jueves, 3 de diciembre de 2015

Me irradias de vida,
me haces latir,
me quiebras los miedos,
y refuerzas mi sonrisa,
paralizas mis llantos,
y me ahogas en placer, 
me haces ver las estrellas desde este oscuro cielo,
grisáceo,
quizá azulado,
solo sé que está sumido en la tristeza,
pero que contigo,
todo es más bonito,
y menos doloroso.

Me arropas con tus versos y con tu cariño,
como si el mundo fuera a acabarse,
me llenas de paz e incluso a veces,
de seguridad.

Me haces sentir realmente a salvo,
y contigo,
parece que estar perdida,
no es ni siquiera tan preocupante.

Me haces olvidar,
pero sin invalidarme,
sin desestabilizarme.

Busco cobijo entre tus brazos,
y calor en tu corazón,
y por más frío que seas,
siempre encuentro un calor inimaginable,
realmente reconfortante,
apaciguante, 
y casi sanador.


Tus labios son tan dulces y apetecibles como lo es tu corazón.
Son tiernos y olvidadizos,
perdidos,
me hacen ver la luz que hay tras tus ojos,
tras esa mirada triste o seria,
y veo tanta vida en ese corazón,
que me es imposible no desear besarlo,
arroparlo,
e incluso,
darle cobijo.

Permanente o no,
eres de esos sueños de los que no querrías despertarte,
y mientras dure,
pienso olvidarme de lo demás,
y sentir tu calor,
dejar que me irradies de vida e incluso,
quizá y solo quizá,
de deseo.

Queily.

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