viernes, 31 de enero de 2014

Alma oscura.

Despedaza tu paso,
tu vida,
tu corazón,
apaga tu mente.

No sabes qué haces,
solo sabes,
que eres fuerte,
como el hierro,
y frágil,
como el cistal.

Eres hielo,
y a su vez,
fuego.

Te hundes,
subes,
y vuelves a caer.

¿Esto es vida?

Te hartas,
te agobias,
no cedes, 
no rindes,
pero tampoco abandonas.

Saludas la luz, 
desde el laberinto,
de la oscuridad,
 que te encierra, 
en tu mísero ser.

Olvida tu vida,
tu presente,
tu pasado,
tu futuro,
pero recuerda,
eres fuerte,
aguantas.

Corazón sin vida.

Espinas en el corazón,
huellas imborrables,
cuchillas clavadas,
en el fondo de mi alma.

Alma sin vida,
oscura,
despedazada,
cortante.

Desgarradoras garras del pasado,
pisado sin piedad,
desencajado,
vacío,
incompleto.

Corazón ardiente,
y frío a su vez.
Pide al infierno, que venga a por ti,
o pide al cielo, 
que rece por ti.

No hace falta, derramar sangre,
para sentir dolor.
No hace falta estar muerta,
para sentir que no existes.

No hace falta, 
clavar espinas, 
en un corazón sin vida,
para sentir cómo sufre.

Destino sin rumbo,
sin sentido,
sin futuro,
sin vida.

Muere, muere, 
horrible pasado,
y déjame liberarme,
de la oscuridad,
que se apiada,
de mi mente,
de mi alma.

Suspiros.

Anhelos desvividos,
soledad anticipada,
voces acalladas,
desgastadas de tanto gritar,
cansadas de tanto callar.


Corazón amargo.

Recuerdos rotos,
pisados,
acallados,
apagados.

Desgarrados,
golpeados,
como el corazón,
que me mata,
y me aviva.

Frío.

Frío y helado corazón,
roto por la vida,
frágil como el cristal,
pero a su vez,
resistente como el hierro.

Armaduras que destapan,
otras que encierran,
y ostentan y aguardan,
la vida sin color.


Bosques apagados.

Inundados de verdad,
sofocados por la vida,
de una existencia sin piedad.

Ahora le sonrío a la muerte,
sabiendo que no hay vida,
sin antes haber vivido en el infierno,
no hay gloria sin victoria,
pero tampoco hay sonrisas,
sin lágrimas, ni paraísos sin infiernos.

Me adentro en él,
buscando un recuerdo,
un rastro de aquel ser.
Despiadado y honorable a su vez,
pero traicionero y frío a su realidad.

¿Podría asemejarse la vida a esto?
Podremos vivir muriendo,
o podremos morir viviendo.




Día gris.

Contemplo mi ventana, 
en busca de algo que observar,
con los ojos entreabiertos, 
y el corazón hecho pedazos.

Con una sonrisa,
recuerdo la vida, 
y con una carcajada,
me burlo de ella
y de su maldad.

Mortífera existencia,
dolor que nos aviva,
alegrías corrompidas,
por un corazón opuesto.

Alegre la vida, 
y amarga a su vez,
y agridulce a su paso.

Hundida en el mar,
siempre, supe,
supe cómo salir,
cómo no rendirme. 

lunes, 20 de enero de 2014

Empty heart. (Corazón vacío.)

Dark heart,
broken for time,
because you lost your fight,
your life, but you're alive.

Your heart,
your pain,
your tears,
your dark world,
your darkness.

You know,
you're sad,
but you don't make nothing.

You just can observe,
but don't cry,
you're strong,
you're can break this hell.

En castellano:

Corazón oscuro,
roto por el tiempo,
porque usted perdió su lucha,
su vida, pero está vivo.

Su corazón,
su dolor,
tus lágrimas,
su mundo oscuro,
su oscuridad.

Lo sabes,
estás triste,
pero usted no hace nada.


Solo puedes observar, 
pero no llores,
eres fuerte,
puedes romper este infierno.

domingo, 19 de enero de 2014

Mortífera existencia.

