domingo, 30 de marzo de 2014

MI VERSIÓN DE CÓMO ME HABRÍA GUSTADO QUE SIGUIERA LA SAGA DE:
LOS LOBOS DE MERCY FALLS(Maggie Stiefvater)

(Esta es una versión de cómo me habría gustado que acabara la saga, teniendo en cuenta que esta es una versión de un supuesto 4º libro, y que en la saga, no hay un 4º libro. No pretendo robar ningún derecho ni nada, la idea es única y exclusivamente de Maggie Stiefvater, solamente dejo claro que esta una simple recopilación de ideas sobre cómo me gustaría que finalizara esta saga, y  que quiero compartir con vosotros, nada más.)

By: Queily.



Sinopsis.

Las cosas se habían vuelto más tranquilas para todos, tanto como para Sam y Grace, como para Cole e Isabel. Después de haber estado durante tantísimo tiempo esperando que algo ocurriera con la manada, que alguien despertara, y les ayudara a encontrar una cura, y que cada uno fuera capaz de tomar las riendas de su vida sin que el tiempo ni el hecho de ser un licántropo les impidiera dirigir su vida y hacer con ella lo que quisieran, las cosas seguían yendo mal para Sam y Grace, y seguían simplemente yendo para Cole e Isabel.


Capítulo 1.
Sam
Podía sentir cómo mi piel se erizaba cada vez que pensaba en Beck. Se me hacía imposible no recordar aquella imagen de él retorciéndose en el suelo del sótano para dar paso al Beck que conocía, y a la parte de Beck que acabé conociendo en ese mismo momento.
Él siendo humano, nada de un lobo, nada de licántropos, por unos minutos, pudo ser realmente él. En todos los sentidos. Pero el recuerdo que más recorrían mis pensamientos era la desastrosa imagen del cuerpo de Beck completamente destrozado, de su piel de lobo llena de cicatrices que ya nunca más volverían a ser capaces de cicatrizar.
No sabía cómo sentirme, ni siquiera si llorar, si reír de desesperación, o si simplemente no hacer nada y guardar mi dolor y mi inmensa pérdida del único padre de verdad que había tenido en una de las cajas que él mismo me enseñó a crear en mi cabeza para hacer desaparecer a los malos recuerdos y dar paso a los buenos.
En ese momento comprendí lo que eso significaba, Beck me enseñó aquel método para guardar mis recuerdos, tanto malos como buenos en cajas imaginarias, que solo existían en mi cabeza por la razón de que si alguna vez le pasaba algo o simplemente no nos volvíamos a ver, pudiera sacar de las cajas los recuerdos de él, tanto buenos como malos, para sentir que estaba cerca a pesar de que estuviera a miles de kilómetros camuflado en un cuerpo rodeado de pelo que era incapaz de reconocer.
No sabría cómo iba a superar el hecho de que ya no había ninguna posibilidad, por remota que fuera, de que Beck volvería. Ni siendo un licántropo, ni siendo humano, simplemente estaría descansado en alguna parte que muchos desconocen, un lugar entre la maldad y la bondad, pero yo ya sabía cuál era su lugar, cuál era el lugar al que pertenecía Beck.
Pertenecía al lado de la bondad, cometió errores como todos lo hacemos, pero los aceptó y los corrigió. Y lo más importante es el hecho de que hizo que tanto mi vida como la de Cole, se reconstruyeran completamente en algo que siempre deseamos, en una vida nueva, repleta de emociones y sentimientos nuevos, pero sobretodo, de vivencias y experiencias que jamás olvidaremos.

