lunes, 9 de noviembre de 2015

Lazos de sangre

Y es que quererte, 
todavía,
a estas alturas,
se ha vuelto un precipicio,
quizá demasiado bonito y fugaz,
como para ser verdad.

No pedí recordarte de esta manera,
ni siquiera que te quedaras en mí,
que revolvieras mi mente,
incluso en sueños,
incluso después de irte,
yo solo pedí un poco de vida,
de emoción,
y me la diste,
y tanto.

Hasta que te fuiste,
y ya no recordé nada,
ya no supe volver,
ya no supe volver a encender el fuego,
ni a conservar el hielo,
ya solo supe derretirme en cada esquina,
tanto por fuera,
como por dentro.

Asemejándome a una vela que parpadea,
a una vela deshaciéndose, 
mientras arde y se hiela,
en el infinito campo del tiempo,
en la oscuridad de esas penumbras,
atrapada en esos cristales ardientes,
en esas bolas parecidas a las burbujas,
pero imposibles de romper,
imposible escapar.

A día de hoy,
encerrada en ti,
o quizá, habiendo encerrado tu recuerdo en mí,
hasta volverlo parte de mi ser,
de mi vida, 
y es más,
de mi tristeza,
y más triste aún,
de mi alegría al recordar que puedo sentir todavía,
antes de que una lágrima resbale por mi corazón,
recordándome que no he vuelto a sentir,
de esa manera,
tan viva,
tan arrogante,
tan tóxica,
tan loca,
y tan perdidamente enamorada.

Tan perdida, encontrándote siempre en todas partes,
incluso después de irte,
de apagarte en mi corazón,
sigues sin irte de mí,
de mi mente.

Queily.

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