miércoles, 30 de diciembre de 2015

Eres como ese pétalo de rosas en mitad de la tormenta.
Eres una pizca de magia dentro de mi oscuridad,
eres la personificación de la esperanza,
del deseo y la dulzura del misterio.

Eres como esa manta que te cobija,
que te da calor,
y te protege.

Como esas caricias en el pelo,
y esas sonrisas al recordar un momento dulce, bonito.
Como esas obras de arte silenciadas,
esperando que alguien las escuche,
que las arrope,
o las acompañe.

Todavía hay sonidos en mi alma que no logro concebir.
Tengo sed de ti,
siento deseo por cerrar los ojos,
abrirlos, y tenerte a mi lado.
Siento anhelo al darme cuenta de que ese quizá,
podría resultar ser un nunca.

Quiero rozar esos labios,
y arroparme con tu piel,
quiero sentir el calor de tu corazón,
sus púlpitos y sus rasposos sollozos pidiendo ayuda. 

Quiero ser el mártir de tu deseo,
quiero ser las alas de tu corazón,
la llave que rompa las cadenas,
y me lleve junto a ti.

Me adentraré en tu pecho,
y te besaré,
me tornaré púlpito,
deseo,
aire,
viento.

Quiero rozar tu piel cada noche,
y dormir rodeada bajo tus brazos,
arropada con tus besos, tus mordiscos y tu cariño.

Eres dulzura,
eres pecado,
lujuria,
y una bonita forma corpórea en la que perderse,
donde todo mal parece disuelto,
difuso,
casi inexistente.

Acariciaré tu pelo,
y rozaré tu pecho,
morderé tu corazón,
y te sanearé las heridas con dulzura y deseo,
con pasión y perdición,
con esperanza.

Y aquí acabo de escribirte,
a lo lejos,
mientras te deseo,
bajo esta luna ya perdida...

Martirio decadente...

Ven aquí conmigo
y recuérdame que sé sentir,
que sé querer.

Recuérdame que esa sonrisa no murió.
Hazme retroceder en el tiempo, 
y hazme sentir y anhelas los pecados que se esconden tras tu caparazón.

Quiéreme, cuídame, o lárgate...

Las pesadillas piden e invocan tu presencia. 
Quiero que arropes mi corazón,
que lo beses, 
y me hagas olvidar...

Ahórcame a palabras, 
o a besos.

Golpea mi alma,
o dame la mano
y aprendamos juntes,
sanémonos.



Amade mía, te escribo para decirte que eres el cielo de mis pupilas,
que eres mis gritos de papel,
y mis lágrimas de cristal.

Quiero que te recuerdes: "¿Quién es el verdadero enemigo?"

Y dime, vida mía,
si de algo sirve mancharte de sangre
y tirarte a un vacío sin posible escapatoria...



domingo, 13 de diciembre de 2015

Hilo de oscuridad...

Me alejé del fanatismo y la ilusión en cuanto vi que no eran más que máscaras y veneno, tratando de convertirme en alguien parpadeante.

Pero ya no quedan luces, ni bombillas que cambiar, la oscuridad se llevó mis ganas, destrozó mi alma, y me abrazó en silencio.

Me arropa cada día, sobre todo en la noche, cuando la tristeza cubre las paredes, e indaga en nuestros corazones, en busca de sed, de una pizca de vida. Los corazones se han vuelto árboles sin raíces, se han vuelto polvorientos, tóxicos, y sin vida alguna, obsoletos hasta para amar, para expresar, para sentir al borde del abismo. 
Son árboles que han olvidado de dónde provienen, que obviaron sus raíces, hasta que ya fue demasiado tarde para recuperarlas.

Ya no hay lluvia que reviva estas cenizas, que agriete nuestro corazón, disuelto en cortes, heridas y destrozos, ya se hizo grietas hace mucho. Ni siquiera el ácido podría sacarnos de este abismo, que a nuestro pesar, creamos con la poca vida que nos quedaba.

El juego del cuarto oscuro se convirtió en nuestras vidas, sin tener a dónde escapar, viendo a todes como tu enemigo, sin saber si un paso significará tu muerte, tu salvación, o un precipicio más, del que como siempre, tampoco lograras salir.

Andamos perdides, sin saber quién nos busca, sabiendo solamente que debemos escondernos, que queda poco tiempo, y ya no hay excusas.

Las máscaras que llevábamos se han disuelto junto con las luces, y ya no hay quien nos encuentre en este mar oscuro, sumido en muertes.

Ya no nos reconocemos en ninguna parte, la oscuridad se ha vuelto nuestro mayor cobijo, nuestra arma de doble filo, nuestra salvación, y al mismo tiempo nuestra perdición de la total y mísera cordura. Las luces artificiales solo tratan de hacernos ver falsos espejismos.

Ya no queda agua allí donde antes había mares en los que ahogarte, ya no quedan lágrimas para llorar lo sufrido, solo hay gotas de impotencia.

Solo sé que todavía, incluso sin estar, sigues haciendo dulces, a la vez que vivas y dolorosas, mis más horribles pesadillas.

sábado, 5 de diciembre de 2015

He perdido la magia,
ya no hay suspiros cargados de emoción,
tan solo de pena,
de tristeza y de temor.

Quise esperar,
quise esperarte,
pero no me atreví a verte de nuevo,
no fui capaz de sucumbir a ese deseo,
casi irrefrenable,
de arrancar todo rastro de sentimientos de mí,
de lanzarme a tus brazos, y dejar que me soltaras,
que me dejaras caer,
para aceptar de una vez,
que te fuiste,
y no volverás.

Todavía recuerdo demasiadas cosas,
son tantos años a tu lado,
que olvido qué es querer,
si tú no estás.

Siempre estoy al borde del amor,
del deseo,
pero este siempre me lanza al borde del precipicio,
esperando que decida,
si lanzarme a la nada,
o esperar.

Contigo decidí esperar,
y jamás llegué a semejante precipicio, puesto que...
yo misma me volví uno.

Ya no hay sentimientos por ti,
solo rastros.
rastros que parecen ajenos,
fogatas calcinadas,
papeles arrugados,
letras y versos humeantes,
hechos polvo,
cenizas,
que todavía guarda mi corazón.

Verte,
solo fue un recuerdo,
de que si no avanzo,
nunca lograré saber qué hay tras ese precipicio,
al que por desgracia,
nunca me atrevo a saltar.
Porque como otres,
sé que no habrá nadie para cogerme,
y mucho menos;
para salvarme.

Queily.

jueves, 3 de diciembre de 2015

Me irradias de vida,
me haces latir,
me quiebras los miedos,
y refuerzas mi sonrisa,
paralizas mis llantos,
y me ahogas en placer, 
me haces ver las estrellas desde este oscuro cielo,
grisáceo,
quizá azulado,
solo sé que está sumido en la tristeza,
pero que contigo,
todo es más bonito,
y menos doloroso.

Me arropas con tus versos y con tu cariño,
como si el mundo fuera a acabarse,
me llenas de paz e incluso a veces,
de seguridad.

Me haces sentir realmente a salvo,
y contigo,
parece que estar perdida,
no es ni siquiera tan preocupante.

Me haces olvidar,
pero sin invalidarme,
sin desestabilizarme.

Busco cobijo entre tus brazos,
y calor en tu corazón,
y por más frío que seas,
siempre encuentro un calor inimaginable,
realmente reconfortante,
apaciguante, 
y casi sanador.


Tus labios son tan dulces y apetecibles como lo es tu corazón.
Son tiernos y olvidadizos,
perdidos,
me hacen ver la luz que hay tras tus ojos,
tras esa mirada triste o seria,
y veo tanta vida en ese corazón,
que me es imposible no desear besarlo,
arroparlo,
e incluso,
darle cobijo.

Permanente o no,
eres de esos sueños de los que no querrías despertarte,
y mientras dure,
pienso olvidarme de lo demás,
y sentir tu calor,
dejar que me irradies de vida e incluso,
quizá y solo quizá,
de deseo.

Queily.

Toneladas de pecados

Me miro al espejo y solo veo recuerdos,
empaquetados en esta alma vacía,
traspuesta, olvidada,
quemada,
y hechizada por el cansancio,
por la dejadez de esos versos que dejaste,
junto conmigo,
justo antes de marcharte.

