martes, 3 de septiembre de 2013

Dolor invisible.

Estoy de aguantar sus provocaciones, de aguantar sus rabietas, sus enfados, de tener que aguantar que me haga sentir todavía más culpable por no poder elegir la vida que quiero tener y cómo o de qué manera quiero que sea. Estoy harta de vivir atada a mi familia. Necesito que alguien me saque de este agujero. Siento que todos llegarán a tener pareja menos yo. Siento que soy un cero a la izquierda. Que ni siquiera siendo delgada y estudiosa voy a llegar a ser alguien para los demás. Siento que mi familia se avergüenza de mí. ¿Y qué decir de mis “amigas”? Ellas siempre están tan felices y alegres, y sin embargo no tienen el mejor físico, al igual que yo, pero siempre siento que muchos intentan hacer que te sientas inferior a los demás con sus comentarios, acciones, etc. Estoy harta de fingir, de aguantar, de tener que soportar tanta carga día a día. De tener que ser yo a escondidas porque ni salgo ni me quieren sacar de mi pequeña prisión. Quiero ser libre, y a la vez tener a alguien que aunque sepa protegerme sola, me protegiera. En todo este tiempo he cambiado tantísimo que dejé de ser una mosquita muerta para ser una chica impulsiva, que se defiende, o que muchas veces actúa con indiferencia. Pero lo que no sabía antes, es que aquí y mi propia familia, quieren que sea una mosquita muerta. No se dan cuenta de que lo que más les gusta es tranquilidad, paz, saber estar, respeto, educación, sensatez, etc. Cuando ellos lo único que dan son gritos, chillidos, rabietas, enfados, desgracias, provocaciones, faltas de respeto, etc. Estoy harta. Ya no sé cómo sentirme. Soy medio fría y medio impulsiva. No sé qué hacer. Ya no sé qué hacer con mi futuro, porque ni siquiera sé qué hacer con mi presente. Vivo en un continuo: “-¿Cómo estás? –Bien. (Sonríe).” Cuando por dentro estoy quemada, estoy destrozada, estoy hundida, estoy ardiendo. Siento que nadie es capaz de ver las llamas que arden en mi interior, siento que mi familia no me entiende, no intenta comprender por qué hago lo que hago, no intentan ser unos padres o unos hermanos normales. Quiero ahogarme en mi dolor, en mis lágrimas. No quiero volver, pero tampoco quedarme.  Aquí estoy alejada de ellos, no podrán ayudarme, escucharme o hacer que me sienta querida. Necesito un puto abrazo, y lo peor es que nadie puede dármelo. Ni estando aquí, ni ahí. Nadie va a darme un puto abrazo de corazón. Porque las personas que me lo darían están a miles de kilómetros de mí. Estoy harta de ver cómo voy volviéndome de piedra, cómo voy perdiendo mi saber estar, mi tranquilidad, mi plenitud, etc. Estoy harta de ver cómo voy cambiando mientras mi alrededor parece que no cambiará jamás. 

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