martes, 29 de marzo de 2016

Ataduras invisibles

Prego por tu paz,
y es que quiero que sobrevivas.

Yo no me basto de susurros,
ni de sonrisas nuevas,
y es que ya me he cansado de esperar.

El amor, oh, dulce y despiadado castigo,
que nos hierve la sangre,
y nos hiela y hiere el corazón,
que acompaña nuestras penas de veneno e ilusión,
que nos torna meras piedras,
y nos revive a su pesar.

Esa pócima del olvido,
esa aguja endulzada,
esa magia despiadada,
que es capaz de avivar
mientras susurra veneno,
a esta incrédula oscuridad.

La soledad se torna pecado
en un mundo en el que respirar,
se vuelve mero suplicio,
mera obligación.

Da igual cuántas personas quieras,
el poliamor es la pócima al veneno,
aunque nunca,
al dolor.

Att: Queily.

Para ti, por no dejarme (Poema dedicado a mí)

Para ti, por seguir aquí, aunque el mundo caiga,
aunque mi sonrisa se rompa,
aunque mi corazón se pare y el alma me atragante. 

Porque me salvas, me cuidas, 
me entiendes y me martirizas.
Porque me comprendes y me das la mano,
mientras otras me empujas o me la sueltas.

Porque me quieres,
aunque a veces te repugne,
porque aquí sigues.

Por esos abrazos,
por esos momentos,
por todos esos miedos y luchas,
todavía hoy,
quiero recordarte que sigo aquí.
Por y para ti.

Y con ayuda de esas personas que en verte desnude,
no se van, que incluso sin piel y sin carne,
deciden aceptarte y apoyarte.

Por ti, por todas esas lágrimas, 
por esos gritos,
porque a día de hoy,
casi me acepto y me gusto, 
aunque muchas veces desee largarme,
desaparecer o la muerte,
o desee arrancármelo todo,
porque todavía hoy,
sigues aquí,
conmigo,
cuidándome.

Att: Queily.