miércoles, 4 de septiembre de 2013

Atacada por la hipocresía de la gente, pero también de la sociedad.

Supongo que debería afectarme más el hecho de que mi propia familia se avergüence de mí. Siento que hacen todo lo posible y lo que está en su mano para alejarme de los demás. En cuanto vienen invitados, familiares, vecinos, conocidos, etc, me piden que me esconda, o mejor dicho, me obligan a quedarme en una habitación, sola, encerrada y perdida en mis pensamientos como en mi propio mundo.

Supongo que el hecho de no llevar pañuelo, de reírme a todas horas, incluso comiendo, afectan mucho al hecho de que se avergüenzan de mí. Eso no viene solo de ahora, sino que eso me viene desde bien pequeña. Siempre comía sola. Incluso cuando vienen mis hermanos o así acabo comiendo sola en la cocina o en mi habitación.

No podía creer que mi propia madre me dijera que me quitara las gafas cuando fuéramos a cenar a la casa de la futura esposa de mi hermano. Fue ayer, pero me parece algo mucho más cercano que lejano.

Supongo que me merezco todo esto. Nada de compasión.

Mi familia siempre ha intentado alejarme de la gente, y esconderme en una habitación o donde fuera que sea.

Ahora que tengo gafas y aparatos, a parte de una frente grande, parece que todavía quieren que cuanta menos gente me vea, mejor. Incluso un primo pequeño, se burló de mi aspecto.

Lo tengo claro, nada de novios. No quiero sufrir más.

Nadie iba a querer estar conmigo, así que esa es la solución más razonable.

He adelgazado muchísimo desde mi llegada aquí, y eso es algo que me preocupa demasiado. ¿Será una señal de que estoy volviendo a recaer? ¿Será una señal de que mi subconsciente estaba haciendo que se me quitaran las ganas de comer para así adelgazar? Yo no quiero ser thinspo. Yo no quiero estar delgada, ya lo estaba, ya lo estoy… Demasiado hueco entre mis piernas. Demasiada delgadez en tan poco tiempo. ¿De verdad es esto lo que quería? ¿De verdad quiero seguir con esto? ¿Quiero verme en los huesos para reírme de mí y destrozarme a mí misma como hacen los demás aunque yo siempre esté fingiendo, aguantando y camufle mi dolor? No sé cuánto debo pesar, pero no entiendo por qué, hay algo que me hace querer pesar 45 al pesarme en la báscula de ahí… Hay algo que hace que quiera seguir adelgazando hasta cansarme… Yo no quiero. Me había vuelto a curar, no puedo volver. Siento que quiero ver ese número en la báscula, siento que quiero ver mi barriga sin grasa. Para esto. Páralo. Aquí no tienes ni médicos buenos, ni nadie que pueda ayudarte a levantarte o dejar que te desahogues con ella/él. No quiero adelgazar más. O mejor dicho, siento que una parte de mí quiere, y otra quiere comer. Eres fuerte, aguanta. Sé que puedes. Sé que puedes…

No dejes que te destruyan.
No lo permitas. 
Tú eres fuerte, muy fuerte.
Eres increíblemente valiente.

No temes al peligro, tan solo temes al hecho de no saber actuar bien frente a él.
Pero no huyes, te enfrentas a él.
La lucha será entre mis demonios y mi propia voluntad. Poder y no querer, o querer y no poder.
Lucharé contra el hecho de comer y de no comer.
Ey, no. Elimina esos pensamientos de tu cabeza.
Puedes llegar a ser una inmensa y grandiosa psicóloga.
Te has superado millones y cientos de veces, y yo sé que lo seguirás haciendo tan bien o incluso mejor que hasta ahora. Puedes con todo, no te rindas.

No mereces ver tu rostro hundido en el dolor, no mereces verte ahogada en un mar de depresión. Tú tomas el control de tu cuerpo, puedes pensar lo que te dé la gana, pero lo importante y lo que no debes hacer es hacer lo que te dictan esos demonios. Volverán a desaparecer en cuanto tú luches contra ellos y no con ellos. Ellos no son tus aliados. Son tus enemigos.

Solo serás tú quien decidirá si luchar o rendirte.

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