miércoles, 31 de julio de 2013

Sombras al anochecer.

¿Sabes ese momento en el que dudas de tu existencia? ¿En el que sientes que estás muerta a pesar de seguir respirando? Pues así me sentía. Era como si estuviera en un sueño, como si nada de todo eso estuviera ocurriendo, me encontraba asomada al balcón, en busca de algo nuevo que captar con mi cámara de fotos, de algo que recordar, de algo que temer, o quizá, de algo por descubrir. Era de noche, algo que me encantaba, la fría brisa del anochecer, las cálidas y reconfortantes luces de los faroles de la calle, las estrellas al mirar al cielo, ese fuerte y a la vez potente azul marino que recorría todo el cielo y recubría incluso el temor, el peligro y el miedo de la oscura y fría noche. Me sentía como al borde de un precipicio, contemplando el horror, el miedo, el peligro desde mi balcón, contemplando algo que estaba más cerca de lo que yo quise creer. Capturé con mi cámara tantas fotografías como pude de aquel hermoso y a la vez siniestro paisaje. Es curioso cómo a veces el miedo nos paraliza, y en cambio, cuando estamos en peligro, es nuestra única arma para ser más fuertes, para ser valientes, para afrontar lo que venga sin importar lo que sea. Sin saberlo, esa noche sería algo más especial que todas las demás, saborearía algo irrepetible, algo devastador, pero ni siquiera yo era consciente de ello. Me dispuse a bajar a la calle, a pesar de que fuera de noche, era algo que me gustaba hacer de vez en cuando para contemplar de más cerca esas magníficas vistas. Quise creer que era temprano, pero en realidad ya era pasada medianoche. Mientras bajaba de mi bloque, me dispuse a recorrer mi mente de pensamientos que muchas veces perturbaron mi sueño o hasta me hicieron dudar ante preguntas de la gente. Siempre dicen que el 13 es un número de la mala suerte, pero nunca acabo de entender por qué, es como si por un número de cosas mal hechas, otras mismas buenas dejaran de ocurrirte por tu mala bondad y por tu escasa capacidad de hacer el bien antes que el mal. De golpe me dí cuenta de que había recorrido bastante camino, había dejado mi casa bastante lejos de ahí, me encontraba en un lugar desconocido, un parque al que nunca antes había ido. Sorprendida y a la vez curiosa, me dispuse a captar imágenes de aquellas hermosas figuras, sabía que merecía la pena. Fotografié la magnífica sombra de aquel gigante tobogán, la sombra curiosa de los caballitos, y por último, la sombra siniestra de los columpios. Espera. Un momento... En esa fotografía había algo extraño, la sombra del columpio era realmente siniestra, horrorosa a su vez y a la vez interesante, extraña y original. Contemplé detenidamente aquella imagen, y por sorpresa mía, no estaba sola. Esa sombra significaba algo. Esa silueta extraña como si de verdad estuviera montada en el columpio... Al acto de darme cuenta de lo ocurrido, dejé de mirar la cámara, contemplé el columpio y empecé a dar pasos grandes pero sigilosos y lentos hacia atrás. Con cuidado de no chocarme con nada, excepto por desgracia mía, con aquello con lo que es imposible no chocarte, con algo que puedes tocar sin ni siquiera saberlo, con algo que puedes sentir sin ni siquiera verlo, con algo que puedes temer sin ni siquiera mirarlo a los ojos. En ese momento, lo supe. Entendí por qué el 13, porque tenía 13 años, cada año había llevado muchos problemas a mis padres, compañeros o incluso a simples conocidos, no pretendía hacerle daño a nadie, pero no me dí cuenta, solo era una niña. Una niña con un corazón malvado, pero eso es algo que no puedo controlar, yo les ayudo siempre, y me lo agradecen, a pesar de que la cague, siempre lo arreglo todo, no podía ser mi número. Pero me equivoqué... Ese era mi número, de repente miré hacia el columpio, contemplé su siniestra sombra, y entendí por qué yo, por qué en ese momento, había dibujado un 13 en el suelo. Y en la foto no aparecía ningún número... Tragué saliva, cerré los ojos y recé para que ese número desapareciera, tanto del suelo, como de mi cabeza. Pero por sorpresa mía, eso no ocurrió. Ahí estaba, seguía estando ahí. Sobresaltada levanté la cabeza, y ahí la tenía, a la figura, la figura de un niño muerto, no le veía los pies, era como una capa de espesa boira con la forma de un niño y de su cara... Sin darme cuenta, no pude hacer nada más que mirar la hora en la cámara, y en verlo, sentí como si me clavaran una punzada en el pecho, y en se momento, lo entendí todo. Era mi hora, las 00:13. Cerré los ojos, y mientras alzaba la cabeza, respiré hondo, volví a tragar saliva, y los abrí. Ese era mi destino, mi realidad, mi castigo, desaparecer. Miré a la silueta del niño, y ví cómo me sonrío siniestramente. Se acercó a mí, con la mano me hizo un gesto para que me agachara, y así lo hice. Por sorpresa mía, me abrazó, pero no con la intención que yo creía. Entonces nos miramos, me volvió a sonreír, volvió a abrazarme, y esta vez, dejó que mi destino acabara de la mejor forma posible, con una sonrisa y con un cálido abrazo a pesar de yo estar envuelta en lágrimas de dolor y resentimiento, justo en ese momento, me clavó un cuchillo alrededor del pecho, y justo en ese momento, ví cómo todo se desvanecía, cómo todo daba vueltas a mi alrededor, cómo todo se volvía borroso, caí al suelo y sonreí. En ese instante noté cómo desaparecía junto con aquello que me había traído a la vida y al mismo tiempo me la había arrebatado, con el número 13.

No buscamos una meta, un destino, un camino o un sueño, buscamos una REALIDAD.

Pienso que siempre hay algo que nos conduce a cometer un error, a elegir cierta opción o cierta decisión. Siempre hay algo que conlleva un riesgo, pero es nuestra elección arriesgar, apostar o simplemente esperar.
Es curioso ver cómo nada cambia en el presente, pero cómo han cambiado las cosas del pasado al presente. En tan solo unos años, unos meses, tu vida y tu mundo se han convertido en algo distinto al pasado, al mismo tiempo que tú te has convertido en una pieza renovada, pero esta vez, todavía más fuerte.
Sientes cómo el miedo corroe por tus venas, cómo tragas saliva precipitadamente, cómo se te acelera el corazón, cómo te empiezan a tiritar las piernas, y sobretodo, cómo empiezas a sentir el miedo en tu interior. Estás ante algo nuevo, algo distinto, desconocido. Pero ya lo tienes claro, ya basta de correr, de huir, llegó la hora de afrontar, de darlo todo por eso en lo que crees, llegó la hora de disfrutar, de ser feliz, pero sobretodo, de VIVIR.


martes, 30 de julio de 2013

En busca de un sueño, una realidad.

Vago por el mundo buscando algo más que sonrisas,
algo con lo que mantenernos con vida,
algo más que mentiras,
algo más que torturas pintadas de alegrías.