Capítulo  2.
Grace
Se me hacía extraño pensar en la muerte de Beck, en la desaparición de Cole antes de que reapareciera de la nada en la península que nos enseñó Koenig y en la que ahora se encontraba la manada, y en la cura que dijo que había encontrado. Confiaba en Cole, pero no sabía si confiaba en la meningitis, la cual podía curarme, pero también podía matarme.
No sabía cómo reaccionaría mi cuerpo ante la meningitis, pero lo que más me preocupaba era cómo actuaría mi cuerpo ante la posible muerte o complicación del plan. Lo realmente extraño era que no estaba preocupada por el posible hecho de que la cura de Cole fuera nula para mí, porque yo confiaba en él, y también en su astucia. Lo que realmente me preocupaba era dejar solo a Sam durante el proceso. Aunque no lo dijera, yo sabía que él temía la posibilidad de que el plan no funcionara y yo no regresara junto a él.
No tenía motivo para pensar en eso, tenía que confiar en Cole como lo había estado haciendo hasta ahora, confiar en la cura, y sobretodo, confiar en que la cura haría efecto en mí. Todo saldría bien, después de todo lo sucedido hasta ahora y de lo mucho que todos hemos estado sufriendo por los problemas y complicaciones que nos han ido rodeando y alcanzando, nos merecemos un poco de calma y de felicidad. Muy pronto confiaba en que nos vería a los cuatro, contemplando la manada, a la luz de la luna y de las hermosas estrellas, mientras contábamos lo interesante y emocionante que había sido toda esta historia de los lobos, y al mismo tiempo, lo peligrosa y arriesgada que nos había resultado.

Capítulo  3.
Cole
No podía pensar en otra cosa que no fuera en ella. Era demasiado extraña la manera en la que la extrañaba ahora y al mismo tiempo la manera en que la había rechazado aquel día en su habitación cuando me incitó a tener sexo con ella. Ahora el término “tener sexo”, me parecía realmente desconocido, como si para mí esas dos palabras hubieran dejado de tener sentido.
No me reconocía. ¿De verdad era el Cole ligón, que se acostaba con miles de chicas a las cuales olvidaba al día siguiente y no volvía a verlas ni a hablarles jamás? Entonces me recordé que hace mucho tiempo que dejé de ser ese Cole. Desde aquel día en la casa de Isabel, cuando me pidió que me acostara con ella, había dejado de ser el mismo.

Capítulo  4.
Isabel
Por alguna extraña razón, no podía dejar de pensar en ese momento. En el momento en el que dejó de ser el Cole que antes todos creímos que conocíamos, el antiguo Cole St. Clair. Recuerdo perfectamente su mirada aquel día, penetrante y a la impasible, incapaz de mostrar lo que realmente sentía. Al fin y al cabo, Cole era así.
Sabía de sobras que de alguna extraña manera, le molestó el hecho de que le pidiera que se acostara conmigo, y la verdad, en ese momento, no acabé de entender por qué le debía molestar algo que en teoría le había gustado desde siempre.
Lo que más me sorprendió es ver cómo se sinceraba conmigo, cómo me contaba lo arrepentido que estaba de ser él, de ser así, de no ser bueno para nadie. Recuerdo que cuando dijo “Isabel, yo no soy bueno para nadie” yo dije en mi cabeza “Yo sé que para mí sí lo eres”-lo dijo de una manera tan triste, y a la vez tan dolorosa, que increíblemente, pude sentir lo que sentía. Por primera vez pude ver en sus ojos el reflejo del dolor.
Ahora pensar en todo aquello, me hacía creer que hacía décadas desde que aquello sucedió, de que había pasado demasiado tiempo desde entonces, y de que todos habíamos cambiado a nuestra manera.
Sam había dejado de ser el antiguo Sam que todos conocíamos. Tímido, débil, reservado, dolido, miedoso, temeroso, inseguro, indeciso. Y había dado paso al Sam que era ahora, decidido, valiente, persuasivo, poderoso, y al mismo tiempo, interesante y misterioso.
Grace había dejado de ser la niña de 9 años que estuvo a punto de morir atacada por los lobos en el bosque, y dió paso a la nueva Grace, alegre, tenaz, luchadora, todavía más práctica y lógica que antes, y sobre todo, una persona fuerte, de los pies a la cabeza. Había perdido el miedo a estar sola, porque ya no lo estaba ni lo volvería a estar.
Incluso Cole había cambiado. Había dejado de ser el chico malvado que se aprovechaba de las chicas, había dejado de ser aquel cabrón, aquel imbécil al que solo le preocupaba él mismo y nadie más. Y había dado paso al Cole impulsivo, persuasivo, tranquilo y intranquilo a la vez. Impasible, adictivo, sincero, reservado, luchador, guerrero, rápido, astuto, y sobretodo, había dejado de desear su muerte, para desear su cura, su salvación.
Hasta yo misma, sin darme cuenta, había cambiado. Ya no era tan malvada, había aprendido a tener corazón, a ayudar sin recibir nada a cambio. La manada se convirtió también en mi manada. Formaban parte de mi vida en cuanto me dí cuenta.
No sé a qué se debía mi cambio, o mejor dicho, lo sabía perfectamente, pero me negaba a aceptarlo delante de él. Sabía que mi cambio se debía a él, a su mirada impasible, a sus ojos verdes penetrantes, indiferentes, pero a la vez, peligrosamente reveladores. Sabía que mi cambio se debía a la aparición de aquel chico que tanto me cautivó desde el primer momento, a Cole.

