domingo, 18 de octubre de 2015

Mi corazón se vuelve cristalino 
con tu presencia,
se ahoga en silencios, 
y arde en llamas.

Me gustaría atarme una cuerda al corazón,
y llorar y llorar.

Somos sobras inertes,
somos caprichos del mal.

Somos sangre,
somos sustancia,
somos muerte.

Somos olvido.
Somos tinieblas.

Somos espejos,
retratando basura
manchada de sangre,
de mentira.

Queily.



Tejidos de los recuerdos

Poemas al anochecer...
Eres mi escudo, mi mayor luz.
Viertes el veneno del pasado,
de mi corazón,
agujereas mi mente,
y perforas mis latidos,
pidiéndome perdón.

Y lo siento,
por tanto silencio en mis palabras,
tanto ruido en mi cabeza,
o tanto silencio en mis noches.


Tus latidos me piden piedad,
por un "perdón" 
que no fui capaz de pronunciar.

Sálvame de la oscuridad,
honorable luna de mi corazón.

Coarta la respiración,
y envuélveme en latidos.

Perdóname, silencio,
errante parlante de mi ser,
que sepulta mis carnes,
vacías, so muertas,
rebosantes de sangre y de dolor.

Adórame, viento,
hazme sentir el hedor de al niebla,
de tu piel,
de tu alma,
de tu humilde corazón.


Tinieblas de mi corazón,
cómo osáis invadir mis lagunas,
y hechizarme con sus encantos.

Honorable paraíso es tu voz,
son tus versos,
avivando mis tumultos,
y cosiendo el silencio de mis heridas.

Vuélame, y llévame lejos del ser,
hoy ya no deseo existir más,
hazme renacer en tus pecados y tus logros;
vuélvete efímere y valiente
como el fuego que incendiaste bajo mi caparazón.


Sigo esperando ese perdón de tu corazón,
porque tus labios ya no osan pronunciarme,
y tu mente rehuye de mis más sangrientas armas,
de mis recuerdos,
y sobre todo,
del agujero negro de mi laguna
que inviste mi cuerpo en infierno y en dudas,
y me vuelve ceniza,
polvorienta.

Endúlzame con tu cariño,
honorable viento de mis entrañas,
y hiela los augurios de mi castidad.

Solemne paz, solemne olvido,
y aquí me hallo yo,
entre cenizas, eternidad
y mágicos volcanes de oscuridad.

Queily.

miércoles, 7 de octubre de 2015

Sepultos abalanzándose sobre mí

Rodéame con tus hazañas,
con tus recuerdos,
húndeme en tus versos,
y muere conmigo en cada palabra.

Vuélvete viento y rózame en silencio,
recuérdame que estás aquí,
que no estoy sola.
Recuérdame que sigue habiendo magia en ti.

Quiero que sucumbas a la oscuridad de la luna,
y me arropes con su luz,
que pegues besos en mi corazón simulando tiritas,
y me susurres lo dulce que te parece el mundo,
y lo envenenado que está.

Quiero que muerdas mi anzuelo,
me cojas de la mano y decidas no morder la manzana,
que decidas compartir el dolor y el veneno,
y busques jeringuillas para les dos.

Y si me dejaras,
te abriría el corazón a mordiscos,
hasta dejarte sin habla,
hasta olvidar quién fuiste,
y darte cuenta de quién eres.


Ya no hay hojas de otoño que puedan decorar tu rostro en llamas,
o ennublecido por esas lágrimas de cristal,
y se han vuelto invisibles
y una fuente de vida casi imposible de medir.


Me duele en el alma no verte sonreír,
y siento ganas de arrancarte de un cuajo el corazón,
saborearlo,
y esculpir los pedazos rotos a besos.

Atentamente,

Queily.

Recuerdos agujereados...

Quise conservarte,
tenerte a mi lado, 
quise no perderte.

Quise abrazarte día sí y día también,
quise entrar de noche en tu corazón, y arroparme con tu piel.
Quise verte en mis ojos, y reflejada en los tuyos.

Quise soñarte de día, 
y revivirte de noche,
en mi cabeza,
anhelando tu piel,
tus miradas,
tu sonrisa,
tu gracia,
tu encanto, 
y desplomarme en tu cuerpo,
y volverme ceniza,
siendo soplada por tus dulces y cristalinos labios de aguja...

Quise marcarte con recuerdos, 
con sonrisas,
con lágrimas,
y recordarte bajo la máscara de la luna,
verte tras ese cristal,
y bajar la lluvia para avivar ese rostro triste,
rencoroso,
resacoso,
en busca de otro amor tóxico,
mientras yo,
mirándote,
me hundía en los encantos de tu alma,
y soñaba con dormir bajo esa tela de seda,
rompediza,
frágil,
que envuelve tu cuerpo,
y hacerla brillar,
iluminarla con mi voz y mi sonrisa,
y tocar tu corazón,
besarlo y abrazarlo,
hasta lograr despertarlo,
y no irme de su lado,
hasta haberlo quebrado con mis besos,
hasta no haberlo adormecido junto al mío,
para levantarse a la mañana siguiente ambos,
recordándonos,
incluso después de desaparecer,
incluso después de no vernos,
de marcharte,
de dejarme,
de perderte.

Incluso después de ser incapaz de sacarte de mi mente,
incluso después de agujerear tu recuerdo en mi corazón,
y de coserlo con tanta fuerza y profundidad, que todavía hoy,
soy incapaz de descoserlo,
de obviarlo,
de destruirlo,
de no añorarlo...

Atentamente,

Queily.