Viajo en busca de felicidad,
de carcajadas llenas de piedad,
disipadas por la vida,
disipadas por el tiempo de un camino sin salida.

Siento que cada vez hay más escasez,
escasez de sensatez,
de sinceridad,
de solidaridad.

Falta de sentimientos,
de fundamentos,
de respeto,
de tolerancia,
de incredulidad.

Formamos parte de un mundo sin rumbo,
de un destino sin final,
de una historia sin argumento,
de un camino de dificultad.

Quieres huir del mundo,
sin darte cuenta de que el mundo pretende huir de ti.
Pretendes esconder la ira, el dolor,
la impotencia, pero solo eres capaz de fingir.

De fingir algo que no es cierto, una sonrisa,
de esconder una realidad, lágrimas,
y de camuflar tu dolor en un océano de dudas.

En un océano de temor,
lleno de problemáticas,
llevadas a cabo por el paso del tiempo.

Que a su vez intenta sucumbir a la vida,
a la esperanza, a la ilusión.
Pretende robarte eso que tanto quisiste,
eso que tanto esperaste, felicidad.

Somos esclavos de las agujas del reloj,
viajamos por el tiempo en busca de recuerdos,
en busca de momentos que revivir.

lunes, 29 de julio de 2013

Insomnio.

Me encontraba tumbada en mi cama, sin poder dormir, había algo que me impedía hacerlo, pero no sabía del cierto qué era. Era como si alguna cosa por invisible que fuera a los ojos perturbara mi sueño, y a la vez, me incitara a sentir miedo. Era como si sintiera que algún ser del más allá quisiera mandarme un mensaje, como si de verdad estuviera en mitad del cielo y del infierno, como si me encontrara en la separación de ambos lados, para irme a uno de ellos y no volver jamás. Se me hacía extraño el sentir que se me escapaba la vida por segundos, como si de algún modo, no pudiera controlar el hecho de seguir con vida. Como si de verdad hubiera algo que me impidiera sentir que algún suceso extraño ocurriría. Dejé a un lado mis penurias, y me dispuse a intentar conciliar el sueño aunque mi mente siguiera vagando por la oscuridad y el eterno misterio que conllevaría esa noche. Logré dormir aproximadamente una hora, pero en ese momento sentí algo extraño en mi interior, algo me había despertado, y sabía que ese algo no era yo. Decidida me levanté de la cama, y miré el reloj, eran las 00:00. Esa hora en la que todas las historias de miedo, las leyendas, y los clásicos de terror, aprovechaban para escampar el sentimiento de la muerte, y al mismo tiempo, el sentimiento de miedo en nuestros cuerpos. Sentí como se me erizaba la piel, la ventana estaba entre abierta, y olvidé abrir la cortina para no pasar calor, ya que en aquel entonces, era verano. Me dispuse a correr la cortina para que así dejara entrar el aire y no hubiera manera de pasar calor. Pero entonces, algo extraño sucedió. Mire boquiabierta hacia la ventana, perpleja, como si de verdad hubiera visto algo irreal a la lógica y real a los ojos y a la vista. Asombrada cerré los ojos un segundo y volví a abrirlos. Ya no estaba. Había desaparecido como por arte de magia. No podía creerlo, opté por pensar que el insomnio me había hecho tener alucinaciones, y que debía volver a dormir, pero en cuanto acabé de correr la cortina, volví a ver esa figura, era la misma, la misma que acababa de ver hace apenas un momento. No podía ser, se había movido, ya no estaba en la carretera, estaba al lado de la señal de tráfico, y esta vez, por increíble que parezca, me sonrío. En ese momento sentí como si mi corazón se hubiera paralizado, me quedé inmóvil por unos segundos, hasta que conseguí apartarme unos centímetros de la ventana. Al mirar otra vez hacia la ventana, esta vez muy alejada, casi tocando la pared, volví a ver la figura, pero esta vez ya no sonreía, estaba enfrente de la barandilla, apenas a unos centímetros de mi ventana. Sentí como si en ese momento estuviera muerta, pero lo peor fue que al darme cuenta, la figura había desaparecido. Era una chica con un vestido blanco, los ojos muy oscurecidos, una sonrisa siniestra y el pelo largo, oscuro también, como la misma noche. Y justo en ese momento, pude verla, era ella, la figura de la chica. Vi su reflejo reflejado en la ventana, mi cuerpo se estremeció, sentí más miedo del que nunca pude llegar a sentir, tragué saliva, y mucho a mi pesar, me giré, y..ahí estaba. Me volvió a dedicar una de sus sonrisas siniestras, y esta vez sentí realmente cómo se me paraba el corazón, cómo iba llenando el suelo de sangre y cómo iba sintiendo ese dolor en mi interior, me había apuñalado.

jueves, 25 de julio de 2013

Al mando de mi propia destrucción. Capítulo 5.

