miércoles, 3 de julio de 2013

Mi historia, mi pasado, lo que era mi tortura, mi realidad.

¿Sabes ese momento en el que crees que todo se ha acabado, que nada volverá a ser como antes, que estás rota, que nada ni nadie volverá a pronunciar tu nombre si no es para acabar de destruirte por completo? ¿Sabes ese momento en el que sientes que no eres nadie, que eres un punto en una montaña de gente que no hace nada más que destacar, presumir, hundirte, odiarte, hacer que te odies, etc? ¿Sabes qué es sentir que tu existencia no vale ni un miserable céntimo? ¿Sabes qué es sentir que tu vida no vale ni lo más mínimo y que si pudieras le darías la poca salud que te queda a los más necesitados? ¿Sabes qué es sentir que tu corazón está roto, que aquella barrera que pareció irrompible se ha roto por completo? ¿Sabes qué es sentir que estás muerta aún sabiendo que sigues respirando? ¿Sabes qué es sentir que te ahogas con tu propia mierda, con tu propia vida, con tus propias lágrimas, en tu propio dolor y sufrimiento? Si sabes qué es y cómo se siente sentirse tan mierda, bienvenido/a a lo que hace unos años fue mi vida, mi mundo, mi realidad. Este texto no es un texto para contarte cuatro mentiras y engañarte para que me hagas caso y luego irme. Para nada. Este texto es para contaros mi historia, todo por lo que tuve que pasar. Puedo tardar todo lo que haga falta en contarlo con detalles y todo para que sepáis realmente que NO ESTÁIS SOLOS. Porque a pesar de que no nos conozcamos, yo estoy y estaré aquí siempre que acudáis a mí. No quiero ni me gusta repetirme, pero solo quiero que lo sepáis y lo tengáis siempre presente. Nunca sabes lo que tienes hasta que lo pierdes, ¿verdad? Pues en mi caso, no tenía absolutamente nada. Nada ni nadie hizo algo para salvarme, para ayudarme, para tenderme su mano, su ayuda. Nadie hizo nada para evitar que desapareciera. Nadie se dignó ni siquiera a ver qué es lo que estaba pasando realmente, nadie se dignó a ver el daño que sentía, el dolor que cada vez crecía más y más rápido y a la vez más intenso en mi interior. Nadie se limitó a hablarme, a decirme o a preguntarme cómo estaba, si me pasaba algo, etc. No voy a ser precisa, voy a contar tantos detalles como hagan falta. No nos conocemos, y solo espero que nadie que yo pueda conocer, llegue a leer esto alguna vez. Porque realmente no me gusta dar pena, pedir ayuda, etc. Pero a TODOS y cada uno de nosotros, nos hace falta que alguien venga, y aunque no queramos decirle qué nos pasa, mintamos o intentemos cambiarle de tema, se dé cuenta de que no estás bien y te ofrezca su ayuda ante todo. Cada día era una tortura más, cada día era un infierno más. El despertarme para ir al colegio no era ningún placer o satisfacción, al contrario. Temía el simple hecho de ir a ese lugar, de encontrarme con esa gente, de volver a ser tan y tan vulnerable como para sentirme muerta y ni siquiera llorar. Sentía que cada día me iba hundiendo más, que cada día me iba destrozando más a mí misma. Y que cada vez lograba odiarme más y más. Detestaba cada parte de mí, cada cosa que me definía, cada cosa que hacía que me sintiera así de mal, así de horrible. Nunca fue fácil pasar por todo aquello y sin embargo que nadie me ofreciera su ayuda o se preocupara por mí. Era como si realmente fuera invisible para todos, e incluso para mí misma. Sentía que ni siquiera yo veía un cuerpo vivo, alguien feliz, alguien con fuerza, alguien que mereciera todo aquello. Nunca dudé que si me fuera alguien fuera a lamentarlo o a llorar por mí ni que fuera mi familia. Pero aunque no lo parezca, no era eso lo que pretendía. Mi intento de encajar en esta sociedad se convirtió en algo destructivo para mi persona, para mí, para mi vida. No merecía pasar por eso, no merecía tener tantos problemas, ni siquiera que todos, absolutamente todos estuvieran en mi contra. Mi propia familia me detestaba, mis compañeros de clase me odiaban, incluso las supuestas "amistades" que hice por internet acabaron por destruirme del todo cuando no tenía a nadie. No es fácil ver cómo todos huyen de ti, cómo le das asco a todo el mundo. ¿Pero sabéis? Si hay algo que sé, es que mereció la pena pasar por todo eso, ha merecido la pena pasar por todas esas circunstancias, durante todos esos años y estos últimos meses, pude aprender muchísimas cosas, corregir miles de errores, y una vez más, conseguí darme cuenta de que lo más importante es mi felicidad, mi salud y sobretodo valorar y aceptar todo lo que tengo. Hace un par de días me volví a dar cuenta de que no importa los kilos que peses, no importa el físico que tengas, no importa lo que tú veas en el espejo o lo que ve la gente al verte por la calle o así, sino que lo que importa es lo que eres en realidad. No importa lo mal que lo hayas podido pasar. No importa nada más que lo que hay en tu interior, el físico siempre puede cambiar, siempre puede mejorar, pero si hay algo con lo que se puede conquistar el mundo y hacer feliz a cualquiera, es con un buen corazón y una personalidad. Sé que tal vez no te sentirás a gusto contigo misma/o, pero, sé que dentro de ti, en tu interior hay algo mejor que lo que muestra tu exterior o tu físico. Ese algo que muy pocos descubren de nosotros mismos, y que muy pocos saben valorar realmente, nuestra esencia, eso que hace que cada persona, que cada uno de nosotros sea único e especial a su manera.

By: Queily.

No hay comentarios:

Publicar un comentario