miércoles, 4 de septiembre de 2013

The sky is limit of the hell. Capítulo 2.

Barbie y Ken pasaron la noche en el cementerio, en busca de una experiencia nueva que vivir. Al pasar la medianoche, Barbie se despertó porque necesitaba ir al baño, y cuidadosamente, sin despertar a Ken, intentó buscar la puerta que daba al exterior del cementerio.

Sin darse cuenta, se adentró todavía más en el grandioso “bosque” de los muertos. Por suerte suya, había luna llena, que iluminaba y daba un poco de vida a esa fría y oscura noche, que sin lugar a dudas, no sería una noche cualquiera.

En cuanto Barbie se percató de que se había adentrado más en el cementerio, se paró en seco. Se quedó boquiabierta, perpleja, sin aliento. Unos segundos más tarde recobró la respiración, ya que del inmenso susto que se había llevado y que le había cortado la respiración, su piel se había empezado a poner violeta, cosa que no le favorecía en absoluto.

Abrió los ojos como platos, e inmediatamente analizó todas y cada una de las partes que formaban aquel siniestro lugar. Se dió cuenta de que ya era pasada media noche cuando escuchó los aullidos de los lobos en la lejanía, los ruidos que desprendía ese fantástico y a su vez, ese terrible lugar.

Estaba rodeada de tumbas, cosa demasiado normal estando en un cementerio, pero su corazón dio un vuelco al sentir el fresco aliento de un ser desconocido en su piel. Se quedó inmóvil, sin mostrar señales de vida, cerró los ojos, y deseó que solo fuera su imaginación.

En cuanto se giró, no vió a nadie. Aliviada de ver que solo era su imaginación, suspiró. Y justo después, notó un extraño sentimiento de calor en sus caderas, como si algo u alguien se las estuviera sujetando. Miró a un lado y a otro, y no vió nada.

Decidió que no era nada aconsejable volverse a dar la vuelta, así que decidida, puso las manos en sus caderas tan rápidamente, que logró posarlas encima de eso que sintió anteriormente.

Tragó saliva, cerró una vez más los ojos, y se giró al instante. Al ver a Ken, ella lo miró con su mirada penetrante y desafiante a la vez. Sus ojos rojizos reflejaban miedo, el cual ni siquiera se dignó a mostrar.

Ken la miró como arrepentido, pero enseguida le sonrío de una manera increíblemente acusadora.


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