domingo, 19 de enero de 2014

Corazones sin sustento.

Frías manos congeladas,
pasos cansados, pausados,
hartos de seguir, de decaer,
de permanecer en lo más oscuro de mi mente.

Cedes al dolor,
lúgubre e insensata vida,
crueles pasos hacia el norte,
o quizá hacía un puente sin huida.

Vive del clamor de un corazón sin vida,
unos pálpitos sin color,
sin ruidos que los mantengan vivos.

Pálpitos descontrolados,
al ver caer un mundo,
al hacer invisible un corazón lleno de dolor.

Inútil veneno que corrompe mis venas,
intenta salvarlas de la muerte,
intenta llenarlas de vida,
pero tan solo les acorta esa pequeña luz.

Pusimos manos ante esos corazones,
pusieron espinas, cuchillos, cristales rotos,
pusieron de todo en ellos menos verdades,
menos sinceridad.

Quedaron vacíos por el tiempo,
fríos,
rotos,
apuñalados sin piedad.

¿Podremos callar las voces,
de esa mente infernal?
¿Podremos hacer invisible el dolor?
¿Podremos acallar el sufrimiento de esa voz rota,
apagada, muerta?

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