lunes, 5 de enero de 2015

Esculturas inestables

Somos esculturas inestables, mágicas a su vez, venenosas, e incluso tóxicas, pero también sanadoras.. Esculpimos un camino, una vida, una sonrisa, una lágrima, tras ver el espejo de nuestro interior, en donde se reflejan nuestros más temidos infiernos, y nuestros cielos ya muertos, o quizá esperando a ser revividos.

No somos escarcha, tampoco somos mártires, pero nuestros cuerpos yacen dormidos, mientras nuestras almas pesan de tanto dolor, y desgastan hasta nuestro alrededor.

Irrumpen esos insólitos sueños en nuestras pesadillas, se adentran nuestras pesadillas en esos dulces y inalcanzables sueños, pero por algún motivo, nos levantamos pensando que no todo es tan cierto como se cree, pero tampoco tan falso.

Cada vez más, las palabras pierden su valor, los hechos pierden su significado, las almas pierden su valentía, los cuerpos pierden sus fuerzas, pero las garras de acero que llevamos siempre con nosotros en nuestro interior, no cesan, no duermen, no descansan, tan solo por vernos cumplir nuestros más fuertes deseos.

La fortaleza de los seres vivos, sobre todo de los seres humanos, yace en su corazón, independientemente de cómo sea este, si se sabe apreciar, la mente se enriquece, y nuestro cerebro lo agradece. Mientras que nuestro rostro se ilumina, y nuestra sonrisa resplandece.

Por el contrario, cuando alguien no aprecia lo que tiene, por poca que sea, pierde la poca magia que era capaz de transmitir, y se vuelve tan solo un cuerpo, a merced de un destino que no existe, puesto que cada uno lo crea, o por otro lado, lo destruye.

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