Sentía que era una puta molestia para todos. Ni siquiera los profesores se daban cuenta de lo que me pasaba. Aprovechaban las horas del recreo para atacarme, pegarme, insultarme e incluso empujarme o humillarme. Para ellos el simple puto hecho de que yo existiera, era un puto horror, una puta desgracia. En realidad cuando era pequeña nunca fingí estar feliz delante de ellos, solo fingí que no me importaba. Siempre fingía. Mi puta infancia se basaba en fingir día tras día algo irreal. Mi vida se basaba en hacerles creer a los demás que mi vida era una más. Pero en realidad, cada puto día, al llegar del colegio, corría al lavabo, incluso antes de comer. Luego volvía al comedor y solo me limitaba a ver la pantalla de la televisión mientras comía, aguantando mis inmensas lágrimas. Y cuando me preguntaban tenía miedo de hacer esa voz tan vulnerable que nos sale cuando lloramos y hacemos lo posible por no hacerlo. Al comer, que casi ni me molestaba en comer, muchas veces ni comía. Me iba a mi cuarto, cerraba la puerta, y me recordaba lo horrible que era. Realmente hay cosas que no se las deseo a nadie, y una de esas cosas, es tener la infancia que yo tuve. Mientras unos jugaban felices yo deseaba morirme. Cada día era peor, las críticas aumentaban, y mi dolor y mi odio también. Sentía que no podía hacer nada, ni siquiera defenderme, era una niña indefensa, que vivía en una mentira. Si me enfrentaba a ellos, las consecuencias podían ser demasiado peligrosas y perjudiciales. No quería hacerle daño a nadie, excepto a mí. Llegué a sentir que necesitaba hacerme daño, pero nunca me atreví ni siquiera a intentarlo. Era una puta niña, ni siquiera sabía qué era eso de auto-lesionarse, anorexia, etc o así. Si al menos en mi casa todo hubiera sido distinto, diferente... Cada puto día mi familia me demostraba aún más odio que cualquier niño/a o compañero/a del colegio o de clase. Lo peor de todo es que mi hermana mediana también iba a ese colegio, ella iba a sexto curso, y yo fui creciendo en mi pequeño y a la vez inmenso infierno. Mi padre me pegaba, pero no solo a mí, cada puto día discutía con mis padres. Pero sobretodo con él. No sé si alguna vez llegó a pegar a mi madre, pero pegaba cada noche a mi hermana mayor. Imaginar el puto infierno en el que vivía... Que una puta niña de menos de 9 años vea tal tortura es algo inhumano. Empecé a temer a mi padre, pero el amor y el aprecio que puedes llegar a sentir por alguien a veces es incluso más grande que tu dolor. Siempre veía cómo la pegaba de reojo o a escondidas, con un puto cinturón, o con sus propias manos... Cuando mis hermanos o mi hermana se enteraban de que les estaba viendo, aterrorizada y muerta de odio y de miedo, intentaba pedirles "piedad", que hicieran algo, pero todos hacían oídos sordos a mis palabras, a mis gritos. Me agarraban fuera para que no me metiera en medio. Y hacía que me soltaran a la fuerza y corría hacia mi cuarto, daba un portazo, y no dejaba que nadie entrara. Cuando dejaban de molestarme me escondía de tal manera que incluso si habrían la puerta, no me verían, ya que estaba escondida en el sitio en el que la puerta me tapaba y yo me estremecía para que no me vieran o me encontraran ahí. Incluso callaba mis lágrimas, cerrando los ojos tan fuere como podía y tapándome la boca para que no se escuchara ningún ruido. Entonces miraba por un hueco que me dejaba ver la puerta si se habían ido. Cuando lo habían hecho, solo sentía que quería estar en el lugar de mi hermana mayor, y sentir todo eso yo en vez de ella. Quería sentir ese dolor por ella. Lloraba de impotencia, de no poder ir ahí y sacarle de encima a mi padre que no dejaba de hacerle daño, tanto por fuera, como por dentro. Y todo por ser sincera. Años después, acabé siendo yo la que era amenazada por sus golpes y su alta agresividad y falta de control. Me enfrentaba a él, y le era sincera, no dejaba llevarme por mi miedo. Cuando me amenazaba, le soltaba algo gritando y me iba. Muchísimas veces acababa llorando, pero sentía que valía la pena que me amenazara solo para hacerle sentir un poco del dolor que nos hacía sentir a todos. Muchas veces me escondía, corría por todas partes, huyendo de él, e incluso llegaba a hacer esa risa nerviosa para que no te de un puto ataque en el corazón. Un día estuve a punto de llamar a la policía, pero si no lo hice a pesar de que llegara a marcar el número, fue porque tenía miedo de perderles, una parte de mi les odiaba a más no poder, pero una parte todavía más grande, les quería y apreciaba demasiado. No podía permitir que me alejaran de ellos. Y por eso opté por defenderme sin que nadie me defendiera. Incluso muchas veces llegué a defender a mis hermanas o a mi madre. Mis hermanos siempre han sido algo imbéciles, y todo por culpa de mi padre. Uno de mis hermanos, el mediano algunas veces llegó a pegarme, y mi hermana mediana también, aunque obviamente no hablamos de los mismos golpes. Hablamos de golpes de hermanos menos dolorosos. y si os soy sincera, yo nunca le temí hasta el punto de que dejara que me pegara sin poder hacer nada. Me defendía tanto como podía. O le pegaba yo también aunque él tuviera el doble de fuerza, o no dejaba que él lo hiciera. Obviamente algunas veces no pude hacer nada y acabé siendo golpeada. Pero para mí no era nada el dolor externo con el dolor interno que sentía. Mi vida era un infierno, y incluso mi familia y todas las personas que conocía se habían convertido en todo lo que siempre odié, en completos monstruos sin escrúpulos.

Al mando de mi propia destrucción. Capítulo 4.

Siempre sentí que yo era el "bicho raro" para todos. Incluso para mi propia familia. En la escuela era como el "patito feo". No porque mi físico fuera el peor de todos, sino porque ellos hicieron que yo llegara a sentir y a creer que era todavía peor. Mientras ellos corrían felices, libres, alegres, sonrientes, yo les observaba sentada en los banquillos, y contemplando desde un lugar más lejos del que me encontraba, mi infierno el inmenso sueño que significaba para mí poder hacer y sentir lo mismo que ellos. Realmente admiraba que pudieran no preocuparse por nada en absoluto excepto por jugar, gritar, llorar o enfadarse y al segundo perdonarse. Yo nunca sabría qué era sentirse feliz y libre, estaba encarcelada en una prisión de dolor que no dejaba de arder en mi interior. Estuve durante años y años, sola, sin nadie. Sin el apoyo o la ayuda de una sola puta persona. Desde que empecé a tener uso de la razón, me empezaron a hacer bullying. Todos los días era la misma historia, la misma mentira, la misma tortura. Volvía a casa sin ganas de nada, siempre y en todo momento, como en la escuela, aguantando mis lágrimas, mi rencor y mi dolor hasta llegada la noche. Cuando mis hermanos o mis padres me preguntaban que qué tal me había ido en el colegio siempre les decía la misma mentira: "Muy bien." "Bien", etc. Nunca les decía la verdad. Unos días les hacía creer que me había ido todo genial, y otros me limitaba a asentir y a irme corriendo hasta mi habitación. Sentía que ni siquiera mi propia habitación era un refugio seguro para mí. Por desgracia, el único sitio en el que podía desahogarme siempre que lo necesitaba, era el cuarto de baño. Era entrar con prisas, poner el pestillo, caerme "muerta" al suelo apoyando mi espalda a la puerta y romper a llorar. Tan solo era una niña. Una puta niña. Nunca debí haber pasado por tantas mierdas. Sentía que cada día era como una droga que va matándote cada día más y más hasta el punto de cegarte y hacerte creer que tú eres el veneno, y sin darte cuenta de que tú misma también eres el antídoto. Al llegar del colegio lo único que podía hacer era intentar hacer lo posible para que mi mente retrocediera y para hacerme creer que nada de todo eso había ocurrido realmente. Realmente era como si estuviera muerta de verdad. No era una niña normal, tan solo era alguien que intentaba encajar en alguna parte, ni que fuera que un puto niño o niña deseará por un puto segundo jugar o hablar conmigo.

Al mando de mi propia destrucción. Capítulo 3.

