miércoles, 25 de junio de 2014

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Suspiras,
agotada,
devastada,
nada parece cambiar,
todo parece seguir igual.

Cansada de esperar,
de ilusionarte,
de ignorar,
de aguantar,
de tener que soportar,
tantas habladurías,
tantos versos sin sentido.

Todo es culpabilidad,
¿de verdad tienes que culparte?
¿Debo culparme realmente,
por no ser lo que ellos desearían?
¿De verdad debo malgastar el tiempo,
mis lágrimas,
romper mis sonrisas,
despedazar mi corazón,
acallar mis versos,
por escuchar a unos necios?

Y qué más quisieran. 
Ya basta. 
Siempre la buena,
siempre la que acaba sufriendo más,
la que se preocupa de todos,
y a ella misma,
parece ni importarle.

Hasta que decide poner cabeza al asunto,
y procura e intenta complacerse un poco a ella,
aunque sea,
que viva,
que suspire,
pero no de tristeza,
sino de alivio.

Que se colapse,
de nervios,
no de saturación,
de agobio,
de estrés,
de desesperación. 

Tanto hablan del querer,
y tan poco se dedican a correr.
Muchos corren de los demás,
pero de ellos mismos, 
parecen ni inmutarse.

Cansada estoy, 
de tantas súplicas,
de tantos silencios,
de tirarme al vacío,
de desplomarme en el aire,
y acabar en el suelo,
devastada,
una vez más.

Quiero volver a repartir,
esa felicidad,
que lograba sacar,
de mi ser,
del sitio más recóndito,
más secreto y profundo,
de mi corazón.

Lograré acabar con esto,
con esta guerra interna, 
mutua,
y volveré a hacerme de valor,
para soportar cualquier queja,
cualquier insulto, 
y ser capaz de defenderme,
sin llorar, sin lamentar,
sin derrumbarme.

Volveré a hacerme de fuego.

Incansables recuerdos,
no dejaré que me atrapéis,
que me paréis,
que me cortéis las alas.

Volaré hasta conseguirlo,
lograré irradiar felicidad,
alegría,
y ser capaz de contagiarla,
de compartirla,
e incluso,
y lo más importante,
de crearla.

Así que hasta entonces,
sigue luchando,
no cedas, 
no decaigas,
y recuérdate algo:
alguien con buen corazón,
es alguien que se ha creado a sí mismo.
Y que no ha dejado que la maldad del mundo,
le trastorne, le obsesione, y le haga volverse otro.

Y ahora reconstruye poco a poco tus trozos,
sopla esas cenizas, 
de esos recuerdos,
del pasado,
que incansable,
te persigue,
y guárdalas,
no las pierdas,
te servirán,
para no rendir,
para no olvidar.

Pero sobre todo, para recordar,
que no hay ser capaz de huir de sí mismo,
y que si intenta hacerlo, es un cobarde.

Enfróntate a ti,
demuéstrate que no eres tu enemigo,
y respáldate,
ayúdate a seguir,
a proseguir con tu búsqueda,
con la búsqueda de tu 'yo',
con la búsqueda de tu sonrisa,
y cuando la encuentres,
no lo olvides:
aún queda la búsqueda de tus sueños,
de eso que siempre quisiste cumplir,
de esas cosas que deseas en lo más profundo de tu corazón.

By: Queily.

martes, 24 de junio de 2014

Heladuras de cristal...

Cuántas desgracias se apiadan de mí. Cuántos silencios desbocan mis versos, cuántos suspiros ahuyentan mis gentes, cuánto suplicio debo aguantar, para evitar la perdición. Para prevenir la cura, y con ello la herida.

Cuánta maldad augura mi día, mi vida, mi caer, mi sustento. No puedes fiarte siquiera de tus propios suspiros, que avientan miradas lejos de tu ser, alejados de la verdad. Cuánta amargura, posada en la sed de explorar, de sucumbir a un nuevo mundo, de no ceder, pero de caer hirviendo, y levantarte aún quemada.

Qué mortífero se está volviendo el hecho de vivir, aún con el poder de destrucción en tu interior, con tu armadura de cristal, y tus garras de acero. Los únicos aliados que tenemos, son aquellos que nosotros mismos creamos, que nosotros mismos dejamos que se acerquen a nosotros, aquellos a los que dejamos traspasar la barrera, romper esa armadura, y darles la oportunidad de hacerte trizas el corazón, pero ante todo, valentía, valor, y sobre todo, equilibrio.