Capítulo  5.
Cole
Desde aquel día en que rechacé la petición de Isabel para acostarme con ella, empecé a ser el nuevo Cole. El que sabe lo que hace sin necesidad de pensarlo detenidamente, y el cual es impulsivo siempre que sus emociones o sentimientos son más fuertes que la dificultad de la situación, que lo imposible o simplemente que el peligro que se está a punto de abalanzar hacia ellos.
Por un momento me dí cuenta de qué era aquello que había hecho que cambiara tanto durante todo ese tiempo. Había sido Isabel, me había convertido en el Cole que se había escondido siempre en mi interior, y que no tuve la oportunidad de mostrar ante nadie, y que ahora tan solo era capaz de mostrar ante la gente que realmente se lo ganaba. Como Sam, como Grace, y al fin, como Isabel. 

Capítulo 6.
Grace
Me dolía ver a Sam tan dolido por la pérdida de alguien que los dos sabíamos perfectamente, que no volvería, Beck. Por suerte mía y suya, sabía cómo animar a Sam, de manera que pasé el día entero junto a él. Rodeada por sus largos brazos, y entrelazando mis labios con los suyos, y posando mi cabeza encima de su pecho mientras me dedicaba a leer un libro, cosa que hacía muchísimo tiempo que no hacía, y mientras él se dedicaba a componer canciones acompañadas del sonido de su guitarra.
Ni siquiera recordaba la última vez que habíamos estado así, los dos solos, haciendo lo que más nos gustaba uno al lado del otro, sin conflictos, sin barreras, sin problemas, sin complicaciones, por un momento, todo era paz, tranquilidad y armonía guiada por el sonido de la guitarra de Sam.
Realmente se le veía feliz, realmente su rostro reflejaba la inmensa sensación de felicidad que sentía.
Echaba de menos verlo así, junto a mí, sin barreras por culpa de nuestros distintos cuerpos, él un lobo y yo humana, él humano y yo una loba, y ahora, otra vez, él era otra vez Sam, y yo volvía a ser Grace.

Capítulo 7.
Sam
Me sentía realmente bien y cómodo, como en un paraíso del que no quería despertar. Mi día junto a Grace a solas estaba siendo de lo más increíble. Habíamos hecho tantas cosas juntos, que ni siquiera recordaba cómo era hacer las cosas sin su compañía o sin su presencia.
Yo volvía a ser Sam Roth, pero esta vez me dí cuenta realmente de lo mucho que había cambiado desde que conocí a Grace. En ese momento era otro Sam. Débil, cobarde, demasiado reservado.
Dí paso a un nuevo Sam en el momento en el que descubrí que lo que me paralizaba no era mi pasado, ni mis padres, ni mis cicatrices, ni Beck, ni la manada, sino el miedo que sentía hacia cada cosa que se me plantaba delante. Por suerte me dí cuenta a tiempo, y decidí ayudar guiando a la manada siendo un lobo hasta la península en la que ahora vivían.
Estar con Grace era lo que más había estado necesitando durante todos aquellos meses, realmente me dí cuenta de lo mucho que la amaba. Éramos dos piezas en una. Uno no funcionaba igual de bien sin el otro. Tal vez suena dependiente. Pero incluso cuando Grace seguía siendo una loba casi siempre, yo tuve que tomar muchas decisiones sin ella, y arriesgarme a no estar con ella a cada momento decisivo o crítico. Aprendí a arreglármelas por mí mismo, y a la vez, a hacerlo mejor con la presencia de Grace que sin ella.
Esto era lo que quería, estar con Grace, y tener la oportunidad de sentir que todavía no tenía que tomar ninguna decisión. Sabía que el momento llegaría, y que ella ya había tomado una decisión al respecto sobre lo de la cura. Sabía que quería arriesgarse. No podía impedírselo, por eso haría lo posible por confiar en ella, en Cole, y en la posible cura que me curó a mí.

