martes, 24 de noviembre de 2015

Fragmentos

El frío me hiela las piernas, pero sobre todo el corazón. Pero con solo recordarte o aparecer, nublas mi corazón de calor y sentimiento. 
Eres como una reliquia de paz, como un conjunto de suspiros libres y atragantados, que por fin libres, gritan su pesar.
Das cariño a mi corazón, y me llenas de vida y de dulzura, contigo no hay maldad.


Me haces sentir a salvo, acogida, acompañada y entendida. Me das esperanza y no está manchada de ilusiones ni de sangre, y más bien, tampoco de pesares.

Me das esa chispa de fuego que ahuyenta los males y apacigua el dolor. Me haces sentir cómoda y libre, sin sujetar mis alas, y dejándolas volar.
Haces que mis cárceles interiores sean más amenas, y que mis tristezas se disuelvan un poco con una sola sonrisa, con una sola palabra.
Recubres mi corazón de flores, y no precisamente marchitas, y das calor a mi corazón, haciéndome temblar de sentimientos y emociones.
Apaciguas mi mente y ahuyentas un poco mis miedos. Haces que olvide la inseguridad y la incertidumbre de los momentos, y que me centre en ti, y en sentirte a mi lado.


Porque debemos ser respetadas con o sin depilar. Porque es nuestro cuerpo y son nuestras normas. Basta ya de cánones de falsos estereotipos y de normatividad. Tener vello no te hace menos femenina. Y que un chico se depile tampoco lo hace menos hombre, y que no lo haga no significa que sea menos higiénico, al igual que las mujeres.
Nuestras pieles son capas de seda cubiertas de cicatrices y rasguños, de pesares y melancolía, mientras que el vello es una especie de escudo, que no nos debiliten ni nos hagan callar. Es igual de bonito un cuerpo depilado que sin depilar.

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