miércoles, 7 de octubre de 2015

Sepultos abalanzándose sobre mí

Rodéame con tus hazañas,
con tus recuerdos,
húndeme en tus versos,
y muere conmigo en cada palabra.

Vuélvete viento y rózame en silencio,
recuérdame que estás aquí,
que no estoy sola.
Recuérdame que sigue habiendo magia en ti.

Quiero que sucumbas a la oscuridad de la luna,
y me arropes con su luz,
que pegues besos en mi corazón simulando tiritas,
y me susurres lo dulce que te parece el mundo,
y lo envenenado que está.

Quiero que muerdas mi anzuelo,
me cojas de la mano y decidas no morder la manzana,
que decidas compartir el dolor y el veneno,
y busques jeringuillas para les dos.

Y si me dejaras,
te abriría el corazón a mordiscos,
hasta dejarte sin habla,
hasta olvidar quién fuiste,
y darte cuenta de quién eres.


Ya no hay hojas de otoño que puedan decorar tu rostro en llamas,
o ennublecido por esas lágrimas de cristal,
y se han vuelto invisibles
y una fuente de vida casi imposible de medir.


Me duele en el alma no verte sonreír,
y siento ganas de arrancarte de un cuajo el corazón,
saborearlo,
y esculpir los pedazos rotos a besos.

Atentamente,

Queily.

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