domingo, 8 de febrero de 2015

Palabras...

¿Puedes oírme? Quisiera decirte tantas cosas... Ahora mismo todo está oscuro, pero empiezo a ver una pizca de luz en la lejanía, quisiera cogerla, romperla; o mejor aún, sumergirme en ella. La negrura de mi alma se torna roja en pequeños momentos, por los suculentos rastros de luz que la atraviesan. Placentera muerte me espera si esa chispa perdura en mi mirada y en mi corazón, pero sobre todo en mi alma; como es capaz de hacerlo en mis ganas de luchar y en mi persistencia, aunque pausada y dañada, y con pasos tambaleantes e inseguros, pero con algo muy claro; siempre los pasos serán para adelante, incluso para cuando no haya camino que seguir.


Como esos pétalos desentonados, su alma yacía roja, quemada, a punto de caer pero sujetándose a la cuerda más fuerte que posee el ser humano: su fuerza de voluntad.

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