jueves, 9 de julio de 2015

Somos bombas, mecanismos llenes de cables por todos lados, por los cuales circula electricidad, muerte, y también una pizca de vida. Pocos son capaces de desactivarnos, de desarmarnos, de volvernos polvo, y por otro lado, muy pocos son capaces de hacernos sentir más fuertes, más vivos, realmente a gusto y agradables, y al mismo tiempo, de descodificar esa bomba que bombea sangre, como un reloj, tic, tac, tic, tac. Y que solo unos pocos logran paralizar o estar a punto de explotar por cuestión de segundos.

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