Hay bolas de cristal que presagian fogatas,
y esta vez,
quizá ya no en el corazón,
quizá ya no en esta mente moribunda,
sino en todo mi ser.

Hay alguien que me hace irradiar luz,
sin quemarme siquiera,
que me hace olvidar,
con tan solo unos versos,
que me hace ver el cobijo que esconde su corazón,
con tan solo mirarle.


Trato de escribirte,
desde la lejanía,
quizá para escucharte,
tan solo una vez más,
o para recordarme que jamás,
jamás volveré a verte y a escucharte,
de la misma forma,
tan tóxica,
tan viva, y sobre todo,
tan perdida.

Ya no llamaré tras estas bolas de cristal,
pidiéndoles un sorbo de lágrimas.
Ya no intoxicaré más estos labios,
con palabras dañinas y tóxicas,
tan siquiera creo que lo hago con amor,
con pérdida,
o con un mísero lamento.

Ya no volveré a gritarte en sueños,
a desearte, espero, con lágrimas en los ojos,
pero por más que quiera,
tu recuerdo no logra disolverse.


Estoy llena de pecados,
mi mente sueña con deseos perturbados,
en los que tú a veces estás,
y otras, tan solo me llevan hacia ti,
preguntándome cómo hubiera sido,
si fueran contigo. 

Ya no quiero soñarte,
no quiero soñarte más,
ni desearte,
ni anhelarte como quien busca la luna de noche,
como quien llora sobre el mar,
como quien deja que el frío le arrope o le desvista,
como quien deja que el sol le queme,
incluso en pleno verano.

Ya no quiero perderte,
ni volverte a tener en mi vida,
porque como dicen,
nadie te pertenece,
ya ni siquiera en tus recuerdos,
o en tus más macabros sueños,
dulces o insanos,
nadie forma parte de ti,
ni tampoco realmente de tu vida,
solo de una porción de tiempo,
de un suicidio del alma,
que consume tus últimos versos a la luna.

Vuélvete a tus pozos llenos de lujuria,
y aléjate,
aléjate de mí y de mi mente,
pero sobre todo,
huye de mi corazón,
ya no quiero sentirte,
ni echar de menos tus susurros,
ni siquiera tus sonrisas,
tus lágrimas o tus favores.

Déjame ser,
déjame perder,
ganar o sucumbir,
déjame volar,
o estrellarme,
pero deja que haga mi vida,
como nunca fui capaz,
deja que deje de querer,
que quiera hasta que me explote la vida,
o el corazón,
pero deja de apuñalar mi corazón con tantos momentos,
déjame cogerlos y guardarlos,
pero sin que vuelvan a sangrar...


Ya no me caben pecados en el alma,
que contigo todos ardieron,
y con tu ausencia,
se incrustaron en mi ser,
haciéndose y volviéndose persona.

Sé mi ser, bendito caballero de la oscuridad,
sé mi paz, honorable viento de la vida,
sé mi tiempo, querida bomba de cristal,
sé mi escudo, cuerpo resacoso y cicatrizante.


Estoy cansada de tanto pensar,
de tantos pesares ahogando mi alma,
de tanta vida pudriendo mi ser,
de la muerte asomándose en mis pesadillas,
arrebatándomelo todo,
recordándome que nada es estable,
y que por más que quiera,
los seres inestables permanecen bajo la presión del tiempo,
de su entorno,
y sobre todo,
de su humilde corazón,
y bajo la presión y el poder de su mente,
de ese mar de dudas y perturbaciones,
de esa cueva de verdades y mentiras hechas realidad.


Vete, 
vete lejos,
y llévate todos esos pecados,
o devuélvemelos en pedazos de corazón,
los que te llevaste,
y no consigo reconstruir,
ni crear,
ni tampoco recordar.


Hay partes de mí que por más que intente,
no consigo recobrar.
Perdí el sentido,
junto con la inocencia,
y ya no me quedan suspiros suficientes,
como para poder expresar tantos lamentos. 


Queily.

martes, 24 de noviembre de 2015

Las épocas de frío retumban en mis oídos, los bostezos y suspiros de madrugada, el temblor de mi piel por el contacto del hielo y del viento. El calor y ardor de mi corazón y de mi pecho, deseando salir al exterior.
La sonrisa de verano justo antes de morir en otoño. Las lágrimas de invierno, antes de disolverse con el pasado.
Y los recuerdos, tanto los fríos como los ardientes, que oscurecen y opacan mi alma y la despiertan de dolor, y a veces, incluso, de esperanza.



Dicen que hay personas que nunca olvidas, que nunca mueren en una tumba, que mueren y viven dentro de ti y es imposible extirpar su recuerdo de tu corazón, o siquiera de tu mente.
Mueren en ti para renacer en tus lágrimas, y también en tus sonrisas.



Los cristales de su corazón todavía siguen latiendo, mientras las luciérnagas iluminan su caparazón, rodeado de espinas.

La magia de un corazón jamás muere, tan solo se transforma.



Tiritas de porcelana... 
Y es que ya no me quedan sonrisas para tanto fingir,
se me han acabado las ventajas del ayer.

Solo quiero recordar tu rostro a centímetros del mío, rasgándome la piel con esa mirada desesperante.
Quiero dejar de sangrar,
mi piel ya no aguanta más tiritas de porcelana,
se ha cansado de las quebradizos recuerdos que dejaste bajo mi almohada, bajo mi corazón, bajo ese escudo, esa capa negra con la que me fundía en la oscuridad fingiendo ser une.

Echo de menos las constelaciones de tus ojos divagando por mi cuerpo, tus sonrisas clavándose en mi corazón, y esas miradas de complicidad llenas de deseo.



Todavía sigo viéndote en cada esquina, recordándote tras esas canciones, bajo esa lluvia de sentimientos, todavía recuerdo tus manías y tus sonrisas, tus lágrimas, tu sed de querer ponerle a todo un poquito más de color y alegría, tu sed de alegrar a casi cualquiera. 

Recuerdo todavía más esas noches llorándote, deseándote, perdiéndote en mis pesadillas y en mis sueños. 

Aún sigues en mi mente, y no logro explicar de qué nefasta manera logras quitarme la coraza incluso después de que ya no estés, con tu sola presencia en mi cabeza, y quizá aún un poco, en mi corazón.

Dejé de quererte, pero cada vez soy más consciente de que jamás podré dejar de recordarte.


El problema del ser humano, es que cuando se le intenta hacer pensar y razonar, se encierra en los conocimientos que han estado abiertos siempre para nosotros, y no se pregunta por qué muchas cosas han estado siempre con candado, bajo llave, para que nadie las sepa.

La mejor forma de abrirte, no es crear una llave o una cerradura, es crear una puerta y una conexión entre lo que quieres y deseas, en lo que sucede realmente dentro de ti y a tu alrededor, en el mundo, entre lo que evitas y no entiendes, y entre lo que no sabes ni siquiera si te gustaría saber. No somos egoístas por naturaleza, solo hipócritas por vagueza y por miedo a que se nos recrimine lo que está verdaderamente mal.



Sigo preguntándome si es más importante vigilar con el fuego, o hundirme en él con tal de no olvidar que mi corazón todavía es capaz de sentir algo realmente verdadero.


Mi corazón sigue teniendo hambre de ti, de tus recuerdos, de tu sonrisa, de todos esos momentos, de esa fogata que creabas en él con solo acercarte a mí, con solo sonreírme.

Sigue haciendo frío en mi corazón desde que te fuiste.
Y es que quizá, ya no hay quien vuelva a derretirlo como tú lo hacías, con esa inocencia y esa dulzura, con tanto deseo oculto, con tantas miradas como puñaladas...


Atentamente,

Queily.

Fragmentos

El frío me hiela las piernas, pero sobre todo el corazón. Pero con solo recordarte o aparecer, nublas mi corazón de calor y sentimiento. 
Eres como una reliquia de paz, como un conjunto de suspiros libres y atragantados, que por fin libres, gritan su pesar.
Das cariño a mi corazón, y me llenas de vida y de dulzura, contigo no hay maldad.


