martes, 17 de junio de 2014

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Qué más dará el daño que nos hagan, 
qué más darán las heridas que tengamos,
qué más dará el tiempo que pase,
qué más darán las lágrimas que derramemos.

Aquí lo único que importa, 
es que ese brillo en los ojos,
esa radiante sonrisa,
no desaparezcan para siempre,
y siempre tengan momentos,
segundos, 
instantes,
incluso horas, 
o hasta más tiempo,
para reaparecer,
para irradiar su luz,
para avivar nuestras mentes,
para cicatrizar nuestros corazones,
para aliviar nuestras marcas,
para sanar el dolor,
para acallar la maldad,
convirtiéndolo en fuerza,
en voluntad, 
en esperanza,
por poca que sea,
pero lo suficientemente útil,
para sobrevivir.

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