Capítulo 8.
Cole
Me sentía exhausto, cansado, y curiosamente, inquieto por algo que todavía no acababa de comprender ni entender. De pronto, sonó mi teléfono móvil, y sin necesidad de mirar la pantalla, supe quién llamaba.
-Si esperas a que te salude lo llevas claro, chato-dijo Isabel con un todo burlador y al mismo tiempo encantador.
-Da.
-¿De verdad sólo vas a decirme eso?-dijo haciéndose la indignada.
-Da. Da. Da-dije con un todo desafiante.
Quería hacerla enfadar, así que sé que así lo lograría sin demasiados esfuerzos.
-Vuelve a decir “Da” y mi mano acabará en dónde tú ya sabes-dijo Isabel amenazándome.
-Uf, chiquilla, no seas tan lanzada, que si no te me vuelves adictiva y al mismo tiempo irresistible.
-No sé lo que has pensado, pero me refería a que te iba a dar la hostia de tu vida, imbécil-dijo ella enfadada.
-Lo sé-dije desafiante-pero sé que será en mi cama, o tal vez en la tuya-sonreír al instante de decirlo, como si realmente no me burlara de ella, sino como si deseara eso con todas mis fuerzas.
-Eres un cabrón-dijo ella riéndose.
-Pero sabes que te encanto siendo así.
-Solo un poco-dijo Isabel pensativa.
-¿Cuánto de poco? ¿En cuánto medirías la importancia de ese “poco”?-dije con un tono de voz que sin darme cuenta reveló lo que deseaba oír.
Sabía que tanto para mí como para ella, ese poco era como decir una importancia realmente elevada.
-Como el día en que te inclinaste sobre mí y me besaste como me dijiste que harías si me quisieses-supe que su tono de voz había sonado revelador, y inesperadamente, añadió-¿te gustó mi reacción?
No supe qué contestar.