Me haces sentir a salvo, acogida, acompañada y entendida. Me das esperanza y no está manchada de ilusiones ni de sangre, y más bien, tampoco de pesares.

Me das esa chispa de fuego que ahuyenta los males y apacigua el dolor. Me haces sentir cómoda y libre, sin sujetar mis alas, y dejándolas volar.
Haces que mis cárceles interiores sean más amenas, y que mis tristezas se disuelvan un poco con una sola sonrisa, con una sola palabra.
Recubres mi corazón de flores, y no precisamente marchitas, y das calor a mi corazón, haciéndome temblar de sentimientos y emociones.
Apaciguas mi mente y ahuyentas un poco mis miedos. Haces que olvide la inseguridad y la incertidumbre de los momentos, y que me centre en ti, y en sentirte a mi lado.


Porque debemos ser respetadas con o sin depilar. Porque es nuestro cuerpo y son nuestras normas. Basta ya de cánones de falsos estereotipos y de normatividad. Tener vello no te hace menos femenina. Y que un chico se depile tampoco lo hace menos hombre, y que no lo haga no significa que sea menos higiénico, al igual que las mujeres.
Nuestras pieles son capas de seda cubiertas de cicatrices y rasguños, de pesares y melancolía, mientras que el vello es una especie de escudo, que no nos debiliten ni nos hagan callar. Es igual de bonito un cuerpo depilado que sin depilar.

domingo, 22 de noviembre de 2015

Incrédula de mí, a veces resucito de entre los muertos sin rasguños visibles aunque latentes.

Mañana será mi día, percibo el silencio en tu mirada y el murmuro de las olas en tu corazón.

Quiero someterme a tus encantos, y si hace falta, sucumbir, e incluso empalidecer. Porque eres sabiduría e ilusión, y esperanza.

Pero sobre todo eres chispa, y enciendes mi corazón, haciéndome temblar, y evaporas las dudas y parte de los miedos, con tal dulzura.

Eres tranquilo, como la paz que respiro del mar, como los cantares somnolientos de tu corazón, y el susurro de la luna anhelando calor de estrellas y luces fugaces disipándose en la galaxia de tus ojos, en la laguna de tu alma, arrasando con todo.

Quiero que te escondas bajo mi piel y mi falso caparazón. Quiero sentir la vida derramándose en tu pecho. Quiero escuchar tus murmurios.

Quiero recitar poemas y contarnos historias, quiero ser tierna hasta que me explote el corazón.

lunes, 9 de noviembre de 2015

Lazos de sangre

Y es que quererte, 
todavía,
a estas alturas,
se ha vuelto un precipicio,
quizá demasiado bonito y fugaz,
como para ser verdad.

No pedí recordarte de esta manera,
ni siquiera que te quedaras en mí,
que revolvieras mi mente,
incluso en sueños,
incluso después de irte,
yo solo pedí un poco de vida,
de emoción,
y me la diste,
y tanto.

Hasta que te fuiste,
y ya no recordé nada,
ya no supe volver,
ya no supe volver a encender el fuego,
ni a conservar el hielo,
ya solo supe derretirme en cada esquina,
tanto por fuera,
como por dentro.

Asemejándome a una vela que parpadea,
a una vela deshaciéndose, 
mientras arde y se hiela,
en el infinito campo del tiempo,
en la oscuridad de esas penumbras,
atrapada en esos cristales ardientes,
en esas bolas parecidas a las burbujas,
pero imposibles de romper,
imposible escapar.

A día de hoy,
encerrada en ti,
o quizá, habiendo encerrado tu recuerdo en mí,
hasta volverlo parte de mi ser,
de mi vida, 
y es más,
de mi tristeza,
y más triste aún,
de mi alegría al recordar que puedo sentir todavía,
antes de que una lágrima resbale por mi corazón,
recordándome que no he vuelto a sentir,
de esa manera,
tan viva,
tan arrogante,
tan tóxica,
tan loca,
y tan perdidamente enamorada.

Tan perdida, encontrándote siempre en todas partes,
incluso después de irte,
de apagarte en mi corazón,
sigues sin irte de mí,
de mi mente.

Queily.

domingo, 18 de octubre de 2015

Mi corazón se vuelve cristalino 
con tu presencia,
se ahoga en silencios, 
y arde en llamas.

Me gustaría atarme una cuerda al corazón,
y llorar y llorar.

Somos sobras inertes,
somos caprichos del mal.

Somos sangre,
somos sustancia,
somos muerte.

Somos olvido.
Somos tinieblas.

Somos espejos,
retratando basura
manchada de sangre,
de mentira.

Queily.



Tejidos de los recuerdos

Poemas al anochecer...
Eres mi escudo, mi mayor luz.
Viertes el veneno del pasado,
de mi corazón,
agujereas mi mente,
y perforas mis latidos,
pidiéndome perdón.

Y lo siento,
por tanto silencio en mis palabras,
tanto ruido en mi cabeza,
o tanto silencio en mis noches.


Tus latidos me piden piedad,
por un "perdón" 
que no fui capaz de pronunciar.

Sálvame de la oscuridad,
honorable luna de mi corazón.

Coarta la respiración,
y envuélveme en latidos.

Perdóname, silencio,
errante parlante de mi ser,
que sepulta mis carnes,
vacías, so muertas,
rebosantes de sangre y de dolor.

Adórame, viento,
hazme sentir el hedor de al niebla,
de tu piel,
de tu alma,
de tu humilde corazón.


Tinieblas de mi corazón,
cómo osáis invadir mis lagunas,
y hechizarme con sus encantos.

Honorable paraíso es tu voz,
son tus versos,
avivando mis tumultos,
y cosiendo el silencio de mis heridas.

Vuélame, y llévame lejos del ser,
hoy ya no deseo existir más,
hazme renacer en tus pecados y tus logros;
vuélvete efímere y valiente
como el fuego que incendiaste bajo mi caparazón.


Sigo esperando ese perdón de tu corazón,
porque tus labios ya no osan pronunciarme,
y tu mente rehuye de mis más sangrientas armas,
de mis recuerdos,
y sobre todo,
del agujero negro de mi laguna
que inviste mi cuerpo en infierno y en dudas,
y me vuelve ceniza,
polvorienta.

Endúlzame con tu cariño,
honorable viento de mis entrañas,
y hiela los augurios de mi castidad.

Solemne paz, solemne olvido,
y aquí me hallo yo,
entre cenizas, eternidad
y mágicos volcanes de oscuridad.

Queily.

miércoles, 7 de octubre de 2015

Sepultos abalanzándose sobre mí

Rodéame con tus hazañas,
con tus recuerdos,
húndeme en tus versos,
y muere conmigo en cada palabra.

Vuélvete viento y rózame en silencio,
recuérdame que estás aquí,
que no estoy sola.
Recuérdame que sigue habiendo magia en ti.

Quiero que sucumbas a la oscuridad de la luna,
y me arropes con su luz,
que pegues besos en mi corazón simulando tiritas,
y me susurres lo dulce que te parece el mundo,
y lo envenenado que está.

Quiero que muerdas mi anzuelo,
me cojas de la mano y decidas no morder la manzana,
que decidas compartir el dolor y el veneno,
y busques jeringuillas para les dos.

Y si me dejaras,
te abriría el corazón a mordiscos,
hasta dejarte sin habla,
hasta olvidar quién fuiste,
y darte cuenta de quién eres.


Ya no hay hojas de otoño que puedan decorar tu rostro en llamas,
o ennublecido por esas lágrimas de cristal,
y se han vuelto invisibles
y una fuente de vida casi imposible de medir.


Me duele en el alma no verte sonreír,
y siento ganas de arrancarte de un cuajo el corazón,
saborearlo,
y esculpir los pedazos rotos a besos.

Atentamente,

Queily.

Recuerdos agujereados...

Quise conservarte,
tenerte a mi lado, 
quise no perderte.

Quise abrazarte día sí y día también,
quise entrar de noche en tu corazón, y arroparme con tu piel.
Quise verte en mis ojos, y reflejada en los tuyos.

