cuenta de lo que me pasaba. Aprovechaban las horas del recreo para atacarme, pegarme, insultarme e incluso empujarme o humillarme. Para ellos el simple puto hecho de que yo existiera, era un puto horror, una puta desgracia. En realidad cuando era pequeña nunca fingí estar feliz delante de ellos, solo fingí que no me importaba. Siempre fingía. Mi puta infancia se basaba en fingir día tras día algo irreal. Mi vida se basaba en hacerles creer a los demás que mi vida era una más. Pero en realidad, cada puto día, al llegar del colegio, corría al lavabo, incluso antes de comer. Luego volvía al comedor y solo me limitaba a ver la pantalla de la televisión mientras comía, aguantando mis inmensas lágrimas. Y cuando me preguntaban tenía miedo de hacer esa voz tan vulnerable que nos sale cuando lloramos y hacemos lo posible por no hacerlo. Al comer, que casi ni me molestaba en comer, muchas veces ni comía. Me iba a mi cuarto, cerraba la puerta, y me recordaba lo horrible que era. Realmente hay cosas que no se las deseo a nadie, y una de esas cosas, es tener la infancia que yo tuve. Mientras unos jugaban felices yo deseaba morirme. Cada día era peor, las críticas aumentaban, y mi dolor y mi odio también. Sentía que no podía hacer nada, ni siquiera defenderme, era una niña indefensa, que vivía en una mentira. Si me enfrentaba a ellos, las consecuencias podían ser demasiado peligrosas y perjudiciales. No quería hacerle daño a nadie, excepto a mí. Llegué a sentir que necesitaba hacerme daño, pero nunca me atreví ni siquiera a intentarlo. Era una puta niña, ni siquiera sabía qué era eso de auto-lesionarse, anorexia, etc o así. Si al menos en mi casa todo hubiera sido distinto, diferente... Cada puto día mi familia me demostraba aún más odio que cualquier niño/a o compañero/a del colegio o de clase. Lo peor de todo es que mi hermana mediana también iba a ese colegio, ella iba a sexto curso, y yo fui creciendo en mi pequeño y a la vez inmenso infierno. Mi padre me pegaba, pero no solo a mí, cada puto día discutía con mis padres. Pero sobretodo con él. No sé si alguna vez llegó a pegar a mi madre, pero pegaba cada noche a mi hermana mayor. Imaginar el puto infierno en el que vivía... Que una puta niña de menos de 9 años vea tal tortura es algo inhumano. Empecé a temer a mi padre, pero el amor y el aprecio que puedes llegar a sentir por alguien a veces es incluso más grande que tu dolor. Siempre veía cómo la pegaba de reojo o a escondidas, con un puto cinturón, o con sus propias manos... Cuando mis hermanos o mi hermana se enteraban de que les estaba viendo, aterrorizada y muerta de odio y de miedo, intentaba pedirles "piedad", que hicieran algo, pero todos hacían oídos sordos a mis palabras, a mis gritos. Me agarraban fuera para que no me metiera en medio. Y hacía que me soltaran a la fuerza y corría hacia mi cuarto, daba un portazo, y no dejaba que nadie entrara. Cuando dejaban de molestarme me escondía de tal manera que incluso si habrían la puerta, no me verían, ya que estaba escondida en el sitio en el que la puerta me tapaba y yo me estremecía para que no me vieran o me encontraran ahí. Incluso callaba mis lágrimas, cerrando los ojos tan fuere como podía y tapándome la boca para que no se escuchara ningún ruido. Entonces miraba por un hueco que me dejaba ver la puerta si se habían ido. Cuando lo habían hecho, solo sentía que quería estar en el lugar de mi hermana mayor, y sentir todo eso yo en vez de ella. Quería sentir ese dolor por ella. Lloraba de impotencia, de no poder ir ahí y sacarle de encima a mi padre que no dejaba de hacerle daño, tanto por fuera, como por dentro. Y todo por ser sincera. Años después, acabé siendo yo la que era amenazada por sus golpes y su alta agresividad y falta de control. Me enfrentaba a él, y le era sincera, no dejaba llevarme por mi miedo. Cuando me amenazaba, le soltaba algo gritando y me iba. Muchísimas veces acababa llorando, pero sentía que valía la pena que me amenazara