Capítulo 9.
Cole
Nunca había sido de esas personas que lo encuentran todo fácil o que prefieren lo fácil a lo difícil, sino al contrario. Pero sabía que con Isabel nunca nada había sido fácil. Si no era yo el que había utilizado el orgullo como armadura, había sido ella. Pero siempre había uno de los dos que había hecho que las cosas nunca fueran fáciles.
Así que no tuve otro remedio que ser sincero y decirle lo que pensaba realmente de aquello.
-La verdad es que me lo pusiste muy difícil, ese día estabas aún más irresistible que los anteriores a ese, y no pude evitar buscar un momento en el que te pillara distraída para sorprenderte con la magia de un beso tan revelador como aquel-dije.
-No sé cómo tomarme esto-dijo sin preguntar si estaba siendo realmente sincero, y como ella no lo quiso preguntar, fui yo quien se lo dijo.
-Isabel, estoy siendo sincero. Debes creerme, no había nada más en ese momento que no deseara más que tus labios. Bueno, sí, besarte y pegar tu cuerpo contra el mío, como si mi vida dependiera de ello. Pero realmente no quería hacerlo, solo lo deseaba por la frescura que desprendía tu aliento al chocar contra mi mejilla-dije completamente seguro de mí mismo.
-Si te soy sincera no me quedé con ganas de más. No porque eso no fuera suficiente, sino porque era justo lo que quería, justo lo que necesitaba, tener un recuerdo contigo que no fuera ni forzado, ni irreal, sino que fuera tan natural como esa sonrisa que muestras al saludarme, como ese beso que me diste, como cuando los dos nos pusimos a bailar. Parece que cada cosa que tiene que ver con los dos acaba siendo algo inolvidable, y realmente irresistible, como tú, Cole-dijo Isabel al fin.
-Yo nunca llegaré a ser tan irresistible como tú, Isabel Culpeper, y todavía menos llegaré a ser tan adictivo como tus labios y como el hecho de rozar y rodear tus caderas-dije sincerándome.
-Todo tú eres adictivo, mis labios no son nada junto con los tuyos, pero al mismo tiempo, lo son todo. Y en cuanto a mis caderas, no hay nada como sentir tu peso sobre mi cuerpo, y sentir tus labios entrelazarse con los míos. El roce de mis caderas con las tuyas, hace que el corazón me de un vuelco-dijo como si realmente se estuviera poniendo roja, algo raro de ver viniendo de alguien como Isabel.
-¿Y si te digo que ahora mismo estamos cerca el uno del otro?-dije en un tono de voz algo acusador.
-A ver si lo adivino, estás de camino a mi casa-dijo ella esperando que fuera cierto.
-No-dije mientras abría tan silenciosamente y lentamente la puerta que ella ni se inmutó de mi presencia-estoy justo aquí-dije susurrándole ese mensaje en la oreja, con una voz realmente atractiva, acercándome a ella por detrás, y rodeando sus caderas con mis manos.
Se giró al instante.
-Burro. Cabrón. Imbécil...-dijo Isabel al fin después de un largo silencio.
Volví a posar mis manos en sus caderas, y esta vez le susurré al oído algo que sabía a la perfección que la haría estremecerse.
-Imagina mis dedos rozando tus caderas, rodeando tus curvas, y al fin, acariciando tus labios comestibles-dije con una voz altamente provocativa.
-Sería mejor que...-antes de que pudiera seguir hablando, me abalancé sobre ella, tirándola en su cama, y posando mis brazos de manera que sujetaran mi cuerpo para no chocar contra el suyo, y antes de que pudiera abrir los ojos, la besé como nunca antes la había besado, ferozmente, pero a la vez, suavemente.

Capítulo 10.
Isabel
Los labios de Cole eran peligrosamente adictivos, drogadictos, irresistibles, suaves como una pluma, tiernos y reveladores como el mismo Cole St. Clair.
No sabía cómo sentirme.
Miles de emociones, pensamientos y sentimientos inciertos recorrían mi interior, pero al mismo tiempo, me daban un vuelco al corazón. Y sin esperarlo, cada vez que me acercaba más a Cole o él se acercaba más a mí, mi corazón latía cada vez más fuerte y se aceleraba apresuradamente.
En un silencio absoluto, me miró fijamente con sus ojos verdes penetrantes, y por un momento, pude ver que le temblaban los labios.
-¿Qué ocurre?-le dije mirándolo sin compasión, como atacándolo con la mirada, como si mis ojos fueran cuchillos.
-Nada-volvía a tener esa mirada impasible de “Eh, que soy Cole, que aquí no ocurre nada”, cuando sabía que en su interior había miles de emociones por revelar.

-¿Por qué eres así?-dije echando la cabeza hacia un lado, lejos de su ternura, de sus labios, lejos del peligro de su voz, lejos de su adicción.
-¿A qué te refieres?-dijo mirándome con su mirada penetrante y acosadora a la vez.
-No muestras lo que sientes, ni siquiera lo que piensas. Tan solo te dedicas a enrollarte conmigo, olvidarme y luego mandarme mil mensajes de voz para que no te acabe contestando ninguno. Y por último, te presentas en mi casa, como siempre, por tu propio beneficio-dije mirando al vacío, como ajena a la vida, como ajena a él y a sus besos, pero sobretodo, como ajena a Cole St. Clair.

