sábado, 15 de noviembre de 2014

.

No hay palabras, ninguna es capaz de describir este sentimiento de vacío y ardor. Sientes un dolor invisible a los ojos, pero notorio para cualquier alma, muerta o viva. 

Quisiera poder replicarme a mí misma tantas cosas, luego recuerdo que ya lo hago, día tras día, sin cesar. Intento mejorar día a día, no reprocharme tanto las cosas, y sin embargo, a veces me auto-castigo demasiado, y otras parece que me dejo ser incluso cruel o mala, o quizá egoísta. 


Por algún motivo nunca sé exactamente lo que quiero, pero tampoco qué es lo que no quiero. Mi vida está repleta de confusiones. 


Estoy cansada de que nada cese, de que nada acabe, y que cuando lo hace, vuelva con todavía más fuerzas de acabar con todo y arrebatarte todo lo que tienes, arrancarte de cuajo el corazón, llevarse todo a su paso, inconstante. 



Me he llegado a preguntar inimaginables veces qué es lo que me trajo aquí, qué es lo que me retiene, lo que me hace quedarme y soportar todo lo malo, y sentir que siempre hay algo más bueno. 




Somos espinas, 
caídas del vacío,
rotas por el mal, 
somos rostros,
latidos muertos,
somos aire,
en la oscuridad,
somos luz,
somos luna,
en mitad,
de la honestidad,
de un corazón,
sin vida.


¿Qué sucede?
¿Se apagó mi corazón?
¿Creció un volcán en mi interior?
¿Morí en mitad de la vida?

Hice ruido del silencio
dejando caer cualquier rastro,
de mi existencia,
ya ida,
latida,
y demasiado dolida.


Soy niebla,
soy escombros,
soy pecados,
en un mismo sin sentir,
soy la nada,
en el todo,
soy la llama,
que luchando,
con sudor y sangre,
se apaga ante la lava,
de un volcán,
demasiado erupcionado,
y al punto de la muerte,
y sin embargo,
manteniéndose,
con vida,
con latidos perdidos,
en la nada del inframundo,
perdido junto con su alma,
junto con su ser.



Escarchas,
sin motivos,
sin luces,
sin vida,
apresurándose,
a sentir,
constantemente,
los púlpitos,
mortíferos,
de un alma,
que solloza,
día tras día,
al alba,
en la noche,
en la penumbra,
de un corazón ido,
muerto y descompuesto,
robando corazones,
cicatrizando las heridas,
hechas ya polvo,
de tantos golpes,
inmesurados,
como la misma vida,
esperando la nada,
en mitad de la noche.

No hay comentarios:

Publicar un comentario