Pum. Cristales rotos. Miradas vacías. Pasos hervidos en la maldad de un infierno sin cura. Corazones helados. Silencios latentes. Suspiros desgastados. Respiraciones aceleradas, a la espera de un por qué, de una calada de plenitud, de quietud, de estabilidad. Qué ingenuo ser se vuelve acero del día a la noche, qué despiadada vida se transforma en un paraíso, en un cuento, viniendo de un cuento de terror.

Desperté. Agarrada a mi almohada, pensando que todo eso tan solo había sido un sueño, hasta que vi esa foto, ese rostro dibujado en esa foto. Esa silueta, vieja, posada en una foto de hace 'décadas', quizá. Tan bella, fuerte, penetrante e inconstante como siempre. Era él. Sin duda, era él.

Me levanté dando un salto de la cama. Boquiabierta y aterrorizada por lo que pudiera suceder, por lo que hubiera sucedido ya sin estar yo presente, o consciente. Moví la cabeza, me volteé, y mis ojos se tornaron dos bolas de billar, quizá, de tan grandes que parecían. No podía creerlo.

Tragué saliva, me puse recta, y me acerqué con cuidado, procurando no hacer ruido, y haciendo que mis pasos fueran casi imperceptibles. Cerré los ojos tan fuerte como pude, volví a tragar saliva, y al fin, los abrí.

No podía ser. Estaba ahí. Increíblemente, estaba ahí... A unos pocos centímetros de mí. Tumbado, en el suelo. Me quedé de piedra. De repente mi corazón volcó. Sentí como si se desprendiera de mí. Como si me estuvieran ahorcando en ese preciso momento. No podía respirar, exhausta, cerca del desmayo, me desplomé en el suelo.


Cuatro. Cinco. Seis. Siete. Ocho. Nueve. Diez. Once. Doce. Trece. Catorce.

Cuenta atrás: Catorce, trece, doce, once, diez, nueve, ocho, siete, seis, cinco...

¡BASTA!

....


En ese momento me sentía como en una de esas escenas en las películas, cuando el decorado es blanco, y tú parece que estés en la nada, pues así me sentía. Era como si me hubieran arrebatado cada parte de mí. Cada pieza, cada trozo, cada latido. Me sentía completa e irrevocablemente muerta. Como si no existiera. Como si solo pudiera ser capaz de ver esa imagen de él, y nada más. Y escuchar en mi cabeza esos horrorizantes números. Esa cuenta atrás, que nunca acababa, no cesaba... Era inconstante.

Cuatro. Cinco. Seis. Siete. Ocho. Nueve. Diez. Once. Doce. Trece. Catorce.

...

Volví a abrir los ojos, y no podía creerlo. Estaba en una especie de bosque, rodeada de incansables árboles, de los silbidos de los pájaros, y del sonido siniestro de los cuervos. Todo estaba tan apagado, tan fuera de sí...
Me predispuse. Me levanté con cuidado, y caminé hasta llegar a una especie de círculo. Me adentré en él, sabiendo que si me sentía así de muerta, poco podía perder. En cuanto lo hice, algo se elevó. Miré a mis pies, y me percaté de que la superficie de hierba que cubría el círculo, se había elevado, junto conmigo. Miré a mi alrededor, y desconcertada, miré bajo la superficie en la que me hallaba.

Cuatro.
...

Cuatro corazones distintos.

¿Esto era real?

Con los ojos como platos, tragué saliva, y me senté, intentando mantener la calma. No se trataba de corazones de juguete, de dibujos, de piezas hechas a manos, u así... Se trataban de corazones de verdad.

Entonces escuché un fuerte sonido que venía del cielo, y al mirar, no supe cómo reaccionar, había una especie de ser extraño, elevándolo... A ese cuerpo, a él... Sin duda, esto no era un sueño, y él, estaba muerto.

Me miró ese ser, y me sonrío. Y inexplicablemente, sin saber cómo, pronunció las siguientes palabras:

-Si quieres que reviva, tienes que hallar cuáles de estos cuatro corazones es el suyo, y por supuesto, el tuyo. Si te equivocas, y no coges ninguno de los corazones correspondidos, tú morirás completamente, y él nunca revivirá. En cambio, si eliges solo uno de los corazones, aunque elijas el suyo, él morirá. Y tú, por supuesto, también. Si eliges solo el tuyo, serás torturada hasta morir. Y si eliges los dos... Entonces, los dos os salvaréis.