solo para hacerle sentir un poco del dolor que nos hacía sentir a todos. Muchas veces me escondía, corría por todas partes, huyendo de él, e incluso llegaba a hacer esa risa nerviosa para que no te de un puto ataque en el corazón. Un día estuve a punto de llamar a la policía, pero si no lo hice a pesar de que llegara a marcar el número, fue porque tenía miedo de perderles, una parte de mi les odiaba a más no poder, pero una parte todavía más grande, les quería y apreciaba demasiado. No podía permitir que me alejaran de ellos. Y por eso opté por defenderme sin que nadie me defendiera. Incluso muchas veces llegué a defender a mis hermanas o a mi madre. Mis hermanos siempre han sido algo imbéciles, y todo por culpa de mi padre. Uno de mis hermanos, el mediano algunas veces llegó a pegarme, y mi hermana mediana también, aunque obviamente no hablamos de los mismos golpes. Hablamos de golpes de hermanos menos dolorosos. y si os soy sincera, yo nunca le temí hasta el punto de que dejara que me pegara sin poder hacer nada. Me defendía tanto como podía. O le pegaba yo también aunque él tuviera el doble de fuerza, o no dejaba que él lo hiciera. Obviamente algunas veces no pude hacer nada y acabé siendo golpeada. Pero para mí no era nada el dolor externo con el dolor interno que sentía. Mi vida era un infierno, y incluso mi familia y todas las personas que conocía se habían convertido en todo lo que siempre odié, en completos monstruos sin escrúpulos.

Al mando de mi propia destrucción. Capítulo 4.

Siempre sentí que yo era el "bicho raro" para todos. Incluso para mi propia familia. En la escuela era como el "patito feo". No porque mi físico fuera el peor de todos, sino porque ellos hicieron que yo llegara a sentir y a creer que era todavía peor. Mientras ellos corrían felices, libres, alegres, sonrientes, yo les observaba sentada en los banquillos, y contemplando desde un lugar más lejos del que me encontraba, mi infierno el inmenso sueño que significaba para mí poder hacer y sentir lo mismo que ellos. Realmente admiraba que pudieran no preocuparse por nada en absoluto excepto por jugar, gritar, llorar o enfadarse y al segundo perdonarse. Yo nunca sabría qué era sentirse feliz y libre, estaba encarcelada en una prisión de dolor que no dejaba de arder en mi interior. Estuve durante años y años, sola, sin nadie. Sin el apoyo o la ayuda de una sola puta persona. Desde que empecé a tener uso de la razón, me empezaron a hacer bullying. Todos los días era la misma historia, la misma mentira, la misma tortura. Volvía a casa sin ganas de nada, siempre y en todo momento, como en la escuela, aguantando mis lágrimas, mi rencor y mi dolor hasta llegada la noche. Cuando mis hermanos o mis padres me preguntaban que qué tal me había ido en el colegio siempre les decía la misma mentira: "Muy bien." "Bien", etc. Nunca les decía la verdad. Unos días les hacía creer que me había ido todo genial, y otros me limitaba a asentir y a irme corriendo hasta mi habitación. Sentía que ni siquiera mi propia habitación era un refugio seguro para mí. Por desgracia, el único sitio en el que podía desahogarme siempre que lo necesitaba, era el cuarto de baño. Era entrar con prisas, poner el pestillo, caerme "muerta" al suelo apoyando mi espalda a la puerta y romper a llorar. Tan solo era una niña. Una puta niña. Nunca debí haber pasado por tantas mierdas. Sentía que cada día era como una droga que va matándote cada día más y más hasta el punto de cegarte y hacerte creer que tú eres el veneno, y sin darte cuenta de que tú misma también eres el antídoto. Al llegar del colegio lo único que podía hacer era intentar hacer lo posible para que mi mente retrocediera y para hacerme creer que nada de todo eso había ocurrido realmente. Realmente era como si estuviera muerta de verdad. No era una niña normal, tan solo era alguien que intentaba encajar en alguna parte, ni que fuera que un puto niño o niña deseará por un puto segundo jugar o hablar conmigo.

