sábado, 16 de noviembre de 2013

Frío.

Siempre he pensado que no hay nada como sentir la brisa del mar sobre volando tus miedos, tus temores, tu dolor. Estar en la cubierta de un barco es algo mágico, increíble. Si cierras los ojos un momento, y te dejar llevar por el frío y por el fuerte viento que insiste en levantarte, sentirás como si por unos segundos, estuvieras en una nube. Y quizás el frío es una de las mejores sensaciones del mundo. Sentir cómo se te va erizando la piel, cómo empiezas a temblar, cómo empiezas a sentirte tan helada como el hielo, tan fría como la nieve, tan profunda como el mar. Y es que, sin duda, no hay nada que supere el hecho de ser capaz de sentir el frío acariciar tus mejillas, entrecortando tus labios, exhalando la amargura de la fría noche, suspirando esos inmensos deseos corrompidos por el tiempo, por la vida. Inhalando tus penas y tus alegrías, pero sobretodo, inhalando tu verdadera fortaleza, la sinceridad.

By: Queily.

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