Y antes de que pudiera pronunciar alguna palabra, se esfumó.

Ahora el dilema estaba en cuál eran esos dos corazones. Uno era rojo, otro era negro, otro era turquesa, y por último, otro era azul.
Cada color tenía que significar algo. Así que decidí darle un significado a cada.
Azul: Luza. Turquesa: Aseuqrut. Negro: Orgen. Rojo: Ojor.
Al poner los nombres al revés, me dí cuenta de algo. Orgen, Luza y Ojor. Eran los colores favoritos de él y de mí. Pero lo importante es que Orgen y Ojor eran los nombres de nuestras mascotas. Sin pensarlo, y con todas las de perder, cogí el corazón rojo y negro. Y todo se desplomó. Caí al suelo, y me quedé inconsciente.

Al despertar, lo vi. Estaba muy mal herido, y yo también, pero todo era negro. Solo había una pequeña luz para poder verle a él. Entonces se despertó. Por un momento, de verdad le sentí cerca, vivo, por un momento, de verdad pensé que eso era real. Nos abrazamos tan fuerte como pudimos, y más sonrientes que nunca, se nos hizo imposible no dejar caer alguna que otra lágrima. Pero antes de que pudiéramos disfrutar de nuestra victoria, lo supe... No habíamos ganado. Había elegido los corazones equivocados. Lo supe al ver otra vez ese ser extraño en la oscuridad. El cual pronunció las últimas palabras:

-Lo siento, pero no lo has logrado. Solo le hemos dado la posibilidad de despedirse de ti. Y ahora, moriréis de la mejor forma. De la forma más eterna y bella que existe... Adiós.

Y se desvaneció entre la oscuridad.

Empezaron a caer bloques de nieve, y empezaba a hacer mucho mucho frío. Había llegado nuestra hora. Nos besamos, y abrazos, decidimos que como ya no podía ser peor, al menos moriríamos juntos, unidos. Sin nadie que nos volviera a separar...

Dejamos caer nuestros últimos versos..antes de quedar completamente congelados, por los incansables trozos de hielo que caían de la nada.

Y ahí lo supe...

No existe mayor eternidad, que la congelación de esta, que el sentir que has sido capaz de congelar un momento, un instante, el corazón de alguien, aunque sea por un momento.
Así que así es...

No existe mayor eternidad, que la propia congelación del alma, pero debo recordarte algo...
El hielo quema, por lo tanto... Si eres capaz de sentir frío u calor, recuérdate que estás vivo. Y que no solo estás respirando. Sino que eres capaz de sentir.



By: Queily. 


jueves, 19 de junio de 2014

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Hola,

espero no molestar mucho, pero esta vez no vengo a escribiros para mostraros mis escritos sobre cómo veo el mundo, cómo me siento, cómo pienso, y demás. Hoy vengo a pediros que si estáis interesados en compraros una cámara, un ordenador, ya sea portátil o de sobremesa, juegos para la Xbox, Wii, Nintendo, etc. O ya sea para compraros cualquier otro objeto tecnológico, le echéis un vistazo a esta página web, la cual dispone de muy buenos precios, teniendo en cuenta que estamos en crisis. Para que entendáis a qué viene todo esto: mi hermano ha empezado un proyecto como autónomo, y está comenzando con esta página. En estos tiempos de crisis lo que más salida parece tener, es que la gente se haga autónoma, y de ahí esta idea. No me enrollo mucho, porque sé que la mayoría sudaréis de todo lo que os diga. Pero de verdad que os agradecería de todo corazón, que si alguna vez queréis comprar algo relacionado con la tecnología, consultéis esta página, y que sino, la difundáis. Me haríais un favor enorme. Tanto a mí, como a mi hermano. Y dejo de enrollarme ya, que debéis estar de mí hasta las narices. Eso es todo. Y gracias. :)

Esta es la página web:
http://e-dunia.com/index.php 
Y darle me gusta en Facebook:
https://www.facebook.com/pages/E-dunia/778853055469168?ref=profile

Atentamente,
Queily.

martes, 17 de junio de 2014

Destrozaste mis pulmones,
golpeaste mi corazón,
creaste un brillo inexistente,
falso, hiciste que esas palabras,
esos hechos, fueran mi más efímero poder,
para seguir,
mi mayor fuerza,
mi mayor esperanza,
y todo para qué,
si cuando resulta que todo va genial,
me doy de bruces contra la pared,
descubriendo que todo era demasiado,
demasiado para mí,
para ser verdad.