Al mando de mi propia destrucción. Capítulo 3.

Necesito saber y sentir que soy alguien. Necesito no sentir que quiero ser una copia de los demás o de lo que esta estúpida sociedad pretende y quiere que sea, quiero ser alguien de verdad, QUIERO SER YO MISMA, NADIE MÁS. Quiero dejar de sentir que si no intento fingir ser alguien que no soy no agrado ni complazco a nadie, quiero dejar de sentir que ellos pueden conmigo, quiero dejar de sentir que mi cabeza y mis demonios tienen razón. Quiero ser alguien más que una copia, una más o simplemente alguien parecida a otros, porque lo único que quiero y que siempre he deseado, es ser yo misma y sentir que me gusto, que me admiro a mí misma por ser tan fuerte siempre. Por anteponer la felicidad de cualquiera, incluso de un/a completo/a desconocida a la mía propia. Quiero ser quien siempre deseé. Quiero dejar de ser una sombra para todos, de ser alguien invisible, de ser alguien con quien nadie cuenta. QUIERO DEJAR DE SENTIR QUE NO SOY NADA, QUE SOY DESPRECIABLE, QUIERO SENTIR QUE SOY REAL, QUE ESTOY VIVA, Y QUE A PESAR DE QUE RESPIRE Y ME SIENTA MUERTA, ESTOY VIVA. Quiero sentir que nadie podrá pararme, que nada ni nadie podrá hacer que pare la lucha contra mis demonios. Lucho día a día contra mi cabeza. Mi corazón dice una cosa, mi cabeza otra, y yo otra cosa completamente distinta a las demás. Quiero hacer que me respeten, pero antes de nada, QUIERO RESPETARME A MÍ MISMA. No quiero dejar que nadie más me pise, no quiero dejar que nadie más me torture, me manipule, me extorsione, me mienta, me haga daño, me engañe, quiero sentir que soy fuerte, y sobretodo, QUIERO CREER QUE LO SOY. Estoy harta de mirarme al espejo y sentir que no soy nadie. Estoy harta de ver cómo todos a mi alrededor parecen felices y alegres, y de ver cómo creen que yo soy una más, siendo feliz, cuando por dentro estoy completamente muerta y ardiendo en llamas de dolor. Quiero dejar de sufrir por cosas que no merezco. Quiero sentir que no me importa lo que la gente pueda pensar o no de mí. Mi pasado no fue el mejor, lo sé, pero no quiero que mi presente siga siendo todavía peor. No quiero volver a sentir semejante tortura a la de ahora ni a la de cuando era pequeña. Todavía recuerdo esos días sentada en el patio del colegio, comiendo mi almuerzo mientras todos los niños jugaban y corrían sin parar, felices, irradiados de felicidad, como si sus días fueran completas cruces de felicidad y alegría.

Al mando de mi propia destrucción. Capítulo 2.

