miércoles, 6 de abril de 2016

Tira las armas,
deja que tus dorados mechones cubran tu rostro.
Deja que la belleza de la noche te opaque.
Tórnate silencio, cúbrete de él, y cobíjate en los libros.

Vuelve a ti,
ya no te reconozco,
duele.
Duele muchas veces,
y ya nada parece importar.
Duele, y no quiero mirar.
Sangra,
se agota,
llora,
y se quiere desgarrar.

No te vayas,
y déjala.
Haz que te vea,
o lárgate.
No muestres tus ojos,
si no son de verdad.
No hables a tu corazón,
y menos al mío,
si no vas a estar allí.
Yo ya no existo.

He sumido al encanto de la noche,
ya no hay paz.
Ya no hay mártir candente.
Todo se volvió sumiso y polvoriento.
mero legado venenoso y putrefacto, abnegado a la realidad....

Te idealicé,
te quise pintar de colores,
y no vi que no caben respuestas en tan pocas paredes.

Me fui,
y no quiero volver.

El contacto me duele,
quizá casi tanto como la soledad.
Y la tristeza no se despega de mí.
La oscuridad yace bajo los escombros de mi corazón.
En un implícito silencio; que jamás logrará acabar...

Att: Queily. 

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