Quise soñarte de día, 
y revivirte de noche,
en mi cabeza,
anhelando tu piel,
tus miradas,
tu sonrisa,
tu gracia,
tu encanto, 
y desplomarme en tu cuerpo,
y volverme ceniza,
siendo soplada por tus dulces y cristalinos labios de aguja...

Quise marcarte con recuerdos, 
con sonrisas,
con lágrimas,
y recordarte bajo la máscara de la luna,
verte tras ese cristal,
y bajar la lluvia para avivar ese rostro triste,
rencoroso,
resacoso,
en busca de otro amor tóxico,
mientras yo,
mirándote,
me hundía en los encantos de tu alma,
y soñaba con dormir bajo esa tela de seda,
rompediza,
frágil,
que envuelve tu cuerpo,
y hacerla brillar,
iluminarla con mi voz y mi sonrisa,
y tocar tu corazón,
besarlo y abrazarlo,
hasta lograr despertarlo,
y no irme de su lado,
hasta haberlo quebrado con mis besos,
hasta no haberlo adormecido junto al mío,
para levantarse a la mañana siguiente ambos,
recordándonos,
incluso después de desaparecer,
incluso después de no vernos,
de marcharte,
de dejarme,
de perderte.

Incluso después de ser incapaz de sacarte de mi mente,
incluso después de agujerear tu recuerdo en mi corazón,
y de coserlo con tanta fuerza y profundidad, que todavía hoy,
soy incapaz de descoserlo,
de obviarlo,
de destruirlo,
de no añorarlo...

Atentamente,

Queily.

sábado, 12 de septiembre de 2015

Retratos quebrados...

Mis ojos siguen bañándose en la oscuridad, mientras mi sangre desploma mi sonrisa, y la hace brillar por unos segundos. No hay mayor luz que la de un corazón latiendo en la oscuridad, tranquilo, y al mismo tiempo intranquilo, pero luchando y deshaciéndose gota a gota del vacío y martirio que colma su venenoso ser.


Explorar corazones es mucho más interesante que navegar océanos. O quizá no, ¿pero por qué no iba a probar ambas cosas? De sangre se alimenta el alma, como de sueños, emociones, sentimientos y descubrimientos se alimenta el corazón y la mente, a modo de espera a un pozo más fondo.


Oh, lúcidas sombras de la oscuridad, dejad de sepulatarme hacia un vacío sin regreso, y dadme alas para quebrar todos los males.


Sigue oscureciendo antes de tiempo, como si de verdad la noche fuera imposible de apagar, de apaciguar. Siempre despierta, incluso en el día, en el interior de esas almas y esos seres podridos.
Pero ya no hay sol que valga para tanta oscuridad. La lluvia se encargará de limpiar las huellas que dejó la melancolía.



Mi sombra ya no esculpe más que el deterioro de mi alma.
Mis huellas clavadas en tu piel, me recordaban que era capaz de resucitar de entre los muertos.
Y que si hay vida cuando esto acabe, quiero que cantes en mi tumba, y grites al verme, como lo hubieras hecho esta noche, de tanta súplica por verte y por amarte; y el jodido hecho de ya no saber cómo extrañarte, de ya no saber cómo quererte.

Y de morir en cada esquina; por el solo hecho de tenerte.



Quizá debí cuidar los sueños y el brillo de mis ojos, como debí cuidar el tiempo antes de incrustarse en mi corazón y despedazar cada uno de mis tumultos.


Me embriaga una sensación extraña, fallida, en que ni los sueños ni utopías son capaces de retratar mis más infernales deseos de vivir hasta quemarme. Antes de que el cielo nuble mi mente como lo hizo con mi alma y mi corazón. Antes de que el mundo despierte. Antes de que el tiempo avise; que como dicen, no es traidor.
Y que si hay vida bajo los rostros, también la hay entre las tumbas.



Las rosas son símbolo de vida, al mismo tiempo que dan sentido a todas las muertes. 
Renacemos del dolor como de cada corazón, de cada alma, de cada agujero, de cada abismo. 
Somos espinas incansables, en busca de una rosa que sujete y aguarde sus gotas de sangre más tóxicas, su veneno más fúnebre. 
Y es así como se manifiesta la muerte; en forma de vida, de transición, para demostrarnos que no existe mayor fuerza y energía que la propia, y que cualquier mundo alternativo debería ser subestimado para nuestros adentros, porque quizá ya no queda nada. 
Quizá no somos nada y nos empeñamos tanto en serlo que nos hemos hecho creer que somos de tal forma, cuando no es así.
Somos cambiantes, y como tales, la vida y la muerte juegan nuestras cartas como si fuéramos el tiempo, para así ver quién sabe jugar mejor: si el corazón, la mayor bomba que existe, o el tiempo, el reloj más infernal.


Nunca pensé que te volverías la luna de mis días, la linterna de mis noches. La vela de mis penas, el fuego de mi corazón; y menos aún, el hielo de mis versos.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Feminismo; una lucha que no debe morir

Me apetecía escribir una especie de artículo sobre un tema que nos toca a muches de frente, de cerca, y del que muchísima gente desconoce su real significado y lucha. 

El feminismo, como se ha dicho tropecientas mil veces, SÍ busca la igualdad entre géneros y orientaciones sexuales, colectivos, etc. Aunque la misma palabra "feminismo" provenga del término hembra, mujer, no significa que se busque solamente la igualdad de las mujeres leídas como tal, es decir con un cuerpo que percibimos de mujer: tener pecho y vagina. 
Pasando por alto que muchísima gente sufre alteraciones en su cuerpo, y carecen de alguna de esas dos cosas, y de que muches mujeres leídas hombres, por su cuerpo, y por falta de información, por las ideologías, pensamientos y creencias que nos han sido inculcadas, también son mujeres, independientemente de cómo sea su cuerpo, ese cuerpo es propiamente de mujer, porque la persona que se esconde tras esa piel, se siente de tal forma y identificada con tal género. 

También quiero destacar, que por enseñar tu pecho, no eres una furcia o una puta, hay muchísima gente que lo hace para defender la igualdad de género y demostrar que no importa si eres mujer o hombre, si perteneces a otro colectivo, etc, que puedes mostrar tus pezones y tu cuerpo si así lo crees conveniente, de la misma manera que lo puede hacer una persona leíde hombre.

No voy a tocar mucho este tema, porque quería hablar más que nada sobre el machismo, la violencia que sufre la mujer, y las personas leídas mujer.

Lo que quiero dejar claro, es que no importa qué cuerpo tenga una persona, su género no siempre será: femenino o mascuHay una infinidad de identidades de género, y como tal, deberíamos respetar todas y cada una de ellas, por muy nuevas o incluso "raras" que parezcan. 
Al fin y al cabo, lo que importa es lo que eres y cómo eres por dentro, tu cuerpo tan solo te complementa, no te define. Respetad a las personas por lo que son, y dejad de juzgarlas por querer desconstruir las ideas que nos han inculcado como "correctas". 

Puedes ser agénero, y no sentirte identificade con ningún otro género, o no saber del cierto cuál, puedes ser pansexual, demisexual, transgénero, poliamorose, monoamorose, homosexual, genderfluid, etc, qué importa. Hay miles de géneros y orientaciones, y ninguno es menos por ser diferente, o menos válido, es igual de correcto y válido. 

Dejando este tema a un lado, me gustaría centrarme en el machismo, porque aunque a muches os parezca que ya no se sufre en muchos lugares de Europa, como por ejemplo España, y en muchos otros países de la Unión Europea, y del mundo en general, os equivocáis MUCHÍSIMO. 

Quiero que miréis dentro de vosotres, y os imaginéis por un momento que un día no os da tiempo de arreglaros, y vais normales, sin maquillaje, sin depilaros, sin ropa bonita, sin nada que provoque buena impresión a las demás personas en general. Imaginad que salís así, poneros a pensar en cómo se sentiría una mujer si va sin depilar, y muestra sus piernas, sus axilas, y su bigote, y comparadlo con cómo se sentiría un hombre si va exactamente igual.

