viernes, 25 de julio de 2014

Novela. Capítulo 9.

Llevaba unos meses fuera, ya sabéis, vacaciones. En uno de esos lugares en los que cualquier detalle te parece increíble, cualquier paisaje, día, objeto, característica, te reconforta. Había pasado las vacaciones en una especie de casita de madera. En mi país favorito. En el lugar del mundo en el que más he deseado estar en toda mi vida. Ese recóndito espacio que logra absorber toda tu ira, que logra tranquilizarte con tan solo contemplar sus hermosos paisajes y alrededores; Canadá. 

Necesitaba alejarme de semejante presión y recuerdos, y la mejor manera para entender qué sucede en tu mundo interior, es alejándote de tu mundo exterior, ya sea literalmente, como hice, o interiormente. Realmente estos meses me han venido muy bien, para darme y dedicarme tiempo a mí misma. Para entender qué sucedió, para entender qué deseo hacer en esta vida, qué me gustaría hacer, etc. 

Y como es normal, he llegado a muchas conclusiones. Y una de ellas, es que sigo perdida. Por muy lejos que te vayas, hay cosas que jamás se separan de ti, que siguen dentro de ti, carcomiendo tu mente. 
Pero y qué decir. Después de cada bache parece que nos debilitemos más, pero lo único que conseguimos, es volvernos todavía más fuertes. Más humanos, de hecho, ya que, somos tan inútiles que por muchas veces que caigamos, nos volvemos a levantar. Aunque realmente es algo muy admirable, por qué negarlo. 

Después de estar durante días y días, incluso semanas o quizá hasta más tiempo, dándole vueltas al asunto, llegué a la conclusión de que soy más que idiota. No por confiar en Andy, sino porque ni siquiera he dado señales de vida en todo este tiempo, y la verdad, ni siquiera hablé con Susanna de ello, ni tampoco con Eloy. Tampoco contesté a los mensajes, llamadas y entre otras cosas de Andy. Incluso llegó a enviarme alguna carta. Fui tan ingenua. No me dí cuenta de que realmente ni siquiera dejé que se explicara. Pero hay que reconocer que yo no estaba en mi mejor momento, y él vino a apuñalarme en el peor momento. Sea como sea, no me siento culpable de mi reacción, ni siquiera de nada de lo que hice. 
 
Ya tuve bastante con ese chico..y luego lo de Andy. Y mi malestar anterior ya estaba suficientemente mal antes de que aparecieran en mi vida los chicos. Simplemente quizá necesito ir despacio esta vez. Al fin y al cabo, aún le quiero. Y se me hace imposible no hacerlo. Por mucho daño que me hiciera, tan malo no puede ser, al fin y al cabo. Y si lo es, yo misma seré quien ponga muros y barreras entre nosotros. Pero dudo que sea el caso. Solo quiero darle una oportunidad. Una sola. Y no más. 

Pasó todo tan tan rápido, que ni siquiera puedo culparle por ello. Eso sí, siento una especie de odio hacia él, por hacer lo que hizo, claro. Por mucho que quiera, hay cosas que no se olvidan ni en años. Y esa es una de las cosas que no creo que olvide nunca. Por muy tontería que pueda parecer, sus palabras fueron como cuchillos, y ni mil perdones bastan. Si de verdad me quiere, va a tener que demostrármelo. Ya basta de palabrerías, de gestos cariñosos y demás. Quiero ver de lo que es capaz. Y ahora que vuelven las clases, es el momento perfecto para arreglar las cosas con él.

Mañana regresaré a mi casa, de nuevo; así que será mejor que descanse. 


Al cabo de un rato, antes de quedarme dormida, consigo susurrar:

hasta pronto, Andy.

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