lunes, 2 de junio de 2014

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Muchas veces te preguntas qué sucede. Miras a tu alrededor, y todo sigue igual... Completamente igual. Es como si tus días fueran escenas de una sola película que van repitiéndose una tras otra, sin parar. A veces sientes que esas escenas cesan. Que paran. Que desaparecen. Y entonces ves la luz. Dejas de vivir en ese profundo sueño de muerte aparente. Y sientes que vives, sientes cómo respiras, cómo permaneces ahí, cómo eres capaz de involucrarte, cómo eres capaz de derramar tu más respetada belleza de alegría. Sientes cómo tu corazón se estremece... Esperando a que cedas, y dejes a un lado ese muro, esa armadura, para dejar que los demás se acerquen a ti, para permitirte a ti misma, conocerte mejor, conocerte mejor que nada ni nadie, indagar en tu más profundo yo, y ahí, encontrar la respuesta de lo que has estado buscando. Encuentras por fin esa llave, que permanece en tu corazón, que brilla bajo tu rostro... Que yace bajo tu mirada, en su más profundo ser. Permaneces quieta. Esperando a ver qué sucede. Entonces lo sabes. Esa luz se ha ido. Ha desaparecido. Así, de golpe. Sin dar explicaciones. De golpe, te ves en el suelo. Cayendo desde algún lugar que desconoces. Desplomándote en el suelo, y atacándote, regañándote, gritándote, porque has perdido. Porque has perdido tu norte, tu dirección, te has quedado sin luz, sin partida, sin juego. Sin escenas, sin película... Pero sobre todo, sin tu verdadero ser. Has perdido. Tu belleza interior. Tu cristalino desagüe de vitalidad, tus honorables ráfagas de viento para levantarte de cualquier tumba, de cualquier pozo, para encontrar cualquier salida, incluso estando perdida, en un sitio en el que has perdido algo más que tu camino, sino también la pista de la llave que lleva a tu interior, a tu mundo interior. A tu mundo ficticio, tu mundo perfectamente imperfecto, pero en el que eres feliz. Pero..¿sabes? Ahora te toca encontrarla, y de verdad. Siempre la tuviste. Pero nunca supiste verlo, nunca supiste aprovechar esa llave con la que puedes redescubrir tu verdadero yo, indagar en tu ser hasta fascinarte al ver que, al igual que todos, tú también guardas tesoros, diamantes y reliquias en tu interior, pero sobre todo, algo que ni comprar ni vender pueden, un bello corazón.

Queily.

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