sábado, 5 de diciembre de 2015

He perdido la magia,
ya no hay suspiros cargados de emoción,
tan solo de pena,
de tristeza y de temor.

Quise esperar,
quise esperarte,
pero no me atreví a verte de nuevo,
no fui capaz de sucumbir a ese deseo,
casi irrefrenable,
de arrancar todo rastro de sentimientos de mí,
de lanzarme a tus brazos, y dejar que me soltaras,
que me dejaras caer,
para aceptar de una vez,
que te fuiste,
y no volverás.

Todavía recuerdo demasiadas cosas,
son tantos años a tu lado,
que olvido qué es querer,
si tú no estás.

Siempre estoy al borde del amor,
del deseo,
pero este siempre me lanza al borde del precipicio,
esperando que decida,
si lanzarme a la nada,
o esperar.

Contigo decidí esperar,
y jamás llegué a semejante precipicio, puesto que...
yo misma me volví uno.

Ya no hay sentimientos por ti,
solo rastros.
rastros que parecen ajenos,
fogatas calcinadas,
papeles arrugados,
letras y versos humeantes,
hechos polvo,
cenizas,
que todavía guarda mi corazón.

Verte,
solo fue un recuerdo,
de que si no avanzo,
nunca lograré saber qué hay tras ese precipicio,
al que por desgracia,
nunca me atrevo a saltar.
Porque como otres,
sé que no habrá nadie para cogerme,
y mucho menos;
para salvarme.

Queily.

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