Necesito saber y sentir que soy alguien. Necesito no sentir que quiero ser una copia de los demás o de lo que esta estúpida sociedad pretende y quiere que sea, quiero ser alguien de verdad, QUIERO SER YO MISMA, NADIE MÁS. Quiero dejar de sentir que si no intento fingir ser alguien que no soy no agrado ni complazco a nadie, quiero dejar de sentir que ellos pueden conmigo, quiero dejar de sentir que mi cabeza y mis demonios tienen razón. Quiero ser alguien más que una copia, una más o simplemente alguien parecida a otros, porque lo único que quiero y que siempre he deseado, es ser yo misma y sentir que me gusto, que me admiro a mí misma por ser tan fuerte siempre. Por anteponer la felicidad de cualquiera, incluso de un/a completo/a desconocida a la mía propia. Quiero ser quien siempre deseé. Quiero dejar de ser una sombra para todos, de ser alguien invisible, de ser alguien con quien nadie cuenta. QUIERO DEJAR DE SENTIR QUE NO SOY NADA, QUE SOY DESPRECIABLE, QUIERO SENTIR QUE SOY REAL, QUE ESTOY VIVA, Y QUE A PESAR DE QUE RESPIRE Y ME SIENTA MUERTA, ESTOY VIVA. Quiero sentir que nadie podrá pararme, que nada ni nadie podrá hacer que pare la lucha contra mis demonios. Lucho día a día contra mi cabeza. Mi corazón dice una cosa, mi cabeza otra, y yo otra cosa completamente distinta a las demás. Quiero hacer que me respeten, pero antes de nada, QUIERO RESPETARME A MÍ MISMA. No quiero dejar que nadie más me pise, no quiero dejar que nadie más me torture, me manipule, me extorsione, me mienta, me haga daño, me engañe, quiero sentir que soy fuerte, y sobretodo, QUIERO CREER QUE LO SOY. Estoy harta de mirarme al espejo y sentir que no soy nadie. Estoy harta de ver cómo todos a mi alrededor parecen felices y alegres, y de ver cómo creen que yo soy una más, siendo feliz, cuando por dentro estoy completamente muerta y ardiendo en llamas de dolor. Quiero dejar de sufrir por cosas que no merezco. Quiero sentir que no me importa lo que la gente pueda pensar o no de mí. Mi pasado no fue el mejor, lo sé, pero no quiero que mi presente siga siendo todavía peor. No quiero volver a sentir semejante tortura a la de ahora ni a la de cuando era pequeña. Todavía recuerdo esos días sentada en el patio del colegio, comiendo mi almuerzo mientras todos los niños jugaban y corrían sin parar, felices, irradiados de felicidad, como si sus días fueran completas cruces de felicidad y alegría.

Al mando de mi propia destrucción. Capítulo 2.

Ese momento en el que sientes que hagas lo que hagas va a estar mal, en el que sientes que cualquier esfuerzo va a ser en vano, en el que ni siquiera una estúpida canción, serie o libro favorito consigue hacerte sonreír. En el que te encuentras sola. Perdida. Como si realmente no pertenecieras a ese lugar, como si fueras una pieza que no encaja en ningún puzzle, que no encaja en ninguna parte. Ese dichoso momento en el que sientes ese vacío tan inmenso y a la vez tan profundo que te hace estremecer, que hace que sientas que ni siquiera el hecho de que un solo ser el en el mundo se preocupara por ti, haría que ese vacío desapareciese. Ese instante en el que te das cuenta de que eres una gota de agua en un mar de peces que tan solo piensan en devorar, comer, matar, respirar, mientras tú tan solo te limitas a observar. Eres una pieza sin control, sin lugar a duda eres ese alguien invisible para todos. Ese pedazo de tierra que no es capaz de llenar ni un solo hueco de aquello que todos deseamos, felicidad. Soy un grano de arena en un lugar lleno de montañas de arena, de logros, de felicidad, de propósitos, de metas, de sonrisas sinceras, de carcajadas reales, simplemente, soy ese alguien que no encaja en ninguna parte.
A veces llegas a un punto de tu vida en que ya no importa qué suceda, quién aparezca, quién te insulte, quién te critique, quién te golpee o quién te humille o te hunda. ¿Por qué? Es más sencillo de lo que parece. Porque tu vida seguirá siendo igual de mierda. Nadie acudirá a salvarte. Nadie te tenderá su mano, nadie te creerá, nadie intentará ayudarte, nadie intentará entenderte, nadie hará nada para salvarte de tu tortura, de tu infierno, de ti misma. Sientes que si te vieras con suficientes cojones, tú misma te harías desaparecer antes de alguien lo pudiera hacer por ti. Ojalá todo fuera distinto. Ojalá alguien me entendiera. Siento que ni siquiera mi propia sombra me pertenece. Que ni siquiera mi propio corazón se guía por lo que yo quiero o merezco, sino por lo que más detesto. Todo esto se basa en algo más que un simple conjunto de miles de problemas. Es algo más que todo eso. Esto no es ningún juego, ninguna guerra, es una batalla, una lucha contra mí misma. Pero nadie se para a entenderme. Se limitan a cree mi "estoy bien". Se limitan a creer mis sonrisas, mis carcajadas a lo loco cuando creo que por un momento lo olvido todo, pero luego vuelve. Cada noche, cada puto día deseo que este sea el último, que no haya más días, más tortura, más dolor, más sufrimiento. Esos recuerdos del pasado me han mantenido siempre en una burbuja de la que nadie quiso hacerme salir. Y cuando por fin lo consiguieron, este año volví a recaer. No es fácil ver cómo huyen de ti, cómo sientes que ni siquiera tus remotas y escasas cualidades le gustan a alguien. No es fácil ver cómo alguien a quien amas te desprecia, te maltrata. No es fácil recordar todos esos nombres, todas esas personas, todo ese dolor. Miras al reloj, y no ves el tiempo, tan solo ves números. Mi vida está llena de números. Mi felicidad se basa en unos putos números. Mis notas, la báscula, mi altura, mi peso, mis medidas, mis horrores, todo se mide con números. Detesto los números. No por el hecho de que ellos hayan sido gran parte de mi dolor, sino porque esos números me recuerdan cada puto día que soy alguien que no se reconoce. Todo esto se remonta en el pasado. Esto es algo más que un puto circo en el que experimentan con animales. Esto es más que un puto club de chistes para reírse de cualquiera. Esto es más que una simple tortura. Es más que un puto infierno. Es mi propia destrucción, mi veneno, mi adrenalina, mi debilidad, mi deseo, mi necesidad, ser alguien. No para ellos, sino para mí.

Al mando de mi propia destrucción. Capítulo 1.

