domingo, 13 de diciembre de 2015

Hilo de oscuridad...

Me alejé del fanatismo y la ilusión en cuanto vi que no eran más que máscaras y veneno, tratando de convertirme en alguien parpadeante.

Pero ya no quedan luces, ni bombillas que cambiar, la oscuridad se llevó mis ganas, destrozó mi alma, y me abrazó en silencio.

Me arropa cada día, sobre todo en la noche, cuando la tristeza cubre las paredes, e indaga en nuestros corazones, en busca de sed, de una pizca de vida. Los corazones se han vuelto árboles sin raíces, se han vuelto polvorientos, tóxicos, y sin vida alguna, obsoletos hasta para amar, para expresar, para sentir al borde del abismo. 
Son árboles que han olvidado de dónde provienen, que obviaron sus raíces, hasta que ya fue demasiado tarde para recuperarlas.

Ya no hay lluvia que reviva estas cenizas, que agriete nuestro corazón, disuelto en cortes, heridas y destrozos, ya se hizo grietas hace mucho. Ni siquiera el ácido podría sacarnos de este abismo, que a nuestro pesar, creamos con la poca vida que nos quedaba.

El juego del cuarto oscuro se convirtió en nuestras vidas, sin tener a dónde escapar, viendo a todes como tu enemigo, sin saber si un paso significará tu muerte, tu salvación, o un precipicio más, del que como siempre, tampoco lograras salir.

Andamos perdides, sin saber quién nos busca, sabiendo solamente que debemos escondernos, que queda poco tiempo, y ya no hay excusas.

Las máscaras que llevábamos se han disuelto junto con las luces, y ya no hay quien nos encuentre en este mar oscuro, sumido en muertes.

Ya no nos reconocemos en ninguna parte, la oscuridad se ha vuelto nuestro mayor cobijo, nuestra arma de doble filo, nuestra salvación, y al mismo tiempo nuestra perdición de la total y mísera cordura. Las luces artificiales solo tratan de hacernos ver falsos espejismos.

Ya no queda agua allí donde antes había mares en los que ahogarte, ya no quedan lágrimas para llorar lo sufrido, solo hay gotas de impotencia.

Solo sé que todavía, incluso sin estar, sigues haciendo dulces, a la vez que vivas y dolorosas, mis más horribles pesadillas.

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