miércoles, 29 de octubre de 2014

Eres el verso que nunca dije,
que jamás pronuncié,
que me torturó eternamente,
en busca de un latido,
de un por qué,
a tan abundante desesperación,
a tantos caminos perdidos,
en medio de la nada,
y un destino por descubrir,
carcomiendo la esperanza,
que ahoga tus penas,
que asfixia tu alma,
que hiela tu piel.

Y sobre todo,
que declara tu destino, 
sometiéndote,
al más temido augurio,
al reto,
a la agonía más potente,
más fuerte,
más mortífera,
y ahora estarás aquí,
a prueba de la vida,
al borde de la muerte,
y a un borde del vacío, 
y he aquí lo más importante,
bienvenida a la "vida".

lunes, 27 de octubre de 2014

...

Aquellas estrellas vislumbraban la horrenda realidad en su más profundo final, alcanzando así la vida llena de llamas creadas por el dolor. Y qué bello era observar las mariposas posadas en su piel, sin que estas supieran la toxicidad y el veneno que se escondía ante semejante ser, en el interior de sus ríos cubiertos de sangre, desplomando valor, valentía, en un paso a la perdición del vacío. 

Dejó caer sus más temidos miedos, sus más temibles gotas de sangre, sus rastros de hielo, deslizándose por sus mejillas, helando su piel, cortando su corazón, pero sobre todo, ahogando su ser. 

Levantó el brazo, y sin explicación alguna, sonrió. Se sonrió para sí, para sí mismo. A sus adentros. Cuán lúgubre alma debía hallarse en su interior, sonreírle a la muerte debe ser tan triste y bello a la vez, que sería imposible no desprender ningún rastro de emoción ni lástima. Dejó caer su sonrisa. La rompió. Se atrevió a abandonar todo aquello que creyó innecesario. Todo aquello que no merecía permanecer allí, que no le pertenecía, que no se había ganado con sus sudor. Todas esas cosas molestas e insignificantes que desbordaban su mente y su corazón, hundiéndolo en la miseria de una vida incierta en medio de la caída a la desesperación, de los sin sentido, de la pérdida de toda cordura. 


Cerró los ojos, y tras unos segundos de apacible silencio, de mortífera soledad, se produjo algo mágico. De esa extraña forma que escondía su rostro, emanaba de pronto una luz latente, ciega, dejándote perplejo a todo movimiento. 

De esas extrañas montañas con movimiento..surgió la luz, la vida, surgió el recóndito lugar donde se halla la felicidad: la paz de un ser que se deshace de todo aquello que no necesita, incluso su sonrisa, sus lágrimas, ¿y por qué? 
Porque no existe nada que se quede a nuestro lado eternamente, o al menos no de la misma forma. Todo se transforma, no solo la energía que emana en este mundo, sino también la que esconde nuestro ser. 

Fue ahí cuando entendió que hay cosas que debemos dejar ir, otras que debemos alejar, y otras a las que no nos podemos aferrar, pero que se convierten en algo mucho mejor, algo auténtico, algo con vida propia, luz propia, algo incapaz de volverse inerte totalmente: un ser vivo.

Atentamente,

Queily. 

sábado, 11 de octubre de 2014

Quiero crear historias a través de tus ojos, apoderarme de la vida con tan solo sacarte una sonrisa, sentir la vida al mirarte, percibir el escozor del dolor de la muerte al alejarte. Hundirme en el silencio junto tu compañía, atravesar contigo los infiernos candentes que desploman las tumbas hirientes que poseen nuestras almas, barajando preguntas sin sentido, aclarando respuestas olvidadas, procreando la vida en una muerte demasiado apagada, y qué tétrico. 

Sumarme al vacío con las garras de tu corazón apoderándose de mis sentidos, sentir tu voz cortarse por la bella sinfonía que desatan las desgastadas plumas de aquel triste y solitario pájaro, cantando a la muerte, burlando la vida, iluminando la oscuridad mientras te acoge en ella y te asegura con sus fuertes y alarmantes melodías que una cosa es segura: la muerte.


.

Permanezco en silencio, inquieta y nerviosa, devastada mientras la sangre corroe mis venas y el veneno busca apoderarse de mí, cuando mi corazón se para por un momento, e inmóvil, escuece. 

Siento los latidos del silencio susurrar mi nombre, presiento la maldad de las garras de la oscuridad en cuanto aboco mi mirada a la lejanía, buscando el vacío en las tinieblas de la noche. Bajo las cuales sus ojos permanecen perdidos, cuidadosamente desgastados, resbaladizos, ardientes, apoderándose del fuego de tu ser, y dejándote de piedra, haciendo añicos tu corazón, formando pequeños cristales de hielo en él, mientras atraviesan tu piel, y ahogan tus lágrimas en la sangre que barre el suelo.

Escucho los sollozos lejanos a mí, perdidos como laberintos en esas bolas apagadas a las que un día llamaste ojos y ahora no son más que imperfectos cristales que atraviesan cualquier corazón, que son capaces de ver más allá de la vida y el dolor, que ven a través de los sueños, y son capaces de vislumbrar la muerte que esconde tu interior, la agonía de tus versos, la súplica de tus pasos, los esfuerzos de tu torpe andadura.