lunes, 18 de febrero de 2013

Novela. Capítulo 5.

Susanna y Eloi se dirigían en busca de nosotros, ya que ya llevábamos como dos o tres días sin vernos. Aunque la verdad todos sabemos perfectamente que si quisiéramos habernos encontrado antes, en aquel mismo momento hubiéramos recorrido cielo y tierra para encontrarnos. Pero como estábamos tan y tan perfectamente acurrucados yo y Andy junto a una manta y junto a la noche, todo era tan perfecto que no podía permitir que terminara tan pronto. Incluso teniéndole tan y tan cerca y tan sólo para mí, me es imposible resistirme a sus labios, a esa mirada que me hace cada vez que me sonríe. Me mata de amor. Es de esas miradas que te dejan boquiabierta, de esas que son imposibles de olvidar.
Su sonrisa hace que me derrita, que me vuelva chocolate desecho en vez de hacerme parecer más fuerte. Hace que sea yo misma, que me sienta genial cada vez que estoy con él, como si estuviera encima de una nube, como si realmente pudiera llegar a tocar el cielo con tan solo su presencia. Él hace que mis sueños sean algo más que eso, unos simples sueños, porque hace que se conviertan en realidad. Hace que se cumplan sin necesidad de decirle nada, es realmente impresionante. Nunca en mi vida había conocido a alguien como él, alguien que fuera capaz de hacerme sentir la persona más feliz del mundo con tan solo su sonrisa.

-¡Los veo, los veo!-dijo Susanna entusiasmada.
-¡Yo también! Por fin, ¡los hemos encontrado!-dijo Eloi contento.
-Son ellos, ¡nos han encontrado!-dije yo saltando de alegría.
-Qué bien-dijo Andy sonriendo.

Susanna corrió rápidamente a abrazarme y yo la recibí aliviada después de ver que estaba bien. Eloi saludó alegremente a Andy, aunque él no mostró demasiada alegría de que nos hubieran encontrado.

-Me alegro muchísimo de que estéis bien-dije yo sonriendo.
-Y nosotros de haberos encontrado-dijo Eloi.
-Y que lo digas, llegué a pensar que nunca os encontraríamos-dijo Susanna riendo.
-Bah, qué bobadas decís, esto no ha sido nada más que una confusión y un despiste, nada más-dijo Andy.
-¿Perdona? Podrías tener un poco más de consideración, Andy...-le dije yo algo dolida por su grosero comentario.
-¿Consideración? Anda ya, por favor. Con lo bien que estábamos los dos solos. ¿O ahora me lo vas a negar?-dijo él con mirada desafiante.
-No puedes negarme lo obvio, te mueres por mis huesos, guapita de cara-dijo él.
-No entiendo por qué vienes ahora y te comportas así de golpe después de todo lo que ha pasado. No me puedo creer que no te alegres ni lo más mínimo de que Susanna y Eloi estén bien, y lo que más me duele es que me hayas dicho esto. Yo no soy el juguete de nadie-dije yo.
-¿Que no eres el juguete de nadie? La noche anterior y la otra no decías lo mismo, eh. No te querías separar de mí ni un segundo, decías que te estabas controlando incluso después de haber pasado toda la noche abrazados y besándonos a la luz de la luna.
-No tienes que entrar en detalles, a nadie le importa lo que hicimos o dejamos de hacer... ¿Sabes? ¡Te odio, te odio, te odio!-dije yo rompiendo a llorar mientras corría derramando lágrimas como gotas de cristal.
-Mira lo que has hecho, ¿estás contento ahora?-dijo Susanna más enfadada de lo que nunca lo había estado.
-Tío, eres imbécil. Le acabas de romper el corazón en mil pedazos. ¿Por qué le has dicho todo eso? ¿Realmente es eso lo que piensas de ella? Se suponía que la querías, tío-dijo Eloi enrabiado.
-Cállate. Tú no sabes nada-dijo Andy.
-¿Que no sé nada? Aquí el único que no sabe nada eres tú. Que acabas de tirar por la borda lo que todo el mundo desea, acabas de dejar ir a la persona que más te quiere de este mundo. A la persona que estaría dispuesta a darlo todo por ti. La has decepcionado, tío. A ella, a mí y a todos. Nunca pensé que serías capaz de llegar a esto-dijo Eloi.
-Déjame-dijo él.
-Será mejor que nos vayamos. ¡Chicas, nos vamos!-dijo Eloi entrando a su coche que estaba aparcado justo a un metro de donde estábamos.

Volví llorando al coche junto con Susanna, que me había ido a consolar, intentando secar mis lágrimas para no causar más problemas.

-Subid, que pronto se hará de noche y tenemos que llegar antes de que el cielo oscurezca.

Subimos todos y nos dirigimos a nuestras casas, primero fuimos a la de Susanna, que era la que estaba más cerca, nos despedimos y luego fuimos a mi casa para evitar más problemas.

-Adiós-dije yo mientras bajaba del coche limitándome a no decir demasiado para no volver a llorar hasta no estar sola.
-Adiós, anímate-dijo Eloi.
-Espera, tengo que hablar contigo. Me bajo yo también del coche. Adiós, Eloi-dijo Andy bajando del coche y plantándose delante de mí.
-Adiós, Andy-dijo Eloi mientras se iba alejando con su coche.

Me giré y empecé a caminar, pronto se haría de noche, y no quería pasar frío ni hablar ni un minuto más con él. Con la persona que me había roto el corazón en mil pedazos en tan sólo unos segundos. Aún me parecía increíble que fuera cierto. Él caminaba detrás mío, y de repente, gritó:

-¡ESPERA!

Me paré al instante.
Ese espera no es uno de esos que dices para que te esperen como si no te importase demasiado o como si lo dijeras con humor. Ese espera era algo más que eso, era un llanto de necesidad, de culpabilidad, de desesperación, de arrepentimiento. Sentí como mi corazón se aceleró inmediatamente al escuchar esa palabra tan significativa de su boca.
De repente, el cielo se oscureció y empezó a llover, como si cada gota fuera una lágrima derramada por mí, por toda esa rabia que sentí al descubrir que yo tan sólo para él era un juguete más, nada más y nada menos que eso, un simple juguete con el que poder jugar siempre que quisiera.

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