Mordazas de papel,
ataduras de sangre,
garras de hierro,
corazones de hielo.

Palabras retumbando,
en mis oídos,
cálidas respiraciones,
helándose por el frío,
que te llena de vacío.

Paredes cristalinas,
derrumbándose en tu mente,
acallando tus voces,
cortando tus palabras.

Entrecortando tu respiración,
congelando tus entrañas,
desgarrando tu corazón,

aplastando tus pulmones.

Corazones sin sustento.

Frías manos congeladas,
pasos cansados, pausados,
hartos de seguir, de decaer,
de permanecer en lo más oscuro de mi mente.

Cedes al dolor,
lúgubre e insensata vida,
crueles pasos hacia el norte,
o quizá hacía un puente sin huida.

Vive del clamor de un corazón sin vida,
unos pálpitos sin color,
sin ruidos que los mantengan vivos.

Pálpitos descontrolados,
al ver caer un mundo,
al hacer invisible un corazón lleno de dolor.

Inútil veneno que corrompe mis venas,
intenta salvarlas de la muerte,
intenta llenarlas de vida,
pero tan solo les acorta esa pequeña luz.

Pusimos manos ante esos corazones,
pusieron espinas, cuchillos, cristales rotos,
pusieron de todo en ellos menos verdades,
menos sinceridad.

Quedaron vacíos por el tiempo,
fríos,
rotos,
apuñalados sin piedad.

¿Podremos callar las voces,
de esa mente infernal?
¿Podremos hacer invisible el dolor?
¿Podremos acallar el sufrimiento de esa voz rota,
apagada, muerta?

Garras desvividas.

Penumbras surgidas del dolor,
corazones abiertos sin piedad,
rotos y despedazados por el tiempo,
por la vida corrompida,
de un sueño sin sustento.

Macabras palabras,
de un corazón despierto,
desolado, muerto en realidad,
pero vivo a su manera, y apagado a su verdad.

Un veneno que me espera,
que me ostenta y me aguarda,
en la espera de la vida,
de la calma de una huida.

sábado, 18 de enero de 2014

Huellas imborrables

La huella que dejaste en mí,
fue tan grande, tan impredecible,
tan imborrable.

Imposible de olvidar, 
imposible recordar la luz de un corazón sin calor.

Olvidé cómo amar, 
cómo sentir,
qué debo sentir y qué no,
qué es bueno para mí y qué no.

Olvidé cómo arriesgarme, 
cómo no sentirme culpable,
cómo no hacer sentir a nadie mal.
olvidé cómo no sentir.

Tan ajeno a mí a simple vista, 
y sin embargo, tan presente en mi interior,
mi dolor no se fue, ni se va, ni se irá,
pero esa llama de esperanza, 
haré que jamás me abandone como tú lo hiciste.

Pocas lágrimas derramé para ti,
si las derramé fue por mí,
por no saber poner un límite, 
entre lo doloroso, y lo exageradamente cortante.

Cuando un corazón se vuelve cortante,
es cuando empiezas a darte cuenta,
cuando te percatas de la verdad,
de que nada ha cambiado, 
y que a la vez, nada es igual, 
ni lo será.

Todo cambió, 
para no volver a suceder. 

Rastros invisibles a los ojos.

Sórdidas penumbras de la realidad,
que nos encierra,
que nos atrapa,
que nos estanca sin cesar.

Palabras rotas de personas frías,
fríos corazones,
estancados en armaduras de acero,
y sin embargo, rotas por garras invocadas por el mal.

Un mal que no cesa,
que nos corrompe,
nos apaga,
nos mata,
y que a la vez, nos aviva.

Sucumbes a la oscuridad,
al negror de un corazón sombrío,
que se cree solitario sin serlo,
que se cree vivo, sin estarlo,
que quiere avivarse sin estancarse.

Duras cenizas de un cuerpo sin vida,
fuertes rayos de luz de una pequeña llama,
que revive tan rápido como se desprende de tu ser.

Restos de verdades,
mentiras quemadas,
olvidadas, quizá, o mejor dicho,
por olvidar, pero por supuesto, superadas.