miércoles, 4 de septiembre de 2013

Novela. Capítulo 8.

Sentía cómo el calor del mediodía me iba sofocando hasta envolverme en una sensación de calor insoportable. Ya no sabía qué sentir, qué hacer, qué decir, o cómo actuar. Lo único que era capaz de hacer, era pensar.

Después de todo lo que ocurrió con Andy ya ni siquiera sé lo que quiero y lo que no. Solo se me ocurre que él es un desgraciado, que nunca me ha merecido, y que nunca ha sido capaz de valorar lo que tiene antes de perderlo.

Nadie ha dicho que sea demasiado tarde. Pero pienso y pienso, y la verdad, no me lo imagino apareciendo en mi casa para pedirme perdón como dios manda y hacerme cambiar de opinión respecto a él y a lo sucedido.


A veces siento que le extraño, otras que lo odio, y otras, en cambio, siento que lo aprecio tanto que sería incapaz de mentirle acerca de lo que siento y pienso de él. No podría soportar que se atreviera a preguntármelo. Necesito desconectar. No sé. Necesito tomarme un respiro, tener tiempo para mí.

Pensar, reflexionar, y darme la oportunidad de sentirme libre, de sentir que yo soy quien toma las riendas de mi vida, sentir que soy yo quien decide hacia dónde irá mi destino, cómo será y con quienes lo compartiré.

Me sentía ajena al mundo, ajena a la vida, repleta de vida, de fuerza, y a la vez, de dolor.

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