Yo, una chica más, en un mundo en el que cualquier ser humano parece ser despreciable si así lo declara esta injusta realidad, acompañada de esta amarga y horrible sociedad. ¿Quién querría estar con alguien como yo? ¿Quién querría pasar un solo puto momento conmigo? ¿Quién desearía tener a una amiga, una novia, una hija o una hermana como yo? Nadie.
¿Sabes ese momento en que crees que tu existencia es invisible incluso para ti misma? Te miras al espejo y te ves realmente invisible, repleta de sensaciones aterradoras, de odio, de rencor hacia ti misma. Sientes que cada parte de tu cuerpo esconde miles de sentimientos y emociones que desearías sacar a la luz, hacer desaparecer, deshacerte de ellas, sacarlas de tu interior, quemarlas, romperlas, simplemente eliminarlas. Pero no puedes. Todo se queda en el intento. Quieres acabar con todo. Contigo, con tu vida, con tu dolor, con tu sufrimiento, con ese odio, con esos demonios, con esas voces, con todo lo que está en tu cabeza. Con los sentimientos que siente tu corazón, desearías no tenerlo, ser de hielo, de piedra, vivir sin corazón, sin dolor, sin sufrir, sin lamentar, sin odiar, sin querer, sin decepciones, mentiras, engaños, sin nada que pueda arrebatarte tu propia dignidad, tus ganas de vivir, tus fuerzas, tus esperanzas, tu ilusión, tu corazón.
Sientes que cada minuto que pasa es una tortura más, que nada volverá a ser lo mismo, que todo es oscuro, que todo es una tortura más, nada más y nada menos que el mismísimo infierno. Sientes que nadie te entiende. Sientes que nadie te comprende. Que nadie es capaz de entender lo que se esconde en tu interior, tras tu sonrisa, tras tu risa, tras tus carcajadas, tras tu alegría, tras tus ánimos de ayudar a cualquiera antes que a ti. Nadie sabe qué es esto hasta que lo vive, pero cualquiera sabrá preocuparse por alguien que no merece derramar ni una sola puta lágrima, ni una sola puta gota de sangre.
Quizá este sea nuestro destino, quién sabe, o por otro lado, quizá esta sea nuestra elección.
Dicen que no podemos elegir de dónde venimos, pero que siempre podemos elegir hacia dónde queremos ir y quienes queremos ser. En realidad no sé quién soy. No me reconozco. Tal vez he sufrido demasiado, tal vez me destrozaron demasiado esas críticas, esos insultos, esas peleas, esos golpes, todo.
 Quizá fui demasiado débil como para enfrentarme a la vida. Quizá no supe dar lo mejor de mí. Quizá no sea nada para nadie. O quizá sí. Al fin y al cabo yo no decidí ser cómo soy por fuera, pero si algo sé, es que sí que decidí ser así por dentro. Yo, mi personalidad,  mi carácter, mi debilidad, mi timidez, mis miedos, mis torturas, mi aspecto, el espejo, la báscula, el dolor, el odio, el puto infierno en el que siento que vivo cada puta vez que me digno a mirarme al espejo. Cada puta vez que intento salir a la calle con ganas de hacerles creer que estoy bien, acabo hundida. La vida me ha golpeado demasiado fuerte. Quiero ponerme a prueba. Quiere retarme. Me ha quitado todo lo que pensé que podría conseguir, todo lo que pensé que tenía. Nunca tuve realmente nada de mi parte o a mi favor. ¿Quizá me lo merezca? O tal vez solo es que merezco algo mejor, pero debo luchar para conseguirlo, incluso a pesar de estar viviendo en el infierno en el que vivo.
Cada palabra, cada hecho, cada puta sensación de desprecio, de que no valgo ni una mierda, de que me merezco todo esto, de que ni soy ni seré nunca nada para nadie. Soy esa pieza invisible de mi familia, esa pieza que cualquiera desearía destrozar, destruir, manipular, o destruir. Nadie merece esto, excepto yo. Nadie merece mirarse al espejo y desear morirse ante aquella viva imagen de un ser que no logras reconocer, que no logras aceptar, que no logras querer, que no logras dejar de despreciar. No es fácil saber que si pudieras tú misma te destrozarías en mil pedazos. No es fácil saber que estás al mando de tu propia destrucción.

domingo, 21 de julio de 2013

¿De verdad vais a dejar que el hecho de que no os agrade vuestro físico o aspecto, os destruya? 
¿De verdad vais a dejar que el conjunto de la sociedad y los medios os destruya por completo con sus estúpidos estereotipos y ideales de belleza? ¿Acaso no  han muerto miles de personas por seguir los ejemplos de modelos o famosas y así conseguir alcanzar esa cosa llamada "perfección", la cual no existe digan y digáis lo que digáis. Sé lo difícil que es pasar por esto. Pero estoy hasta los putos cojones de ver cómo cada puto día hay más muertes, más suicidos, más bullying, más maltrato, más acoso, más anorexia, más bulimia, más autolesiones por culpa de su puto aspecto, de las críticas, de la poca autoestima, y de la poca solidaridad y sentido común de la mayoría de gente del conjunto de la sociedad. Estoy harta de ver cómo una gran mayoría de personas se cree capaz de manejar a miles de personas y a millones de vidas con tan solo un puto segundo. Nosotros mismos somos los únicos capaces de manejar nuestras vidas y cuerpos, y sobre todo, nuestras mentes, nadie más debe hacerlo por nosotros. 

Y ahora dime una cosa, ¿de verdad crees que merece la pena tirar tu vida por la borda cuando todo puede mejorar? ¿Cuando todavía no es demasiado tarde para darte cuenta de lo que está pasando, para darte cuenta del daño que te estás haciendo a ti misma/o y a tus seres queridos?
Tu vida es una puta mierda, sí, pero si esto sigue siendo así, es porque demasiada poca gente hace algo para cambiar esto. Yo soy una de esas personas que lo intentan. Espero que después de esto, tú seas una más. 
Empieza por mejorar tu actitud, por intentar dar un esfuerzo a verte bien, por intentar día a día ponerte metas e ir cumpliéndolas. Yo salí de esta mierda, Demi Lovato lo hizo, y muchas y muchos famosos más lo hicieron además de otras miles de personas. 
Por favor, sé fuerte, sé que lo eres, pero debes luchar, por ti, por ellos, por mí, por salvar esta mierda sociedad. Pero por favor, no te rindas, eres grande, y puedes con cualquier cosa. Yo sé que puedes.

sábado, 20 de julio de 2013

ME DA IGUAL LO QUE TE HAYAN PODIDO DECIR O HACER, JODER. LA GENTE ES GILIPOLLAS, ESTA PUTA SOCIEDAD ES UNA PUTA MIERDA. QUIERO QUE SONRÍAS,
NO QUIERO QUE SIENTAS QUE MERECES DESAPARECER. NO QUIERO QUE SIENTAS QUE MERECES MORIR, QUE MERECES IRTE, QUE MERECES SUS INSULTOS, SUS CRÍTICAS. NO QUIERO QUE TE ODIES, NI SIQUIERA QUE PIENSES QUE NO VALES UNA MIERDA. PORQUE NO ES ASÍ. ESTOY SEGURA DE QUE VALES MUCHO. NO TE CONOZCO, NI SÉ NADA DE TI. PERO A VECES NO SE NECESITA CONOCER DEL TODO A UNA PERSONA PARA SABER QUE REALMENTE MERECE LA PENA. NO SÉ QUÉ TE HABRÁN HECHO EN EL PASADO O EN EL PRESENTE, NO SÉ QUÉ COSAS HORRIBLES TE HABRÁN DICHO, PERO SI ALGO SÉ, ES QUE NADIE CON BUEN CORAZÓN MERECE QUE LE DIGAN COSAS TAN HORRIBLES COMO LAS QUE DEBEN HABERTE DICHO. NO ME HACE FALTA CONOCERTE PARA PODER DECIRTE QUE VALES LA PENA, JODER. ESTOY HARTA DE QUE CADA PUTA VEZ HAYA MÁS SUICIDIOS, MÁS GENTE QUE PROPAGA EL MALTRATO, EL ACOSO, EL BULLYING, LA ANOREXIA, LA BULMIA. ESTOY HARTA DE QUE ESTA PUTA SOCIEDAD SE ESTÉ YENDO CADA VEZ MÁS Y MÁS A LA MIERDA. ESTOY HARTA DE VER GENTE CORTÁNDOSE, DE VER GENTE LLORANDO POR GILIPOLLAS. ESTOY HARTA DE VER QUE NADIE HACE NADA PARA PARAR ESTO. (SÉ QUE POR SUERTE QUEDA GENTE QUE ESTÁ DISPUESTA A PARARLO Y HACE LO POSIBLE PARA PARARLO COMO YO Y SEGURAMENTE COMO TÚ). ¿POR QUÉ SERÁ QUE LA GENTE QUE MÁS HA SUFRIDO ES LA QUE MÁS FUERZA TIENE REALMENTE? PORQUE LA GENTE QUE MÁS SUFRE ES LA QUE MÁS FUERTE SE VA HACIENDO DESPUÉS DE CADA CAÍDA, DESPUÉS DE CADA PUTA DECEPCIÓN. ASÍ QUE TE DIRÉ ALGO, VALES MÁS DE LO QUE CREES. SÉ QUE HAYAS PASADO POR LO QUE HAYAS PASADO, ERES MUY FUERTE, Y SI ESTÁS PASANDO POR UN MAL MOMENTO, SALDRÁS DE ESTA MIERDA. Y VOLVERÁS A SER FELIZ, PORQUE TE LO MERECES. NO ME ENROLLO MÁS..¿QUÉ ME DICES?