A la mujer se la juzgaría sin pensar, está claro: "¿Cómo puede ir así? ¡Depílate!" "Vístete, esos shorts parecen bragas" "¿Pero es que no ves que así distraes a los hombres? ¡No muestres tus pechos, ni tampoco tu escote, nos incitas a querer violarte!"
Sin embargo, al hombre: "Qué guapo así, aunque si se depilara..." "Estaría mejor depilado, pero no pasa nada, es tan masculino" "Es tan masculino, me encanta..."

La mayoría de comentarios que se llevará una mujer, serán discriminatorios y juzgándola, sin embargo, para un hombre, es MUCHÍSIMO más fácil ir sin depilar, o depilado, porque aunque algunas personas puedan juzgarle, no serán ni la mitad. Sobre todo ahora que se está normalizando tanto el hecho de que "Depilados estáis más sexys" entre los hombres, como lo ha estado desde siempre entre las mujeres.

Allí viene el problema; confundís tener más o menos pelo, con tener más masculinidad o feminidad, y en absoluto es así. No eres más mujer por depilarte, ni menos válida por no hacerlo, estás en tu derecho de elegir depilar o no, qué ponerte, cómo ir, etc. No estás obligada a seguir los estereotipos y cánones estéticos que nos han sido impuestos.
Y si eres hombre, tampoco tienes que estar sin depilarte nunca, o por el contrario hacerlo siempre solo para "gustar a las mujeres". Haced lo que mejor os parezca a vosotres, tengáis el cuerpo que tengáis, solo VOSOTRES decidís si depilaros o no, y nadie puede forzaros, ni siquiera durante el sexo, porque es elección vuestra, y de nadie más.

Ni eres más macho por no depilarte, ni eres más hembra por hacerlo. Dejemos a un lado los mitos y prejuicios, y demos un nuevo paso al respeto y a la igualdad.

Otra cosa que también me gustaría comentar, es que da igual si llevas más o menos ropa, también es tu elección. Te van a violar igual, con o sin ropa, así que dejad de inventar cosas y falacias. 

"Respétate y aprende a respetar, sin condiciones, sin limitaciones".

Atentamente, 

Queily.

miércoles, 19 de agosto de 2015

Tú, que tiemblas mis susurros, que inspiras mi mente, que quiebras mi corazón, y ahuyentas mi alma, tú, que me recuerdas que el olvido es pecado, y que no existen pecados donde hay perdón.

Tú, que me dices que sinceras son las sonrisas de la luna, mientras te digo que más lo son las del corazón, que mientras sangra, mientras llora, es capaz de agarrar cualquier luz, tan solo para marcar una sonrisa en un rostro.

Tú, esa niebla que traspasa mi vida, y la vuelve insulsa, pero que me recuerda una y otra vez, que la oscuridad es mi mayor escudo, mi mayor verdad.

Eres las garras del vacío que arraigan mi alma a la vida, eres esas gotas de sangre que colman mis ojos.

Gracias por enseñarme a destruir, a crear, y rehabilitar, y a desintoxicarme de tanto veneno hecho por esta sociedad.

Que si ser mujer es un pecado, ser une hombre no iba a ser una gloria; aprendamos a vivir con la guerra de nuestros corazones, y a decidir qué es más importante, una ley, un comentario, cientos de ellos, o la sangre que recorre nuestro cuerpo y avasalla nuestro corazón, recordándole que mil golpes no son suficientes para hacernos callar.

Tienes la magia de tu ser, úsala, da igual qué cuerpo vendas, qué cuerpo seas, tu cuerpo no eres tú, tu cuerpo es tú.

Quiébrame la mente, y no el alma, que ya ha llorado bastante por tu ausencia, por tus mentiras, y por tanto veneno que nos enseñan a crear desde ese hipócrita y falso "amor romántico".

Dejémonos de excusas, que más valen mil experiencias libres y sanadoras, agradables, mágicas, que una sola llena de veneno y toxicidad.

Deja volar tu alma, tu corazón, pero sobre todo, tu mente, deja a tu cerebro avasallar los corazones llenos de veneno, y recordarles que la cura está en une misme, y que el amor no es venenoso, si más no, las personas y sus ideas y pensamientos impuestos.

Crece, y deja crecer; antes de que coarten tus alas, recuérdate que dispones de la palabra, la mente, y de un corazón. Los ojos solo sirven para desmembrar y explorar el mundo, jamás una mente, y tampoco un corazón.

lunes, 3 de agosto de 2015

Tiritas en mi corazón

Puñaladas en mi cerebro,
tumbas de acero,
en mi corazón,
llenas de sangre,
de lamentos,
de cementerios somnolientos.

Bastan agujeros para acabar con tu vida,
pero jamás bastarán golpes ni rasguños,
ni asesinatos,
para acabar con tu ser,
con tu esencia,
con tu espléndido perfume.

Tu sangre huele a rosas,
tus labios saben a gloria,
a temor, a lagos plagados de llamas.

Saben a hielo ardiendo,
a tumultos en el alma,
y oscuros hallazgos en tus cristalinas lentes,
tan frágiles como el cristal,
tan secas como el desierto.

Ya no hay lágrimas para llorar,
ya solo quedan silencios que apreciar,
y palabras antiguas y viejas,
del pasado,
que saborear,
justo antes de olvidar quiénes somos.

Tu sonrisa me recuerda al mar,
es como un mar en el cielo,
es como bañarte,
sin mojarte,
como mojarte,
y permanecer sin una gota de agua en tu piel.

Algo así como vivir,
como respirar,
como hacer cosas,
y malgastar tu tiempo,
como aprovecharlo, a veces,
pero nunca vivir realmente,
nunca aprovechar realmente tu ser para crear una esencia duradera,
de ti, de tu perfume,
de tu sangre,
que yazca para siempre en tu corazón,
en tus tumbas y sepultos,
y permanezca en todas esas mentes,
que dejaron rasguños en tu corazón,
y que agrietaron tu alma y la echaron al vacío,
recordándote que una vez más: 
fallaste.

Y esta vez,
no hubo perdón, tan solo silencio...
Me alojo en tu alma,
mientras mi corazón tirita de miedo,
mientras mi rostro sonríe,
mientras las lágrimas bañan mis ojos.

Y es que ya no hay consuelo,
para esta sangre en mi piel,
para tantas garras clavadas en mí,
para tanto horror golpeando mi interior.

Me he quedado sin silencios,
o quizá es que solo necesito lograr silencio dentro de mí,
y soy incapaz de acallar todos esos deseos,
todas esas preguntas,
todo ese temor.

Sepultos a la oscuridad,
hechos de esos recuerdos,
de esos momentos,
que me dejaste con suspiros,
justo antes de largarte.

Ya no espero nada,
solo quiero creer en mí,
y llenar mi alma de paz,
dejar a un lado la lujuria,
el horror,
el miedo,
la tristeza,
y este pozo que me arranca de mi ser.

Porque,
como dije,
ya no hay espacio para mi corazón so muerto.

Pero haré que yazca en paz,
alrededor de tantos tumultos,
aunque quizá,
y solo quizá,
sea lo último que haga.

viernes, 31 de julio de 2015

Días nublados en el corazón

Y caminas,
caminas y caminas,
y solo veo torcerse mi mirada,
romperse mi sonrisa,
cansarse mi corazón,
tiritar mi piel,
y quebrarse mi alma.

Sepultas mis ojos a lo lejos,
dejándome a riendas tu voz.

Me pides silencio,
y coses mis labios,
me pides besos,
y solo hay ruido en la calle.

Ya no hay espacio para los focos,
ya no hay color para el corazón.

La luz se ha vuelto veneno,
y la oscuridad se ha vuelto mi mejor caramelo.

Mi mejor escudo,
mi inagotable fuente de vida,
mi escondite, 
mi niebla, 
mi mejor arma,
mi mejor sonrisa;
y sobre todo,
mi mayor fuerza.

Queily.

lunes, 27 de julio de 2015

El lenguaje inclusivo

Seguramente algunes de vosotres ya habréis notado que últimamente, desde ya hace un tiempo, empecé a "hablar de forma rara" al referirme a colectivos, como "todos" o así, y que ahora siempre pongo "todes". Por eso he pensado que ya es hora de hacer un artículo hablando sobre este tema, ya que, seguramente muches, ni os habéis preguntado por qué, y habréis pensado que son puros fallos ortográficos.

