miércoles, 20 de noviembre de 2013

Seamos sinceros con nosotros mismos, ¿o acaso no nos lo merecemos?

Siempre he pensado que si hemos llegado a este límite, a este punto, es porque la gente se ha dejado llevar demasiado por lo que los demás puedan pensar de él/ella. Eso ha provocado grandes problemáticas, en varios aspectos. Jamás lograremos volver a recuperar nuestro yo interior sin antes acabar con aquello que lo destruyó, la hipocresía. Dejémonos de tonterías. ¿Qué somos, animales o personas? ¿Personas o marionetas? ¿Juguetes o luchadores? ¿De verdad dejaremos que nos manipulen y nos destrocen a su antojo? Por favor, un poco de sensatez. Hoy en día es lo que más falta hace, y sin embargo, lo que menos se encuentra.

Estoy simplemente harta de encontrarme cada vez con más gente sin escrúpulos que no saben hacer otra cosa que despedazarnos, que acabar con esas pequeñas fuerzas que nos quedan para mantenernos como siempre en pie, con una sonrisa inmensa en la cara, y con ganas de acabar con cualquiera que se anteponga a nuestros deseos.

¿No es curioso que siempre acabemos amando y enamorándonos de aquello que más daño nos hace? La respuesta a este extraño suceso, supongo que solo puede explicarse mediante esto: necesidad de sentir.
El dolor nos hace sentir vivos por muy muertos que nos sintamos o que estemos. Como dicen, respirar, no es sinónimo de vivir. El dolor nos alimenta, nos provoca sensaciones y emociones inexplicables, realmente tentadoras y fascinantes. ¿Cómo podríamos evitar caer en eso? No es un error enamorarse de algo que te mata, porque cuando algo es capaz de hacerte sentir que te está matando, es porque se ha vuelto tan importante para ti, que incluso necesitas sentir algo que provenga de esa persona por mucho que sea dolor.

Aunque muchas veces lo dudemos, todo esto no tiene nada que ver con la dignidad ni todas esas mierdas que nos cuentan y que nos hacen creer. Digamos que hay que saber adaptarse a lo que uno vive y siente. El orgullo muchas veces puede con nosotros, porque lo que sentimos supera la realidad y todo lo que antes desconocíamos. Digamos que no hay nada que podamos hacer para huir de aquello que está en nuestro interior. No puedes huir de lo que sientes, ni de lo que eres. Solo puedes luchar por hacer que esas cosas que tanto te avivan, animan y te hacen sentir viva/o, feliz y alegre, te hagan sentir dolor de tal forma que por muy insoportable que sea ese dolor, haga que tú permanezcas con vida, por el simple hecho de saber qué pasará.

Y he aquí el verdadero motivo por el que merece la pena sufrir y sentir dolor, porque nos aviva, nos hace sentir que a pesar de que sintamos que estamos en un sin sentido, en un mundo sin solución, siempre hay algo que nos libera, que nos hace sentir sentir especiales por mucho que lleguemos a despreciarnos e infravalorarnos a veces. La verdadera esencia para vivir realmente, es hacerte sentir vivo sin lastimarte ni a ti, ni a los demás. ¿Cómo? Haciendo de lo que tienes y de lo que eres, lo mejor para ti.

Así que recordad, el amor es cierto que muchas veces nos mata, pero como he dicho, nos alimenta, nos mantiene vivos, impacientes por saber qué ocurrirá. Nerviosos, esperanzadores, y sobretodo, nos devuelve esa sonrisa tonta que hace que aunque el mundo entero que nos venga encima, logremos mantenernos firmes y decir: "Lo siento, pero todo esto ya no puede conmigo. Me he vuelto mucho más fuerte que mi auto destrucción." 

By: Queily.

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