martes, 16 de julio de 2013

Novela. Capítulo 7.

Es extraña la manera en la que aquello que creíste que duraría para siempre o por mucho tiempo tan solo se convierte en una historia más, en una mentira más, en un engaño más. En algo que se te hace imposible olvidar, en algo que no quiere irse, que no quiere desaparecer. En algo que te impide ser libre, que te impide ser feliz, que te impide sonreír. Y que incluso hace que te sea imposible no llorar, no lamentarte, no arrepentirte, no sentirte culpable, no sentirte rota, perdida, derrumbada, sin saber por qué volviste a caer en la trampa de alguien que solo supo jugar contigo.

Sé que ha llegado la hora de anteponer mis principios y mi dignidad a lo que siento, y eso haré. Se acabó el permitir que alguien me lastime, despedace o juegue conmigo. Se acabó el sufrir, el ser buena con quien no lo merece, se acabó el confiar en quien solo me llena de decepciones y de mentiras. Se acabó el ser un juguete para los demás, se acabó el ser alguien a quien nadie sabe respetar o valorar. Se acabó el anteponer mi felicidad a la suya. Es hora de demostrar lo que valgo, de hacerme respetar, de dejar a un lado lo que siento, y de centrarme en lo que merezco, y no en lo que quiero o deseo. Mi corazón será como el hielo, y mi vida como el fuego, viva y a la vez llena de luz y de color, seré tan viva que ni siquiera recordarán lo frágil que llegué a ser.


Mientras tanto, en casa de Susanna...

-¡Susanna, el teléfono, es para ti!-dijo la madre de Susanna mientras ella corría a cogerlo.
-¿Quién es?-dijo ella.
-No lo sé, solo sé que te buscan a ti-dijo su madre.
-Vale, me voy a mi cuarto-dijo Susanna.
-¿Hola?-dijo ella.
-¡Hola, Susanna! Soy Eloi-dijo muy alegre.
-Oh, Eloi, cuánto tiempo. Llevo días sin saber nada de vosotros-dijo ella entusiasmada.
-¿Qué tal va todo por ahí?-dijo Eloi.
-Muy bien, echándote de menos, para qué mentir, aunque también a los chicos, claro. ¿Y tú?-dijo Susanna poniéndose roja y riendo.
-Muy bien también, aunque también echándote de menos. Esto no es lo mismo sin ti, preciosa-dijo Eloi con una gran sonrisa y enrojeciéndose.
-Aish, no me digas esas cosas, que me pongo roja-dijo ella riendo.
-Es imposible no decirte lo preciosa que eres, tanto por dentro, como por fuera-dijo Eloi.
-Sht. Dejémoslo, no quiero escuchar más mentiras, hum-dijo Susana fingiendo estar enfadándose.
-Vale, vale, no me muerdas-dijo Eloi riéndose mientras Susanna también lo hacía.
-¿Sabes algo de los chicos?-dijo Susanna.
-Qué va, era uno de los motivos por los que te he llamado.
-¿Ni siquiera de Andy?
-Bueno, la verdad es que la última vez lo vi bastante tocado y afectado por lo de Queily...
-Ya... Bueno, después de todo Queily sufrió mucho por su culpa. Llevo días sin saber nada de ella. Pensé en llamarla, pero tiene el móvil apagado, y siempre que llamo a su casa su madre me dice que no está. Es extraño, me empieza a preocupar...-dijo Susanna.
-No creo que debamos preocuparnos, Queily sabe cuidar de sí misma, seguro que está bien. Después de lo mal que lo pasó debe haber estado ausente a todo, supongo. Y es lo normal-dijo Eloi intentando tranquilizarla.
-Sí, supongo que tienes razón-dijo ella sonriendo.
-¿Sabes? He estado pensando estos días en todo lo que ocurrió, y pienso que deberíamos aprovechar que hace días que no nos vemos, para pasar toda la mañana juntos-dijo Eloi.
-Me parece una idea estupenda-dijo Susanna entusiasmada.
-Vale, entonces nos vemos de aquí media hora en el parque de siempre-dijo él.
-De acuerdo, eso está hecho, te quiero-dijo ella.
-Nos vemos, te quiero, preciosa-dijo él mientras colgaba el teléfono.

-Mamá, he quedado de aquí media hora, ¿puedo, verdad?-dijo Susanna.
-Bueno, vale, pero no vuelvas muy tarde, eh-dijo su madre.
-Vale, gracias, Mamá-dijo Susanna besándola en la mejilla y dirigiéndose a su cuarto.

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