El caso es que, voy a hablaros del llamado "lenguaje inclusivo", que es aquel que se usa para evitar herir y menospreciar a los colectivos y/o personas que no se sienten identificades ni con el género femenino, ni el masculino, sino con ambos, o ninguno, u con otro. O también se dan muchos casos en qué depende de la época en qué suceda, y de cómo se sienten, pueden cambiar de un género a otro, etc.

No es obligatorio que a partir de ahora todes vosotres uséis la "e" en vez de usar la "a" o la "o" cuando habléis u os dirijáis a desconocides, pero sería de agradecer que respetarais el que mucha gente haya decidido hacerlo. No cuesta nada evitar citar a una persona de la que desconocemos su género de manera que se pueda sentir ofendide (usando el género masculino y/o femenino. En vez de eso, podéis hablar de personas o de gente, etc, en vez de hablar de "chicas", "chicos", "hombres", "mujeres", cuando desconocéis la identidad sexual de alguien.

Por lo tanto, para denominar a colectivos y/o personas que no conocemos o de las que desconocemos su orientación sexual, es adecuado evitar términos genéricos y discriminatorios como "todos" para referirnos a un grupo de personas, etc. En vez de decir todes, se diría todes, y en vez de decir chicos, se diría chiques, y así succesivamente. Es muy fácil de usar, aunque parezca complicado y aunque cueste adaptarse a este. De todos modos, para quien no quiera usarlo (estáis en vuestro derecho), podríais intentar al menos no usar los típicos términos y artículos genéricos como "ellos", "ella", "aquellos", etc, y usar estos: "elle/elles", "aquelle/aquelles" y así.

Además, no solamente puedes ser heterosexual, homosexual o bisexual, también puedes ser agénere, demisexual, pansexual, queer, transgénero, transexual, romántique, arromántique, fluid gender, etc. Y existen millones de géneros más. 


También me gustaría citar algo muy importante sobre el término del colectivo LGTB (Lesbianas, Gais, Transexuales, Bisexuales) o LGTBI (Lesbianas, Gais, Transexuales, Bisexuales, Intersex), los cuales también son discrminatorios, ya que no hacen referencia a todos los géneros y tipos de sexualidades existentes, y como es imposible citarlos a todos en unas siglas, se ha creado un nuevo término para denominar a los colectivos de personas que no se sienten identificadas con los géneros y sexualidades que no han sido impuestos. 

Aquí explica detalladamente el significado del nuevo término para denominar a todos los colectivos sin invisibilizar ni ofender a nadie. (GSRDI)
https://twitter.com/NinjaFullero/status/617483186864562176

Eso es todo,
atentamente,

Queily.

domingo, 12 de julio de 2015

Siento la nieve recorrer mis venas,
siento el viento cortar mis pulmones,
siento tu voz robar mi respiración,
siento el silencio quebrar mi corazón.

La tinta de mis venas se torna oscura,
los ríos de mis ojos se desploman por estas montañas,
tan elevadas,
tan resacosas.

Mis labios se vuelven amargos,
mi mirada perdida,
se torna cenizas.

Volvamos a perdernos,
quiero que nos encontremos,
o que nos perdamos entre sí,
aún más,
todavía más,
tan solo para encontrarnos a cada une.

Me estoy cansando de tantos fuegos,
de tanta risa,
para tan poca vida,
para tanta monotonía.

Mis sueños me persiguen,
y se tornan veneno,
junto con tus versos,
ya en el pasado,
ya enterrados.

Procuro verte cada noche,
en la luna,
en las estrellas,
en el cielo,
en las miradas,
en los reflejos,
y ya solo veo negruras,
espécimenes que buscan corazones,
y quizá les de el mío,
ahora que ya no me quedan colores.


Te regalo estos escombros,
ya no los quiero,
no me sirven,
ya no siento,
ya no padezco,
solo observo.

Sé el color de mi pintura,
sé el arte de mis sueños,
sé la magia de mis venas,
la sangre de mi corazón,
los púlpitos de mi alma,
y las pulsaciones de este estropajo.

Y créeme,
ya no hay silencio,
que apague estas velas,
incrustadas en mí,
quemando cada rastro de mi ser,
y haciendo crecer nuevas huellas,
nuevos mundos,
nuevas ideas,
y muy a mi pesar,
los mismos sentimientos.

Necesito una ducha interior,
y lavarme y enjabonarme,
de todos los males.

Sacarme esta sangre,
que dejaron tus versos,
sacarme estos cuchillos,
que dejé por descuidos,
sacarme esta muerte,
que soñé sin pensarlo.


jueves, 9 de julio de 2015

La literatura es el ataúd de los vivos, mientras que es la cama de los muertos.

La vida, la poesía, la escritura, el arte, la música, son esclavos del deseo de nuestras almas, son cadenas de nuestro corazón, porque incluso tras la muerte, tan incierta, se esconde una paz tan insólita y arrebatadoramente silenciosa en apariencia.

La duda alimenta nuestra curiosidad, y arropa nuestras pieles en la noche, recordándonos que la literatura nos acerca al sentimiento de vivir mientras se muere.
Somos bombas, mecanismos llenes de cables por todos lados, por los cuales circula electricidad, muerte, y también una pizca de vida. Pocos son capaces de desactivarnos, de desarmarnos, de volvernos polvo, y por otro lado, muy pocos son capaces de hacernos sentir más fuertes, más vivos, realmente a gusto y agradables, y al mismo tiempo, de descodificar esa bomba que bombea sangre, como un reloj, tic, tac, tic, tac. Y que solo unos pocos logran paralizar o estar a punto de explotar por cuestión de segundos.

¿Cómo sería mi cielo?

Sería rojizo, sería oscuro, y sería fuerte, vivo a su vez, frágil y valiente, resplandeciente, efímero, y distante, espeso, tembloroso, pero constante de alguna forma. Sería colorido, los colores se irían alternando, y cada corazón se posaría en cada nube, formando así una personificación de nuestras almas en el cielo, para así ver qué llevamos dentro, y si verdaderamente, es eso lo que queríamos que fuera.

¿Qué son los colores?

El color es el conjunto de vida, los pigmentos del alma, del corazón, y las pinceladas de la mente. Es la dejadez y el descontrol de la adrenalina, es el sin vivir de los muertos. Es la tumba de los vivos, y el altar de los luchadores. Es el trofeo de los pulmones, la sangre de los ojos, y los púlpitos del corazón.
El color es el conjunto de sentimientos, emociones y sensaciones que es capaz de expresar lo que cada uno lleva dentro, a pesar de lo que muestra fuera. Los colores son vida, son muerte, son fuerza, y son debilidad. Son todo aquello que vemos y que a la vez obviamos, todo aquello invisible, transparente.
Son la luz y la oscuridad que le damos a las cosas, y el tacto visual que otorgamos a cada objeto.
Y qué luz. Y qué vida, la que dejaste perdida en mi sien. Y tus labios, que se tuerzan al verme, como si fueran simulacros del fuego que hallas dentro de ti.

Quiero conocerte. Quiero indagar en las tinieblas de tu corazón, y descubrir qué arma sería capaz de estancar tu alma hasta volverla indefensa, y también; también me gustaría saber cómo despertar tu alma de la manera más permanente posible, haciendo que jamás deje de arder, sea de rabia, temor, miedo, rencor, impotencia, o de lástima, de tanto correr y no llegar a ninguna parte.

Y es que quizá, quizá me he cansado de ser guiada paso tras paso, quizá me he cansado de guiarme, quizá ya solo quiero dejar libre mi corazón, y alcanzarlo con mi mente, sin desprenderme de lo que sin saber por qué, aún sigo llamando alma.
Me convertí en una capa invisible, me convertí en un muerte que se viste de flores, que se viste de negro, haciéndose creer que está vivo, y que solo una parte de sí misme se ha roto, que solo un pedazo ha sido arrancado de su alma, cuando tode tú eres escarcha, y te volviste cenizas antes de poder encender una vela para recordar qué deseos querías cumplir antes de huir de la inocencia.
Las únicas personas que siguen conmigo son esas que me recuerdan al viento, a la niebla, a la brisa. Los sientes, los notas cerca..pero sabes que no están allí, aunque sientas su presencia, incluso imagines que están allí, junto a ti, ellos están a cientos de kilómetros. Pero los recuerdas, y puedes verlos en el cielo, en las estrellas, en la luna, en el frío, en el viento, puedes verlos quebrar tu piel junto con el frío y repararla como lo hace una pequeña pizca de la calor que desprende el sol.