jueves, 18 de julio de 2013

-Quiero decirte algo.
-Vale, suéltalo, pero por favor, sé sincero, no me digas nada que no sea, ni guapa, ni buena, ni nada de eso. ¿Vale?
-Vale. Pero..entonces dime algo.
-¿Qué ocurre?
-¿Para ti esas cosas son mentiras?
-Ajá, así es.
-Vale, entonces..¿puedo mentirte?
-Bueno..Tú sabrás.
-Vale. Pues quiero que sepas que todo esto que diré. Es mentira para ti, pero para mí son las verdades más sinceras.
-Va, empieza
-Eres la personas más increíble que he conocido nunca. No puedo mentirte, ya que siempre diría alguna verdad que para ti no lo es. ¿Puedo mentirte ahora de verdad para que sepas que pienso todo lo contrario de lo que diré?
-Vale. Aunque para mí ya lo hacías.
-Vale. Eres repugnante. Eres la persona más asquerosa y más odiosa que conozca. Te odio, nunca había conocido a alguien tan horrible. Eres de lo peor Incluso estos insultos son demasiado poco para ti, te mereces más insultos.
-Vale, basta..(Llora).
-¿Por qué lloras?
-Porque sé que en el fondo tienes razón... Así que para, por favor.
-¿Acaso no recuerdas lo que dije? Te dije lo contrario de lo que siento y pienso porque no me dejaste serte sincero desde el principio siendo directo, así que lo hice mediante otro método. ¿Ahora te das cuenta de que a veces lo que creemos que es mentira, por alguna extraña razón, no nos duele, y hasta muchas veces nos alegra o nos anima aunque lo neguemos y en cambio cuando nos dicen una mentira de verdad, y realmente nosotros pensamos eso, nos duele. Es extraño. ¿Por qué crees que nos hace llorar aquello que creemos que es verdad y no lo es en vez de aquello que creemos que no es verdad y en realidad lo es?
-No sé, porque tal vez hay una parte de nosotros que sabe que las mentiras que nos dicen y nos afectan, son lo que realmente pensamos de nosotros mismos, y en cambio, cuando nos dicen verdades pero que nosotros creemos que son mentiras, al sentir que tú no eres eso, no lloras. Pero una parte de ti por un momento siente que realmente es verdad, y acierta. Por eso nos anima y luego nos enoja. Porque no queremos aceptar la verdad, preferimos escuchar mentiras que sean iguales a lo que creímos para no darnos ilusiones sobre algo que creemos que no somos.
La esencia para sobrevivir.
 
Y ojalá pudiera hablarte,
sobre un mundo aparte.
Y así corresponderte,
hasta el punto de amarte.

Y si el mundo fuera revivir,
sobre los sueños y la vida,
podría disfrutar hasta morir.
Cosa agradable al infinito,
y imposible a la realidad.

No quieres seguir,
pero solo te ves sufrir.
Quieres llorar,
pero sin embargo solo puedes soportar.

Soportar miles de cargas,
miles de penas, miles de lágrimas,
soportar el dolor que arde en tu interior.
Y que no deja que nada ni nadie lo apague,
solo quiere mantenerse viva esa pequeña llama.

Ese pequeño infierno que te atrapa y no te deja salir.
¿Será más fuerte que tú? No lo creo.
¿Serás capaz de dejar que te hunda,
que te rompa, que acabe contigo?

¿O incluso estarás dispuesta/o a quemarte
de dolor y odio para sentirte realmente fuerte,
para sentir que tienes la felcidad en la palma de tu mano
y que nada ni nadie puede pararte?

¿Ni siquiera tu mente, tus demonios,
tu odio, ni siquiera sus críticas, sus insultos?
Vuélvete como el fuego, vivo y fugaz,
pero siempre persisitente,
siempre manteniendo sus fuerzas,
su valor, su fuerza, su valentía.

miércoles, 17 de julio de 2013

Comer, en serio. ¿Qué más da lo que digan los demás? ¿Qué más da lo que os diga o haga gente que ni siquiera merece llamarse persona? Sé que esto no es nada fácil, y sé que hasta que no pasas por esto no lo entiendes realmente. Poca gente sabe qué es odiarse tanto hasta el punto de querer destruirte. No es fácil ver que lo que ves no concuerda con lo que dicen los números. No es fácil ver que lo que dicen los demás concuerda con lo que tú ves. Debemos creer en lo que somos, en lo que queremos, y en lo que queremos ser o conseguir. Pero tenemos que dejar de lamentarnos cada vez que nos miramos al espejo por nuestro puto aspecto. Seamos feos, guapos, altos, bajos, morenos, rubios, pelirrojos, castaños, altos, "gordos", etc, ¿qué más da? ¿Acaso no se enamora con la personalidad? ¿Acaso el físico no cambia con los años y con el propio esfuerzo? ¿Acaso los kilos que pesas equivalen al peso de lo que vales? Pues no, señores, no. Tenéis que miraros al espejo y preguntaros si de verdad vale la pena rendirse, no penséis si vale la pena luchar, sino en si de verdad vale la pena acabar con todo eso que conseguiste, con tus virtudes, con tus defectos, con tu vida, etc. ¿Sabéis cuántos millones de personas luchan día a día? ¿Sabéis cuánta gente ha superado un cáncer, una leucemia, etc? ¿Sabéis cuánta gente ha superado una enfermedad que aparentaba ser más fuerte que ellos? Millones y millones de personas. Vale que hay muchos que no pudieron salir de eso a pesar de luchar y luchar. Pero..¿Sabéis qué? Que ellos pueden decir que murieron de la mejor manera posible. Luchando por lo que querían. Luchando por demostrar que una enfermedad nunca fue, es o será más fuerte que nosotros. Por mucho que esta pudiera acabar con nuestra vida, las ganas de luchar por lo que queremos son tan fuertes y tan grandes, que pueden acabar incluso con una puta enfermedad. Así que en serio, darlo TODO, todo de vosotros. Sacar TODAS vuestras putas fuerzas para salir de esta puta mierda. Porque sé que la gran mayoría de personas que lo han hecho, salieron. ¿Cómo? Superándose día a día a sí mismos, a sus voces, a sus demonios, a su odio, y a sus enfermedades. Ahora sí, eres tú quién decides si ser un ganador/a, o un perdedor/a. Un perdedor no es el que pierde, sino el que no arriesga ni lucha por lo que quiere. Ahí lo dejo.

martes, 16 de julio de 2013

Novela. Capítulo 7.