Ese momento en el que sientes que hagas lo que hagas va a estar mal, en el que sientes que cualquier esfuerzo va a ser en vano, en el que ni siquiera una estúpida canción, serie o libro favorito consigue hacerte sonreír. En el que te encuentras sola. Perdida. Como si realmente no pertenecieras a ese lugar, como si fueras una pieza que no encaja en ningún puzzle, que no encaja en ninguna parte. Ese dichoso momento en el que sientes ese vacío tan inmenso y a la vez tan profundo que te hace estremecer, que hace que sientas que ni siquiera el hecho de que un solo ser el en el mundo se preocupara por ti, haría que ese vacío desapareciese. Ese instante en el que te das cuenta de que eres una gota de agua en un mar de peces que tan solo piensan en devorar, comer, matar, respirar, mientras tú tan solo te limitas a observar. Eres una pieza sin control, sin lugar a duda eres ese alguien invisible para todos. Ese pedazo de tierra que no es capaz de llenar ni un solo hueco de aquello que todos deseamos, felicidad. Soy un grano de arena en un lugar lleno de montañas de arena, de logros, de felicidad, de propósitos, de metas, de sonrisas sinceras, de carcajadas reales, simplemente, soy ese alguien que no encaja en ninguna parte.
A veces llegas a un punto de tu vida en que ya no importa qué suceda, quién aparezca, quién te insulte, quién te critique, quién te golpee o quién te humille o te hunda. ¿Por qué? Es más sencillo de lo que parece. Porque tu vida seguirá siendo igual de mierda. Nadie acudirá a salvarte. Nadie te tenderá su mano, nadie te creerá, nadie intentará ayudarte, nadie intentará entenderte, nadie hará nada para salvarte de tu tortura, de tu infierno, de ti misma. Sientes que si te vieras con suficientes cojones, tú misma te harías desaparecer antes de alguien lo pudiera hacer por ti. Ojalá todo fuera distinto. Ojalá alguien me entendiera. Siento que ni siquiera mi propia sombra me pertenece. Que ni siquiera mi propio corazón se guía por lo que yo quiero o merezco, sino por lo que más detesto. Todo esto se basa en algo más que un simple conjunto de miles de problemas. Es algo más que todo eso. Esto no es ningún juego, ninguna guerra, es una batalla, una lucha contra mí misma. Pero nadie se para a entenderme. Se limitan a cree mi "estoy bien". Se limitan a creer mis sonrisas, mis carcajadas a lo loco cuando creo que por un momento lo olvido todo, pero luego vuelve. Cada noche, cada puto día deseo que este sea el último, que no haya más días, más tortura, más dolor, más sufrimiento. Esos recuerdos del pasado me han mantenido siempre en una burbuja de la que nadie quiso hacerme salir. Y cuando por fin lo consiguieron, este año volví a recaer. No es fácil ver cómo huyen de ti, cómo sientes que ni siquiera tus remotas y escasas cualidades le gustan a alguien. No es fácil ver cómo alguien a quien amas te desprecia, te maltrata. No es fácil recordar todos esos nombres, todas esas personas, todo ese dolor. Miras al reloj, y no ves el tiempo, tan solo ves números. Mi vida está llena de números. Mi felicidad se basa en unos putos números. Mis notas, la báscula, mi altura, mi peso, mis medidas, mis horrores, todo se mide con números. Detesto los números. No por el hecho de que ellos hayan sido gran parte de mi dolor, sino porque esos números me recuerdan cada puto día que soy alguien que no se reconoce. Todo esto se remonta en el pasado. Esto es algo más que un puto circo en el que experimentan con animales. Esto es más que un puto club de chistes para reírse de cualquiera. Esto es más que una simple tortura. Es más que un puto infierno. Es mi propia destrucción, mi veneno, mi adrenalina, mi debilidad, mi deseo, mi necesidad, ser alguien. No para ellos, sino para mí.

Al mando de mi propia destrucción. Capítulo 1.

Yo, una chica más, en un mundo en el que cualquier ser humano parece ser despreciable si así lo declara esta injusta realidad, acompañada de esta amarga y horrible sociedad. ¿Quién querría estar con alguien como yo? ¿Quién querría pasar un solo puto momento conmigo? ¿Quién desearía tener a una amiga, una novia, una hija o una hermana como yo? Nadie.