Gracias por existir; jamás apagues la llama que..aunque sople el viento y se apague..siempre se vuelve a encender.

¿Qué es la nada?

Es un conjunto de cosas vacías, es la ausencia de estas, porque aún y estando, son invisibles a los ojos, pero demasiado notorias para nuestra piel, nuestro corazón, y nuestras lágrimas. Sentimos la nada tan real, tan muerta, que acaba volviéndonos nada, niebla, cosas inestables, inconstantes, inviables, acaba convirtiéndonos en seres cambiantes y fantasmales, que vagan con sus almas descompuestas, rodeados de vacío, de nada, de seres necios y espeluznantes, pero que no nos asuste la verdad, porque siempre fue más venenosa la mentira.

Metáfora...

No me viene una sola cosa a la cabeza, sino varias, es una idea un poco complicada.
Lees metáfora y no piensas en algo, hasta que piensas que debes pensar en algo que te identifique con esta palabra. Pero el caso es que no creo que exista una palabra exacta para definir lo que es una metáfora.
Una metáfora son miles de cosas, e ideas, y pensamientos, abstractos, normalmente, no podemos percibirlos, pero sí sentirlos, a veces podemos verlos o tocarlos, pero es algo bastante inusual, en mi opinión.
Lo que es capaz de transmitir una metáfora, supera cualquier cosa que exista y pueda probarse. Opino que las cosas que no podemos probar que existen, son precisamente las cosas que más somos capaces de percibir, sentir y conocer.

Podríamos decir tantas cosas sobre las emociones, los sentimientos, los pensamientos, etc.
Sobre todas las cosas abstractas que existen...que no se puede comparar con las cosas que podríamos decir de las cosas que percibimos físicamente, de manera que podemos verlas y tocarlas, escucharlas, etc.

Sentir forma parte de un sentido, pero no es algo de lo que otra persona pueda asegurarse fácilmente. Lo que más se confunde, es lo que no se puede asegurar. Las cosas inconcretas son las que más asustan a los seres humanos, porque los animales, está claro que no se ponen a pensar en esas cosas, hecho que no quita que sean capaces de sentir y padecer.

En resumen, una metáfora, es algo que no se puede definir, sino algo que cada uno elige qué significa, pero obviamente todos sabemos qué es, solo que lo difícil es explicarlo desde nuestro interior.

miércoles, 8 de julio de 2015

Silencios de papel (Canción acabada)

Aplaudo el mundo desde los escombros,
cuántos tumultos nos esperan.
Y es que ya me he cansado de tanto silencio,
de tanto ruido en las mentes,
en los corazones, y sobre todo en las almas,
y tan poco en estas calles risueñas.

Tantos gritos y súplicas que vemos a lo lejos,
y qué pocos presenciamos en directo,
pero que reproducen una y otra vez,
la agonía en qué nos encontramos;
la agonía de no poder hablar,
de no poder expresarte,
de no poder opinar, debatir,
de no poder criticar con argumentos,
de no poder dar las herramientas para que otros,
aprendan lo que tú aprendiste,
y para que otros,
te enseñen lo que ellos aprendieron.

Y es que este se ha vuelto un mundo de pobres,
y poco a poco luce como un sepulto a la oscuridad,
como una escena de cristal, hecha de acero en tu piel,
como sangre tornada azul, verde, cuando tú sabes que no es así,
cuando sabes que no hay realidad que pintar,
que la sangre es roja,
y que no hay nada que impida,
que impida en este ahora,
cumplir con la condena del pasado.

Pero y qué decir,
cuando nos están haciendo creer,
que la condena es lujuria,
que son palabras,
que es libertad de expresión,
y que son esposas,
calabozos,
y falsas coartadas.

Mentiras, mentiras, y más mentiras.
Esas son la llave para acabar con tu condena.

Amordazados por el silencio,
revueltos por la muchedumbre,
acallados por el vacío que llevamos dentro,
envueltos en sangre,
en escondites de nieve.

Palabras,
cortadas,
quemadas,
desgarradas,
y entretejiendo falsos mundos,
en esta realidad virtual,
en este mundo que acorrala tu alma,
y la vuelve dolor,
que sujeta la vida,
y la torna suplicio,
que encarcela la mente y el corazón,
y los vuelve,
una vez más,
meros tumultos...


Y es que ya me he cansado de tanto silencio,
de tanto ruido en las mentes,
en los corazones, y sobre todo en las almas,
y tan poco en estas calles risueñas.

Y es que este se ha vuelto un mundo de pobres,
y poco a poco luce como un sepulto a la oscuridad,
como una escena de cristal, hecha de acero en tu piel.


Que la condena es lujuria,
que son palabras,
que es libertad de expresión,
y que son esposas,
calabozos,
y falsas coartadas...


Palabras,
sepultadas bajo el subsuelo,
enterradas,
traspuestas,
quemadas,
desgarradas,
y entretejiendo falsos mundos que todavía relucen de gloria.


Mentiras, mentiras, y más mentiras.
Esas son la llave para acabar con tu condena.


Amordazados por el silencio,
revueltos por la muchedumbre,
acallados por el vacío que llevamos dentro,
envueltos en sangre,
en escondites de nieve.

En esta realidad virtual,
en este mundo que acorrala tu alma,
y la vuelve dolor,
que sujeta la vida,
y la torna suplicio,
que encarcela la mente y el corazón,
y los vuelve,
una vez más,
meros tumultos...

Ya basta de sonrisas encarceladas,
de mares de lava despedazándose en tu mirada,
de fogatas en tus ojos,
de mártires en tus palabras,
pero sobre todo,
ya basta de muerte en tus gestos,
en tu más mortífero fin.

Se acabó,
no más terremotos,
no más tormentos,
no más suplicios,
ya no hay voz para tanto silencio,
ya no me quedan palabras,
para tan corta vida,
y tan viva pasión,
y es que,
una vez más,
acabamos sin luz,
o más bien,
sin un sol por el que latir,
porque descubrimos,
que en la pobreza,
se halla la mayor riqueza,
aquella que trastorna,
sin tocar,
que enloquece,
sin sonrisas,
que vacía,
sin palabras.

martes, 7 de julio de 2015

Silencios de papel (Canción completa provisional)

Aplaudo el mundo desde los escombros,
cuántos tumultos nos esperan.
Y es que ya me he cansado de tanto silencio,
de tanto ruido en las mentes,
en los corazones, y sobre todo en las almas,
y tan poco en estas calles risueñas.

Tantos gritos y súplicas que vemos a lo lejos,
y qué pocos presenciamos en directo,
pero que reproducen una y otra vez,
la agonía en qué nos encontramos;
la agonía de no poder hablar,
de no poder expresarte,
de no poder opinar, debatir,
de no poder criticar con argumentos,
de no poder dar las herramientas para que otros,
aprendan lo que tú aprendiste,
y para que otros,
te enseñen lo que ellos aprendieron.

Y es que este se ha vuelto un mundo de pobres,
y poco a poco luce como un sepulto a la oscuridad,
como una escena de cristal, hecha de acero en tu piel,
como sangre tornada azul, verde, cuando tú sabes que no es así,
cuando sabes que no hay realidad que pintar,
que la sangre es roja,
y que no hay nada que impida,
que impida en este ahora,
cumplir con la condena del pasado.

Pero y qué decir,
cuando nos están haciendo creer,
que la condena es lujuria,
que son palabras,
que es libertad de expresión,
y que son esposas,
calabozos,
y falsas coartadas.

Mentiras, mentiras, y más mentiras.
Esas son la llave para acabar con tu condena.

Amordazados por el silencio,
revueltos por la muchedumbre,
acallados por el vacío que llevamos dentro,
envueltos en sangre,
en escondites de nieve.

