miércoles, 7 de octubre de 2015

Recuerdos agujereados...

Quise conservarte,
tenerte a mi lado, 
quise no perderte.

Quise abrazarte día sí y día también,
quise entrar de noche en tu corazón, y arroparme con tu piel.
Quise verte en mis ojos, y reflejada en los tuyos.

Quise soñarte de día, 
y revivirte de noche,
en mi cabeza,
anhelando tu piel,
tus miradas,
tu sonrisa,
tu gracia,
tu encanto, 
y desplomarme en tu cuerpo,
y volverme ceniza,
siendo soplada por tus dulces y cristalinos labios de aguja...

Quise marcarte con recuerdos, 
con sonrisas,
con lágrimas,
y recordarte bajo la máscara de la luna,
verte tras ese cristal,
y bajar la lluvia para avivar ese rostro triste,
rencoroso,
resacoso,
en busca de otro amor tóxico,
mientras yo,
mirándote,
me hundía en los encantos de tu alma,
y soñaba con dormir bajo esa tela de seda,
rompediza,
frágil,
que envuelve tu cuerpo,
y hacerla brillar,
iluminarla con mi voz y mi sonrisa,
y tocar tu corazón,
besarlo y abrazarlo,
hasta lograr despertarlo,
y no irme de su lado,
hasta haberlo quebrado con mis besos,
hasta no haberlo adormecido junto al mío,
para levantarse a la mañana siguiente ambos,
recordándonos,
incluso después de desaparecer,
incluso después de no vernos,
de marcharte,
de dejarme,
de perderte.

Incluso después de ser incapaz de sacarte de mi mente,
incluso después de agujerear tu recuerdo en mi corazón,
y de coserlo con tanta fuerza y profundidad, que todavía hoy,
soy incapaz de descoserlo,
de obviarlo,
de destruirlo,
de no añorarlo...

Atentamente,

Queily.

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