jueves, 25 de febrero de 2016

Imaginar tus besos es casi tan bello como imaginar muertes románticas brotando de mi corazón. 

Dormitar en tu pecho y en tu mente debe ser lo más semejante a dormir abrazada a la muerte, de la forma más viva y agradable posible. 
Quizá también la más marchita, la más sana manera de encontrarnos sin antes acabar despedazados.
Solo quise volar sin tener que mirar hacia abajo y los lados y bajar la mirada y la cabeza como si tuviéramos que avergonzarnos de todo lo que nos libera un poquito... Como meres esclaves de máscaras de arcilla que se pegan sobre nuestras pieles sin podérnoslas quitar. 

Pues la porcelana la dejamos atrás, tan solo para convertirnos en ella...

Somos chispas sin cerilla, somos fuego sin mechero, silencio sin viento, hasta quedarnos más hueques que cualquier recoveco posible. 

Esos mártires y formas corpóreas se tornaron nuestras nuevas cadenas y cuevas, para cerrar los ojos ante el veneno que nos han hecho ingerir, adoptar y domesticar en nuestros míseros seres de papel. 

Somos lanzas de aire, somos sacos de niebla y de tempestad, vacíos, sin rumbo, y con la tristeza ahogándonos el corazón...

Versos para ti III

Tocas mi paladar, y lo deshaces,
con tu mirada triste y hueca, de fuego,
completamente abismal.

Tus labios son mi pecado más hábil,
sin duda el más deseado.

Los trajes son tu mayor pincel,
y el deseo, el éxtasis, la locura y la paz,
tu mayor retrato.

Eres como una paloma ennegrecida por la oscuridad;
pero dulce, y tierno.
Asombrosamente deseoso y atractivo,
me atraes a ti como la oscuridad,
que conquista mi corazón y lo empapela.

Endulzas mis labios, de hielo,
resecos,
y en su interior,
quemados, ardientes y devastadoramente mortales, pero deseosos de ti, cielo mío.

Quiero que vueles, y poder verlo, poder observarte, 
anhelarte y saborearte
y apreciarte desde la lejanía.

Cúbreme, que yo cubriré tu corazón de besos,
mágicos y abrumadores como tu mente,
que incansables,
no cesan, y perduran en mí, hasta el resto de la vida.

Versos para ti II

Te quiero, cielo mío,
mi alma se resquebraja al pensarte,
como quien siente el ardor 
y el corte del viento 
y la nieve en su piel,
y tácite,
suspira...

Llueve,
y te recuerdo,
junto a los espejos y cristales de mi alma,
que unísonos, me recuerdan tu marcha,
hueca, como mi alma, so muerta, como mi corazón;
que ya no late, ya solo suspira,
y desea que esta vez salga bien,
y él esté conmigo, besándome las heridas y los silencios,
que dejaste tras huir en silencio...

Desnudas mi ser, y arropas mi libertad.
Humedeces mis sueños y empapas mi piel,
la empapas de placer, de deseo y curiosidad.

No te vayas, no te vayas,
cielo mío, no te vayas hoy,
y quédate conmigo,
hazme saborear la esencia de u corazón,
déjame saborearte, a ti,
a tu aroma,
y a tu decadencia robándome los ojos,
y llenándolas de miradas,
dulces como el tacto de tu voz...

Versos para ti

Eres dulce como la luna,
y me arropas cual noche,
como si tus besos, tu cariño y tu amor,
se hubieran tornado estrellas.
A veces fugaces, despampanantes;
y otras, diminutos meteoritos 
que colman mi alma y mi corazón de deseo,
de inmensos mártires y chispas de fuego.

Hoy tirito,
por tu ausencia,
por el delito que cometió la vida,
de no llevarte a mi lado.

Eres púlpito y eres deseo,
eres decadencia y un mero suspiro,
eres mi precioso y delicado manto de oscuridad.

Eres mi linterna en esas noches oscuras.
Eres ese sabor incierto y casi mortal,
pero vivo y sincero.

Eres mis ojos cuando levanto la vista,
al cielo, deseándote.

Eres mi cielo, y a veces,
la chispa de mi humilde tormenta.