Palabras,
cortadas,
quemadas,
desgarradas,
y entretejiendo falsos mundos,
en esta realidad virtual,
en este mundo que acorrala tu alma,
y la vuelve dolor,
que sujeta la vida,
y la torna suplicio,
que encarcela la mente y el corazón,
y los vuelve,
una vez más,
meros tumultos...


Y es que ya me he cansado de tanto silencio,
de tanto ruido en las mentes,
en los corazones, y sobre todo en las almas,
y tan poco en estas calles risueñas.

Y es que este se ha vuelto un mundo de pobres,
y poco a poco luce como un sepulto a la oscuridad,
como una escena de cristal, hecha de acero en tu piel.

Que la condena es lujuria,
que son palabras,
que es libertad de expresión,
y que son esposas,
calabozos,
y falsas coartadas...

Palabras,
sepultadas bajo el subsuelo,
enterradas,
traspuestas,
quemadas,
desgarradas,
y entretejiendo falsos mundos que todavía relucen de gloria.

Mentiras, mentiras, y más mentiras.
Esas son la llave para acabar con tu condena.

Amordazados por el silencio,
revueltos por la muchedumbre,
acallados por el vacío que llevamos dentro,
envueltos en sangre,
en escondites de nieve.

En esta realidad virtual,
en este mundo que acorrala tu alma,
y la vuelve dolor,
que sujeta la vida,
y la torna suplicio,
que encarcela la mente y el corazón,
y los vuelve,
una vez más,
meros tumultos...

Silencios de papel (Letra de canción provisional)

Aplaudo el mundo desde los escombros,
cuántos tumultos nos esperan.
Y es que ya me he cansado de tanto silencio,
de tanto ruido en las mentes,
en los corazones, y sobre todo en las almas,
y tan poco en estas calles risueñas.

Tantos gritos y súplicas que vemos a lo lejos,
y qué pocos presenciamos en directo,
pero que reproducen una y otra vez,
la agonía en qué nos encontramos;
la agonía de no poder hablar,
de no poder expresarte,
de no poder opinar, debatir,
de no poder criticar con argumentos,
de no poder dar las herramientas para que otros,
aprendan lo que tú aprendiste,
y para que otros,
te enseñen lo que ellos aprendieron.

Y es que este se ha vuelto un mundo de pobres,
y poco a poco luce como un sepulto a la oscuridad,
como una escena de cristal, hecha de acero en tu piel,
como sangre tornada azul, verde, cuando tú sabes que no es así,
cuando sabes que no hay realidad que pintar,
que la sangre es roja,
y que no hay nada que impida,
que impida en este ahora,
cumplir con la condena del pasado.

Pero y qué decir,
cuando nos están haciendo creer,
que la condena es lujuria,
que son palabras,
que es libertad de expresión,
y que son esposas,
calabozos,
y falsas coartadas.

Mentiras, mentiras, y más mentiras.
Esas son la llave para acabar con tu condena.

Amordazados por el silencio,
revueltos por la muchedumbre,
acallados por el vacío que llevamos dentro,
envueltos en sangre,
en escondites de nieve.

Palabras,
cortadas,
quemadas,
desgarradas,
y entretejiendo falsos mundos,
en esta realidad virtual,
en este mundo que acorrala tu alma,
y la vuelve dolor,
que sujeta la vida,
y la torna suplicio,
que encarcela la mente y el corazón,
y los vuelve,
una vez más,
meros tumultos...
Suspírame,
arráncame,
e intenta no mirar atrás,
no girarte,
no moverte,
procura seguir,
sin descanso,
sin ataduras,
sin precipicios.

Salta a mi corazón,
húndete en él,
quémate,
regocíjate en mis entrañas,
peta mis venas,
y escóndete en mis susurros,
pausa mi voz,
y quiebra mis sentidos.

 Escápate de mí,
o húndete conmigo.

Coge los rasguños,
los destrozos,
y hazlos bonitos,
píntalos a tu gusto,
y pégalos en mi alma.

Y tu sonrisa,
sigue cayendo,
desde el más hermoso precipicio,
sigue saltando a la nada,
esperando explotar,
o encontrar algo.

Recorta mi sonrisa,
y destrózala,
sumérgete en mis labios,
o rómpelos,
qué más da,
ya no habrá más adióses,
ya no habrá más lloros,
los llantos quédatelos para ti.

Mójate con la lluvia,
y llora con mis recuerdos.

Mírame,
y pregúntate por qué,
mírate,
y pregúntate por qué no,
por qué lo hiciste,
o por qué no haberlo hecho.

Eres el rastro de tu sangre,
eres el horror de tus sueños,
eres la vida de tus muertos,
eres el fuego de tus monstruos.


Eres el pájaro que respira,
aún en jaulas,
más mortíferas que esta alma,
que aún recuerda tu nombre,
y no es capaz de arrancarlo,
de un pedazo,
y tirarlo al vacío,
porque de alguna forma,
siento que forma de mí.

Y al fin y al cabo,
¿para qué matar algo que aún sigue vivo?
Solo las imágenes físicas mueres,
las psicológicas permanecen siempre,
sujetas al alma,
pegadas al corazón,
y quebrando la piel,
mientras tu sonrisa cada vez se resiente más.

Rasguños del alma

Te veo,
te siento,
y no soy capaz de tenerte,
te susurro,
te escucho,
y no puedo tocarte.

Te veo,
y nada cambia.
Te observo, te escucho en la lejanía.
Me acerco, y tú te alejas más.

Te intento tocar con la mirada,
y me apartas con tu alma.

Ya no hay garras que valgan,
para tan tempestuoso corazón.
Necesito esa pérdida de la noción,
de la vida,
del tiempo,
y sobre todo,
de tu existencia.

Te veo,
y nada cambia.
Podría besarte,
podría acercarme,
pero ya nada sirve.

Todo esfuerzo es en vano,
y me alejo, 
me alejo cada vez más.
Con la mano en mis púlpitos,
con la mirada en el suelo.
Y con el corazón enterrado.

Escapo, y corro,
y corro, corro,
corro sin cesar,
sin espera, 
sin parar.

Y te veo, a lo lejos,
sin suspirar,
sin alarmarte,
tan indiferente como siempre,
tan lejane,
tan perdide.

Deseo llorar,
destripar mi alma,
y ya solo me sale observarte,
a lo lejos.
Te miro, y ya no te veo.

Ya solo te siento,
a lo lejos,
con el pecho en el alma.
Y con el corazón por los suelos.

Ya no hay besos que valgan,
ni fotografías que sanen,
ya ni siquiera tu recuerdo me sana.

Los silencios se han vuelto espinas,
las rosas se han vuelto vida,
y tu recuerdo,
el quererte,
se ha vuelto muerte.
Este calor desgasta mi piel,
provoca tumultos en mi corazón,
perfora mis sentidos,
y ahuyenta mis miedos,
mientras aumenta mi cansancio,
y evita mi reposo,
mientras más descanso,
parece que mi alma más se agota.

Mi corazón necesita de tu sangre,
de tus palabras,
de tus sonrisas,
y tú ya no estás para alimentarlo.

Mi corazón quizá,
y solo quizá,
está hambriento de sed,
y desea otra puñalada más,
tan solo para recordar ese sabor amargo,
y a veces un tanto agridulce,
que nos han dejado tus recuerdos,
y a veces, incluso, tú misme.
Muero de agonía,
por no tenerte,
por ya no poder buscarte,
por ya no saber dónde encontrarte.

Suspiro, entre temblores,
por miedo a repetirte,
o a jamás olvidarte.

Y si la sangre quema,
y si el hielo alivia,
dame un poco de tus palabras,
más afiladas que cualquier cuchillo,
más heladas que cualquier nevada.

Podría hablarte,
decirte,
callarte,
y sin embargo,
ya tan solo me digno a no esperarte.

Porque quizá,
después de tantos caminos perdidos,
aún sigo intentando,
recuperar y arreglar aquel que dejé destrozado,
mientras corría a buscarte,
sin mirar a ninguna parte,
sin pensar,
sin razonar,
y es que por eso;
ahora vivo más de sangre y suspiros,
que de sonrisas,
que de escapadas,
porque silencios, ya no me faltan.