¿Sabes ese momento en que crees que tu existencia es invisible incluso para ti misma? Te miras al espejo y te ves realmente invisible, repleta de sensaciones aterradoras, de odio, de rencor hacia ti misma. Sientes que cada parte de tu cuerpo esconde miles de sentimientos y emociones que desearías sacar a la luz, hacer desaparecer, deshacerte de ellas, sacarlas de tu interior, quemarlas, romperlas, simplemente eliminarlas. Pero no puedes. Todo se queda en el intento. Quieres acabar con todo. Contigo, con tu vida, con tu dolor, con tu sufrimiento, con ese odio, con esos demonios, con esas voces, con todo lo que está en tu cabeza. Con los sentimientos que siente tu corazón, desearías no tenerlo, ser de hielo, de piedra, vivir sin corazón, sin dolor, sin sufrir, sin lamentar, sin odiar, sin querer, sin decepciones, mentiras, engaños, sin nada que pueda arrebatarte tu propia dignidad, tus ganas de vivir, tus fuerzas, tus esperanzas, tu ilusión, tu corazón.
Sientes que cada minuto que pasa es una tortura más, que nada volverá a ser lo mismo, que todo es oscuro, que todo es una tortura más, nada más y nada menos que el mismísimo infierno. Sientes que nadie te entiende. Sientes que nadie te comprende. Que nadie es capaz de entender lo que se esconde en tu interior, tras tu sonrisa, tras tu risa, tras tus carcajadas, tras tu alegría, tras tus ánimos de ayudar a cualquiera antes que a ti. Nadie sabe qué es esto hasta que lo vive, pero cualquiera sabrá preocuparse por alguien que no merece derramar ni una sola puta lágrima, ni una sola puta gota de sangre.
Quizá este sea nuestro destino, quién sabe, o por otro lado, quizá esta sea nuestra elección.
Dicen que no podemos elegir de dónde venimos, pero que siempre podemos elegir hacia dónde queremos ir y quienes queremos ser. En realidad no sé quién soy. No me reconozco. Tal vez he sufrido demasiado, tal vez me destrozaron demasiado esas críticas, esos insultos, esas peleas, esos golpes, todo.
 Quizá fui demasiado débil como para enfrentarme a la vida. Quizá no supe dar lo mejor de mí. Quizá no sea nada para nadie. O quizá sí. Al fin y al cabo yo no decidí ser cómo soy por fuera, pero si algo sé, es que sí que decidí ser así por dentro. Yo, mi personalidad,  mi carácter, mi debilidad, mi timidez, mis miedos, mis torturas, mi aspecto, el espejo, la báscula, el dolor, el odio, el puto infierno en el que siento que vivo cada puta vez que me digno a mirarme al espejo. Cada puta vez que intento salir a la calle con ganas de hacerles creer que estoy bien, acabo hundida. La vida me ha golpeado demasiado fuerte. Quiero ponerme a prueba. Quiere retarme. Me ha quitado todo lo que pensé que podría conseguir, todo lo que pensé que tenía. Nunca tuve realmente nada de mi parte o a mi favor. ¿Quizá me lo merezca? O tal vez solo es que merezco algo mejor, pero debo luchar para conseguirlo, incluso a pesar de estar viviendo en el infierno en el que vivo.
Cada palabra, cada hecho, cada puta sensación de desprecio, de que no valgo ni una mierda, de que me merezco todo esto, de que ni soy ni seré nunca nada para nadie. Soy esa pieza invisible de mi familia, esa pieza que cualquiera desearía destrozar, destruir, manipular, o destruir. Nadie merece esto, excepto yo. Nadie merece mirarse al espejo y desear morirse ante aquella viva imagen de un ser que no logras reconocer, que no logras aceptar, que no logras querer, que no logras dejar de despreciar. No es fácil saber que si pudieras tú misma te destrozarías en mil pedazos. No es fácil saber que estás al mando de tu propia destrucción.