Es extraña la manera en la que aquello que creíste que duraría para siempre o por mucho tiempo tan solo se convierte en una historia más, en una mentira más, en un engaño más. En algo que se te hace imposible olvidar, en algo que no quiere irse, que no quiere desaparecer. En algo que te impide ser libre, que te impide ser feliz, que te impide sonreír. Y que incluso hace que te sea imposible no llorar, no lamentarte, no arrepentirte, no sentirte culpable, no sentirte rota, perdida, derrumbada, sin saber por qué volviste a caer en la trampa de alguien que solo supo jugar contigo.

Sé que ha llegado la hora de anteponer mis principios y mi dignidad a lo que siento, y eso haré. Se acabó el permitir que alguien me lastime, despedace o juegue conmigo. Se acabó el sufrir, el ser buena con quien no lo merece, se acabó el confiar en quien solo me llena de decepciones y de mentiras. Se acabó el ser un juguete para los demás, se acabó el ser alguien a quien nadie sabe respetar o valorar. Se acabó el anteponer mi felicidad a la suya. Es hora de demostrar lo que valgo, de hacerme respetar, de dejar a un lado lo que siento, y de centrarme en lo que merezco, y no en lo que quiero o deseo. Mi corazón será como el hielo, y mi vida como el fuego, viva y a la vez llena de luz y de color, seré tan viva que ni siquiera recordarán lo frágil que llegué a ser.


Mientras tanto, en casa de Susanna...

-¡Susanna, el teléfono, es para ti!-dijo la madre de Susanna mientras ella corría a cogerlo.
-¿Quién es?-dijo ella.
-No lo sé, solo sé que te buscan a ti-dijo su madre.
-Vale, me voy a mi cuarto-dijo Susanna.
-¿Hola?-dijo ella.
-¡Hola, Susanna! Soy Eloi-dijo muy alegre.
-Oh, Eloi, cuánto tiempo. Llevo días sin saber nada de vosotros-dijo ella entusiasmada.
-¿Qué tal va todo por ahí?-dijo Eloi.
-Muy bien, echándote de menos, para qué mentir, aunque también a los chicos, claro. ¿Y tú?-dijo Susanna poniéndose roja y riendo.
-Muy bien también, aunque también echándote de menos. Esto no es lo mismo sin ti, preciosa-dijo Eloi con una gran sonrisa y enrojeciéndose.
-Aish, no me digas esas cosas, que me pongo roja-dijo ella riendo.
-Es imposible no decirte lo preciosa que eres, tanto por dentro, como por fuera-dijo Eloi.
-Sht. Dejémoslo, no quiero escuchar más mentiras, hum-dijo Susana fingiendo estar enfadándose.
-Vale, vale, no me muerdas-dijo Eloi riéndose mientras Susanna también lo hacía.
-¿Sabes algo de los chicos?-dijo Susanna.
-Qué va, era uno de los motivos por los que te he llamado.
-¿Ni siquiera de Andy?
-Bueno, la verdad es que la última vez lo vi bastante tocado y afectado por lo de Queily...
-Ya... Bueno, después de todo Queily sufrió mucho por su culpa. Llevo días sin saber nada de ella. Pensé en llamarla, pero tiene el móvil apagado, y siempre que llamo a su casa su madre me dice que no está. Es extraño, me empieza a preocupar...-dijo Susanna.
-No creo que debamos preocuparnos, Queily sabe cuidar de sí misma, seguro que está bien. Después de lo mal que lo pasó debe haber estado ausente a todo, supongo. Y es lo normal-dijo Eloi intentando tranquilizarla.
-Sí, supongo que tienes razón-dijo ella sonriendo.
-¿Sabes? He estado pensando estos días en todo lo que ocurrió, y pienso que deberíamos aprovechar que hace días que no nos vemos, para pasar toda la mañana juntos-dijo Eloi.
-Me parece una idea estupenda-dijo Susanna entusiasmada.
-Vale, entonces nos vemos de aquí media hora en el parque de siempre-dijo él.
-De acuerdo, eso está hecho, te quiero-dijo ella.
-Nos vemos, te quiero, preciosa-dijo él mientras colgaba el teléfono.

-Mamá, he quedado de aquí media hora, ¿puedo, verdad?-dijo Susanna.
-Bueno, vale, pero no vuelvas muy tarde, eh-dijo su madre.
-Vale, gracias, Mamá-dijo Susanna besándola en la mejilla y dirigiéndose a su cuarto.

sábado, 6 de julio de 2013

Novela. Capítulo 6.

No sabía cómo sentirme, después de tantísimo tiempo enamorada de él, después de tanto tiempo esperando a que uno de los dos moviera ficha y aclarara si sentía algo o no, después de todo lo que sufrí, después de todo por lo que pasé, apareció él. Y no, no fue para hacerme más feliz, esa felicidad pareció ser una mentira más, una traición más, un engaño más. Confié en él y él tan solo me supo dar menosprecio, burlas, risas, palabras como cuchillos clavados en el corazón como si de lanzas se trataran. Era el momento perfecto para acabar con esa tortura, no podía seguir con él, con alguien que pensaba que era un juguete, una muñeca, un objeto para él. Había llegado el momento, iba a dejar de ser un juguete para todo el mundo, se acabó, nadie volvería a jugar conmigo. Justo en ese momento, perdida en mis pensamientos, desperté al escuchar sus gritos, y recordé dónde estaba, y a la persona que tenía a centímetros detrás de mí, a Andy.

-¡Queily! ..¿Sigues ahí?..-dijo Andy algo pausado.
Había llegado la hora de acabar con todo, y ese era el momento perfecto para hacerlo. Estábamos los dos solos, bajo la oscura y fría noche, bajo la frialdad de un día sin piedad. Había llegado la hora de aclarar las cosas y terminar con todo ese dolor antes de que él lograra acabar conmigo.