Capítulo 11.
Cole
No sabía qué quería oír de mí, pero no pensaba mentirle ni decirle nada que no pensara o sintiera. Le iba a decir la verdad, sin maldad ni bondad, simplemente intentando mostrarme indiferente a mis emociones y sentimientos.
-No quiero hacerte daño. Cuando me escapo o huyo de ti es porque te vuelves tan adictiva e irresistible que temo hacerte daño. Temo acabar tratándote como las anteriores chicas que pasaron noches conmigo en el pasado. Tampoco quiero tratarte como mi exnovia. No quiero tratarte como las demás, porque a diferencia de ellas, tú para mí no eres una chica más.
-¿Te refieres a Angie?
-Sí. Prefiero no perder el tiempo hablando de gente con la que ya ni siquiera me hablo. La cagué, no la quería y le hice mucho daño inconscientemente. Te dije que te alejaras de mí, soy como el veneno. Una vez se adentra en tus venas, ya puedes decir adiós-la miré fijamente, con una mirada que por alguna extraña razón, transmitía mi dolor.
-No sé cómo hacer que dejes de protegerme de ti mismo. Me tomas por una especie de niñata, sin sentimientos ni emociones, como si fuera una muñeca de porcelana que puede romperse con el acercamiento de cualquier imbécil-de pronto, al darse cuenta de lo último que acababa de decir, se calló.
Me había dolido. Inexplicablemente, me había dolido. Creía y daba por hecho que ella ya no me veía como aquel imbécil de antes, pero eso recobró el hecho de que yo para ella siempre sería el mismo Cole, el antiguo Cole St. Clair.

-Isabel.
-Cole...-dijo ella mirando al suelo.
-No me llames así-dije más frío de lo que nunca había estado.
-¿Así cómo? ¿Te refieres a lo de “imbécil”? Sí, lo siento, sé que no lo eres...-dijo algo pensativa y demasiado dolorida.
-No-espeté bruscamente.
-Para ti ya no soy Cole, ni siquiera Cole St. Clair. Para ti ya no soy nadie, solo un imbécil más en el mundo.
-Pero no era mi...-la hice callar con un beso frío pero lleno de deseo y sentimiento de culpa entre ambos.
-No vuelvas a permitir que me acerque a ti. Por favor-miré al vacío, sorprendido por mis propios sentimientos.
-No puedes hacer eso.
-Sí que puedo-me giré bruscamente, y cerrando los ojos, dejé caer una lágrima de esas que solo soltaba cada décadas, pero que son más dolorosas que cualquier otra.
-Espera.... Cole. No puedes...-no pudo terminar la frase, para entonces ya había cerrado la puerta, y había corrido escaleras abajo para salir de aquel lugar al cual no volvería.

Capítulo 12.
Grace
La verdad es que no me podía quejar. Los días con Sam siempre habían sido inexplicablemente perfectos. Increíbles y únicos a su vez.
Lo que más admiraba de Sam y de nuestra curiosa relación, era la originalidad de nuestros reencuentros, la calidez de nuestros gestos, la dulzura de nuestros besos, de nuestras caricias, de nuestras miradas.
Cuando estaba con Sam era como si me olvidara de todo lo demás, de mis padres, de mis problemas, del hecho de que aún no había probado la cura, pero que tampoco habíamos tenido la oportunidad de ver a Cole después de nuestro pequeño reencuentro después de creer que estaba muerto.
Me olvidaba de todo lo que me atormentaba, ni que fuera por unos minutos, por unas horas, y me centraba en aprovechar cada momento que pasaba con Sam.
Por fin estaba empezando a perder la vergüenza, y nuestra relación se había vuelto todavía más sólida, más emocionante, más interesante.
Lo único que me mantenía desconcertada era qué haría con el compromiso que me habían propuesto mis padres. Todavía no se lo había contado a Sam, y temía su reacción.

No quería dejar a un lado las noches con Sam, pero tampoco quería olvidar que mis padres me habían dado la vida, y que quisiera o no, llevábamos la misma sangre.

2 comentarios:

  1. Sinceramente casi vomito, pero eso no viene a cuento.
    Dos cosas.
    1) No he visto falta ortográfica en lo que he leído ( no ha sido todo )
    2) Ve a Hangouts, tenemos que negociar.

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    Respuestas
    1. Muy entristecido, me arrepiento de elogiarte.
      Dí paso a un nuevo Sam
      ¿Di con tilde? No, gracias.
      -Repito que te espero en Hangouts-

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