miércoles, 19 de agosto de 2015

Tú, que tiemblas mis susurros, que inspiras mi mente, que quiebras mi corazón, y ahuyentas mi alma, tú, que me recuerdas que el olvido es pecado, y que no existen pecados donde hay perdón.

Tú, que me dices que sinceras son las sonrisas de la luna, mientras te digo que más lo son las del corazón, que mientras sangra, mientras llora, es capaz de agarrar cualquier luz, tan solo para marcar una sonrisa en un rostro.

Tú, esa niebla que traspasa mi vida, y la vuelve insulsa, pero que me recuerda una y otra vez, que la oscuridad es mi mayor escudo, mi mayor verdad.

Eres las garras del vacío que arraigan mi alma a la vida, eres esas gotas de sangre que colman mis ojos.

Gracias por enseñarme a destruir, a crear, y rehabilitar, y a desintoxicarme de tanto veneno hecho por esta sociedad.

Que si ser mujer es un pecado, ser une hombre no iba a ser una gloria; aprendamos a vivir con la guerra de nuestros corazones, y a decidir qué es más importante, una ley, un comentario, cientos de ellos, o la sangre que recorre nuestro cuerpo y avasalla nuestro corazón, recordándole que mil golpes no son suficientes para hacernos callar.

Tienes la magia de tu ser, úsala, da igual qué cuerpo vendas, qué cuerpo seas, tu cuerpo no eres tú, tu cuerpo es tú.

Quiébrame la mente, y no el alma, que ya ha llorado bastante por tu ausencia, por tus mentiras, y por tanto veneno que nos enseñan a crear desde ese hipócrita y falso "amor romántico".

Dejémonos de excusas, que más valen mil experiencias libres y sanadoras, agradables, mágicas, que una sola llena de veneno y toxicidad.

Deja volar tu alma, tu corazón, pero sobre todo, tu mente, deja a tu cerebro avasallar los corazones llenos de veneno, y recordarles que la cura está en une misme, y que el amor no es venenoso, si más no, las personas y sus ideas y pensamientos impuestos.

Crece, y deja crecer; antes de que coarten tus alas, recuérdate que dispones de la palabra, la mente, y de un corazón. Los ojos solo sirven para desmembrar y explorar el mundo, jamás una mente, y tampoco un corazón.

lunes, 3 de agosto de 2015

Tiritas en mi corazón

Puñaladas en mi cerebro,
tumbas de acero,
en mi corazón,
llenas de sangre,
de lamentos,
de cementerios somnolientos.

Bastan agujeros para acabar con tu vida,
pero jamás bastarán golpes ni rasguños,
ni asesinatos,
para acabar con tu ser,
con tu esencia,
con tu espléndido perfume.

Tu sangre huele a rosas,
tus labios saben a gloria,
a temor, a lagos plagados de llamas.

Saben a hielo ardiendo,
a tumultos en el alma,
y oscuros hallazgos en tus cristalinas lentes,
tan frágiles como el cristal,
tan secas como el desierto.

Ya no hay lágrimas para llorar,
ya solo quedan silencios que apreciar,
y palabras antiguas y viejas,
del pasado,
que saborear,
justo antes de olvidar quiénes somos.

Tu sonrisa me recuerda al mar,
es como un mar en el cielo,
es como bañarte,
sin mojarte,
como mojarte,
y permanecer sin una gota de agua en tu piel.

Algo así como vivir,
como respirar,
como hacer cosas,
y malgastar tu tiempo,
como aprovecharlo, a veces,
pero nunca vivir realmente,
nunca aprovechar realmente tu ser para crear una esencia duradera,
de ti, de tu perfume,
de tu sangre,
que yazca para siempre en tu corazón,
en tus tumbas y sepultos,
y permanezca en todas esas mentes,
que dejaron rasguños en tu corazón,
y que agrietaron tu alma y la echaron al vacío,
recordándote que una vez más: 
fallaste.

Y esta vez,
no hubo perdón, tan solo silencio...
Me alojo en tu alma,
mientras mi corazón tirita de miedo,
mientras mi rostro sonríe,
mientras las lágrimas bañan mis ojos.

Y es que ya no hay consuelo,
para esta sangre en mi piel,
para tantas garras clavadas en mí,
para tanto horror golpeando mi interior.

Me he quedado sin silencios,
o quizá es que solo necesito lograr silencio dentro de mí,
y soy incapaz de acallar todos esos deseos,
todas esas preguntas,
todo ese temor.

Sepultos a la oscuridad,
hechos de esos recuerdos,
de esos momentos,
que me dejaste con suspiros,
justo antes de largarte.

Ya no espero nada,
solo quiero creer en mí,
y llenar mi alma de paz,
dejar a un lado la lujuria,
el horror,
el miedo,
la tristeza,
y este pozo que me arranca de mi ser.

Porque,
como dije,
ya no hay espacio para mi corazón so muerto.

Pero haré que yazca en paz,
alrededor de tantos tumultos,
aunque quizá,
y solo quizá,
sea lo último que haga.