-Andy, tenemos que hablar-dije yo más fría que nunca, como si en ese momento fuera realmente de hielo.
-Lo sé... Lo siento. No pretendía hacerte daño, ya sabes cómo me pongo cuándo algo me molesta-dijo Andy mirando al suelo.
-No me importa en absoluto que lo sientas o no, me da igual todo lo que pueda salir de tu boca. Yo misma me he dado cuenta hoy de cómo eres realmente. Pensé que de verdad no eras la persona que creí que eras al principio. Pensé que de verdad habías cambiado.
-Escúchame, no lo he hecho con mala intención. Déjame explicártelo-dijo Andy.
-No quiero escucharte. Estoy harta de ti, de tu actitud, de tu comportamiento, de todo. Escucha esto que voy a decirte atentamente, porque seguramente sea la última palabra que escuches de mi boca-dije yo más decidida que nunca.
-De acuerdo, te escucho...
-Se acabó. Te dejo, no quiero volver a verte en la vida, nunca más. No quiero escucharte, no quiero verte, no quiero volver a saber nada de ti. Dame por muerta, a partir de este momento, he dejado de existir para ti.
-Espera, no puedes irte así... No puedes dejarme así como así por una tontería...-dijo Andy.
-Esto no es ninguna tontería, y lo sabes a la perfección. No intentes excusarte. No han sido solo palabras, han sido hechos. Si de verdad me quisieras, nunca habrías hecho nada de todo esto.
-De acuerdo, como quieras...-dijo Andy aguantando sus lágrimas y la impotencia que sentía.
-Adiós Andy. Hasta nunca-dije yo dándome la vuelta y poniéndome a córrer sin mirar atrás dejando caer tristes y abundantes lágrimas como si se trataran de pequeños y diminutos bloques de cristal. Sin mirar aquello que había dejado ahí, sin mirar a lo que sería mi pasado, a lo que sería algo que no quería recordar.

-Adiós, Queily...-dijo Andy dejando caer sus lágrimas y cerrando sus ojos para no ver cómo me iba, cómo me dejaba perder, cómo me iba perdiendo a cada paso que daba. Cómo me iba distanciado cada vez más y más de él.

miércoles, 3 de julio de 2013

Mi historia, mi pasado, lo que era mi tortura, mi realidad.

¿Sabes ese momento en el que crees que todo se ha acabado, que nada volverá a ser como antes, que estás rota, que nada ni nadie volverá a pronunciar tu nombre si no es para acabar de destruirte por completo? ¿Sabes ese momento en el que sientes que no eres nadie, que eres un punto en una montaña de gente que no hace nada más que destacar, presumir, hundirte, odiarte, hacer que te odies, etc? ¿Sabes qué es sentir que tu existencia no vale ni un miserable céntimo? ¿Sabes qué es sentir que tu vida no vale ni lo más mínimo y que si pudieras le darías la poca salud que te queda a los más necesitados? ¿Sabes qué es sentir que tu corazón está roto, que aquella barrera que pareció irrompible se ha roto por completo? ¿Sabes qué es sentir que estás muerta aún sabiendo que sigues respirando? ¿Sabes qué es sentir que te ahogas con tu propia mierda, con tu propia vida, con tus propias lágrimas, en tu propio dolor y sufrimiento? Si sabes qué es y cómo se siente sentirse tan mierda, bienvenido/a a lo que hace unos años fue mi vida, mi mundo, mi realidad. Este texto no es un texto para contarte cuatro mentiras y engañarte para que me hagas caso y luego irme. Para nada. Este texto es para contaros mi historia, todo por lo que tuve que pasar. Puedo tardar todo lo que haga falta en contarlo con detalles y todo para que sepáis realmente que NO ESTÁIS SOLOS. Porque a pesar de que no nos conozcamos, yo estoy y estaré aquí siempre que acudáis a mí. No quiero ni me gusta repetirme, pero solo quiero que lo sepáis y lo tengáis siempre presente. Nunca sabes lo que tienes hasta que lo pierdes, ¿verdad? Pues en mi caso, no tenía absolutamente nada. Nada ni nadie hizo algo para salvarme, para ayudarme, para tenderme su mano, su ayuda. Nadie hizo nada para evitar que desapareciera. Nadie se dignó ni siquiera a ver qué es lo que estaba pasando realmente, nadie se dignó a ver el daño que sentía, el dolor que cada vez crecía más y más rápido y a la vez más intenso en mi interior. Nadie se limitó a hablarme, a decirme o a preguntarme cómo estaba, si me pasaba algo, etc. No voy a ser precisa, voy a contar tantos detalles como hagan falta. No nos conocemos, y solo espero que nadie que yo pueda conocer, llegue a leer esto alguna vez. Porque realmente no me gusta dar pena, pedir ayuda, etc. Pero a TODOS y cada uno de nosotros, nos hace falta que alguien venga, y aunque no queramos decirle qué nos pasa, mintamos o intentemos cambiarle de tema, se dé cuenta de que no estás bien y te ofrezca su ayuda ante todo. Cada día era una tortura más, cada día era un infierno más. El despertarme para ir al colegio no era ningún placer o satisfacción, al contrario. Temía el simple hecho de ir a ese lugar, de encontrarme con esa gente, de volver a ser tan y tan vulnerable como para sentirme muerta y ni siquiera llorar. Sentía que cada día me iba hundiendo más, que cada día me iba destrozando más a mí misma. Y que cada vez lograba odiarme más y más. Detestaba cada parte de mí, cada cosa que me definía, cada cosa que hacía que me sintiera así de mal, así de horrible. Nunca fue fácil pasar por todo aquello y sin embargo que nadie me ofreciera su ayuda o se preocupara por mí. Era como si realmente fuera invisible para todos, e incluso para mí misma. Sentía que ni siquiera yo veía un cuerpo vivo, alguien feliz, alguien con fuerza, alguien que mereciera todo aquello. Nunca dudé que si me fuera alguien fuera a lamentarlo o a llorar por mí ni que fuera mi familia. Pero aunque no lo parezca, no era eso lo que pretendía. Mi intento de encajar en esta sociedad se convirtió en algo destructivo para mi persona, para mí, para mi vida. No merecía pasar por eso, no merecía tener tantos problemas, ni siquiera que todos, absolutamente todos estuvieran en mi contra. Mi propia familia me detestaba, mis compañeros de clase me odiaban, incluso las supuestas "amistades" que hice por internet acabaron por destruirme del todo cuando no tenía a nadie. No es fácil ver cómo todos huyen de ti, cómo le das asco a todo el mundo. ¿Pero sabéis? Si hay algo que sé, es que mereció la pena pasar por todo eso, ha merecido la pena pasar por todas esas circunstancias, durante todos esos años y estos últimos meses, pude aprender muchísimas cosas, corregir miles de errores, y una vez más, conseguí darme cuenta de que lo más importante es mi felicidad, mi salud y sobretodo valorar y aceptar todo lo que tengo. Hace un par de días me volví a dar cuenta de que no importa los kilos que peses, no importa el físico que tengas, no importa lo que tú veas en el espejo o lo que ve la gente al verte por la calle o así, sino que lo que importa es lo que eres en realidad. No importa lo mal que lo hayas podido pasar. No importa nada más que lo que hay en tu interior, el físico siempre puede cambiar, siempre puede mejorar, pero si hay algo con lo que se puede conquistar el mundo y hacer feliz a cualquiera, es con un buen corazón y una personalidad. Sé que tal vez no te sentirás a gusto contigo misma/o, pero, sé que dentro de ti, en tu interior hay algo mejor que lo que muestra tu exterior o tu físico. Ese algo que muy pocos descubren de nosotros mismos, y que muy pocos saben valorar realmente, nuestra esencia, eso que hace que cada persona, que cada uno de nosotros sea único e especial a su manera.

By: Queily.