miércoles, 30 de diciembre de 2015

Eres como ese pétalo de rosas en mitad de la tormenta.
Eres una pizca de magia dentro de mi oscuridad,
eres la personificación de la esperanza,
del deseo y la dulzura del misterio.

Eres como esa manta que te cobija,
que te da calor,
y te protege.

Como esas caricias en el pelo,
y esas sonrisas al recordar un momento dulce, bonito.
Como esas obras de arte silenciadas,
esperando que alguien las escuche,
que las arrope,
o las acompañe.

Todavía hay sonidos en mi alma que no logro concebir.
Tengo sed de ti,
siento deseo por cerrar los ojos,
abrirlos, y tenerte a mi lado.
Siento anhelo al darme cuenta de que ese quizá,
podría resultar ser un nunca.

Quiero rozar esos labios,
y arroparme con tu piel,
quiero sentir el calor de tu corazón,
sus púlpitos y sus rasposos sollozos pidiendo ayuda. 

Quiero ser el mártir de tu deseo,
quiero ser las alas de tu corazón,
la llave que rompa las cadenas,
y me lleve junto a ti.

Me adentraré en tu pecho,
y te besaré,
me tornaré púlpito,
deseo,
aire,
viento.

Quiero rozar tu piel cada noche,
y dormir rodeada bajo tus brazos,
arropada con tus besos, tus mordiscos y tu cariño.

Eres dulzura,
eres pecado,
lujuria,
y una bonita forma corpórea en la que perderse,
donde todo mal parece disuelto,
difuso,
casi inexistente.

Acariciaré tu pelo,
y rozaré tu pecho,
morderé tu corazón,
y te sanearé las heridas con dulzura y deseo,
con pasión y perdición,
con esperanza.

Y aquí acabo de escribirte,
a lo lejos,
mientras te deseo,
bajo esta luna ya perdida...

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