Y mentira tras mentira,
se esconde esa verdad,
nunca dicha,
que atormenta mi mente,
que agrieta mi corazón,
y que acaba con mi respiración...

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Qué más dará el daño que nos hagan, 
qué más darán las heridas que tengamos,
qué más dará el tiempo que pase,
qué más darán las lágrimas que derramemos.

Aquí lo único que importa, 
es que ese brillo en los ojos,
esa radiante sonrisa,
no desaparezcan para siempre,
y siempre tengan momentos,
segundos, 
instantes,
incluso horas, 
o hasta más tiempo,
para reaparecer,
para irradiar su luz,
para avivar nuestras mentes,
para cicatrizar nuestros corazones,
para aliviar nuestras marcas,
para sanar el dolor,
para acallar la maldad,
convirtiéndolo en fuerza,
en voluntad, 
en esperanza,
por poca que sea,
pero lo suficientemente útil,
para sobrevivir.

...

Nos curamos las heridas,
para volver a hacérnoslas,
para volver a sufrir,
para volver a caer.

Reclutamos todas nuestras fuerzas,
nuestras más míseras súplicas,
reunimos todos nuestros esfuerzos,
para escapar sin sollozos.

Para escapar de nuestro infierno,
para combatir nuestros males,
para afrontar nuestros problemas,
para deshacer nuestros retos,
e implantar otros nuevos.

Creamos, 
destruimos,
y todo para qué.

Para volver a construir,
y con ello volver a destruir,
todo aquello que creamos,
todo aquello que,
con nuestro más efímero sudor,
logramos procrear.

Renacimos del dolor,
revivimos de la muerte,
sobrevivimos al infierno,
y sin embargo,
nos subestimamos día a día,
haciéndonos creer,
que un grupo de maldad,
puede con todo ese escudo,
creado tan solo,
de la más valiosa bondad,
de la más valiosa virtud:
tu corazón.

lunes, 2 de junio de 2014

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Muchas veces te preguntas qué sucede. Miras a tu alrededor, y todo sigue igual... Completamente igual. Es como si tus días fueran escenas de una sola película que van repitiéndose una tras otra, sin parar. A veces sientes que esas escenas cesan. Que paran. Que desaparecen. Y entonces ves la luz. Dejas de vivir en ese profundo sueño de muerte aparente. Y sientes que vives, sientes cómo respiras, cómo permaneces ahí, cómo eres capaz de involucrarte, cómo eres capaz de derramar tu más respetada belleza de alegría. Sientes cómo tu corazón se estremece... Esperando a que cedas, y dejes a un lado ese muro, esa armadura, para dejar que los demás se acerquen a ti, para permitirte a ti misma, conocerte mejor, conocerte mejor que nada ni nadie, indagar en tu más profundo yo, y ahí, encontrar la respuesta de lo que has estado buscando. Encuentras por fin esa llave, que permanece en tu corazón, que brilla bajo tu rostro... Que yace bajo tu mirada, en su más profundo ser. Permaneces quieta. Esperando a ver qué sucede. Entonces lo sabes. Esa luz se ha ido. Ha desaparecido. Así, de golpe. Sin dar explicaciones. De golpe, te ves en el suelo. Cayendo desde algún lugar que desconoces. Desplomándote en el suelo, y atacándote, regañándote, gritándote, porque has perdido. Porque has perdido tu norte, tu dirección, te has quedado sin luz, sin partida, sin juego. Sin escenas, sin película... Pero sobre todo, sin tu verdadero ser. Has perdido. Tu belleza interior. Tu cristalino desagüe de vitalidad, tus honorables ráfagas de viento para levantarte de cualquier tumba, de cualquier pozo, para encontrar cualquier salida, incluso estando perdida, en un sitio en el que has perdido algo más que tu camino, sino también la pista de la llave que lleva a tu interior, a tu mundo interior. A tu mundo ficticio, tu mundo perfectamente imperfecto, pero en el que eres feliz. Pero..¿sabes? Ahora te toca encontrarla, y de verdad. Siempre la tuviste. Pero nunca supiste verlo, nunca supiste aprovechar esa llave con la que puedes redescubrir tu verdadero yo, indagar en tu ser hasta fascinarte al ver que, al igual que todos, tú también guardas tesoros, diamantes y reliquias en tu interior, pero sobre todo, algo que ni comprar ni vender pueden, un bello corazón.

Queily.