viernes, 20 de septiembre de 2013

Tus ojos veo brillar,
mientras dejo de hablar.
Veo tus lágrimas caer,
humedeciendo tus mejillas.

Siguiendo el contorno de tu cara,
de tu piel, de la comisura de tus labios.

Sobre pasaron el límite.
Mejor incluso, tus labios,
y parece que no saben a nada más que a amargura,
que a dolor, que a sufrimiento.

Dejemos de atormentarnos,
por algo que jamás ocurrirá,
por algo que nunca sucederá,
por algo que no pasará.

Somos marionetas del destino,
esclavos del tiempo,
reyes y jefes de nuestra vida.

Esas palabras,
cuyo único objetivo son defender mis principios,
mi libertad, mi opinión, mi expresión.

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