domingo, 26 de abril de 2015

Silencios que callan, que matan, y que arrastran

Hay silencios que arrancan más corazones, 
que cualquier palabra,
que cualquier golpe,
que cualquier puñalada.

Y quizá ya estoy harta de tanto coser,
de tanto forjar,
de tanto forzar,
de tanto luchar,
pero dije que no hay luz sin oscuridad,
como no hay oscuridad sin luz.

Dije que no hay tinieblas sin sol,
que no hay niebla sin viento,
que no hay aire sin corazón.

Que no hay cerebro sin mente,
que no hay mente sin vida,
que no hay muerte apagada,
que todo arde a nuestro alrededor,
incluso cuando no podemos verlo.

Y temo, temo sucumbir,
temo no sentir,
temo volverme de hielo,
o deshacerme de tanto fuego.


Y es que ya solo me queda la imaginación.
ya solo me queda la ficción.
el misterio,
lo nuevo,
lo efímero,
lo amargo,
lo agridulce,
lo pasajero,
y los sin sentidos.

Ya solo me quedo a mí misma,
ya solo tengo hilo para mí,
gasté demasiado tiempo en máscaras,
y quiero recuperar las cuerdas,
quiero romperlas,
quiero creer en el amor,
quiero creer en la amistad.

Y ya no sé cómo ni en qué creer,
si alguien no me aporta nada o lo suficiente,
si alguien ya no me busca nunca,
si alguien hace oídos sordos a mi ausencia,
yo pierdo mis ganas de seguir,
de seguir hablando a desconocidos,
de seguir forjando viejos mitos.

Ya no creo en el amor como tal,
solo en su sentimiento,
en su fuerza,
es tan solo un puente,
el amor es débil,
es débil si tú lo eres,
es fuerte si tú lo eres,
tú decides cómo es,
tú lo moldeas,
pero es libre,
es independiente,
es mágico,
es doloroso,
y también encantador.

Es efímero,
pero también es una clavija,
una clavija que no se despega de tu corazón,
y tampoco de tu mente.

Acaba pudriéndose en tu interior, pero jamás desparece,
solo que, es efímero porque,
como la "felicidad",
es algo que tú creas,
no existe como tal,
no hay una forma de amor,
hay miles,
hay millones de formas de amar,
pero solo una es la verdadera mente libre,
la mágica, la sanadora;
aquella que te hace ser mejor persona,
aquella que te hace reforzar tus ánimos,
que te hace tener más ganas de luchar,
de seguir, y que te da más felicidad,
pero no toda, que te aviva,
pero jamás del todo.

Que te apoya, pero tampoco jamás lo suficiente.

El amor no es más que un reforzador del alma,
para no entristecer y ennegrecer más la mente,
y para conservar el corazón,
antes de que desparezca.


El amor libre es aquel,
que por muy doloroso que pudiera resultar al principio,
es el más real, el más fuerte,
el más valiente;
aquel que refuerza tu vida,
tu esperanza,
y que aprieta bien fuerte tus músculos,
tus pasos, y tu sonrisa,
y te hace darte cuenta de que eres tú,
tú y solo tú,
quien los mueve.

Y es que une misme es quien debería,
únicamente, forjarse a sí misme.


Nadie nos forja,
nadie nos limita,
nadie puede hacerlo,
solo nosotros.
Nadie manda por encima de ti,
nadie tiene derecho a privarte de nada,
eres libre,
libre como tal,
eres libre en tus prisiones, porque tú las creas,
y tú decides si deshacerlas, y cómo.

Eres libre en tus celdas,
en tus escondites,
en tu cárcel,
si tú te dejas serlo.

Vuela,
vuela,
vuela pajarito,
vuela sin pensar,
sin retroceder,
sin meditar,
vuelva y vuelva,
despliega tus alas,
y recuerda:
amamos para compartir,
queremos para experimentar,
para sentir,
para crecer,
para aprender,
jamás para lastimar,
ni siquiera retroceder.

No hay martirio,
sin arma.

No hay arma, sin fuerza.

Por muchas armas físicas que existan,
lo único que demuestran,
son debilidad.

Usa tu mejor arma:
el corazón,
la valentía,
la libertad,
que tú misme forjas.

Usa tus habilidades,
tus debilidades,
tus fortalezas,
tus lastres,
tu cerebro, tu mente,
para soportar cualquier martirio,
cualquier tormenta,
cualquier muerte,
pero sobre todo;
cualquier lucha.

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