lunes, 20 de junio de 2016

Feminismo, aquí y ahora

El feminismo no es un arma, es un escudo, no son palabras, es lucha, en casa, en la calle, o en la tumba. No somos enemigues, solo debemos buscar la mejor forma de entendernos y ser conscientes de nuestras diferencias, de nuestros privilegios y errores, para lidiar con ellas, para respetarnos y sobre todo para aprender entre todes.

No quiero ver sangre derramada, ni aquí, ni en ninguna otra parte, no me avergüenzo de ser mujer, pero sigo sin sentirme realmente mujer, pues los roles de género siguen cortándonos las alas a lo que es propio de tal género u otro.

Escuchemos a las mujeres, a las personas negras, trans, asexuales, queer, a las no binarias (personas que no se consideran ni del género masculino ni el femenino), pan, demi, intersex, a las analfabetas, a las gitanas, a las religiosas, a las musulmanas y católicas, a las marroquíes (amazighs), árabes, a las putas, a las actrices porno, a las pobres, a las amas de casa, a las trabajadoras, a las vagas, a las pro-sex, a las abolicionistas, etc.

Pero por favor, conservando la cordura, el sentido común, y el respeto. El feminismo tiene tantas ramas que es absurdo aplastarnos unes a otres. Luchemos, por lo que estamos de acuerdo, por lo que apoyamos, y pensemos mejor por qué no todo el mundo comparte nuestra opinión. Analicemos por qué hay tantísimas discrepancias, démonos cuenta de por qué la violencia se ha vuelto un entretenimiento (BDSM), porno, etc. Y de por qué es absurdo abolir algo que ha dado también mucha fuerza a las mujeres, personas trans, no binarias, queer y así. No solo nos quedemos con lo malo, aunque sea más. Y luchemos para crear una educación sexual segura, respetuosa, feminista y un pilar para nuestras vidas.

El porno no es mala idea, pero está mal hecho, es veneno de por sí, no está hecho para mujeres ni personas no binarias, y allí radica el problema. Lo mismo ocurre con el BDSM, la base de la cual es el respeto y el consenso, pero está muy manchado también, y no es apto para todos los públicos.

Entended que el capitalismo es el pilar de supervivencia de nuestra sociedad, y el trabajo sexual suele ser una vía de escape, una alternativa, como cualquier otro trabajo. Lo único que lo diferencia de los otros, es el veneno y machismo que lo encubre, la trata es el virus que mancha la imagen de la prostitución. Ser pute no es nada malo, es algo digno, merecen tener voz, respeto. Merecen que antes de pensar en el abolicionismo, ¡se les escuche!

La raíz de la gran mayoría de cosas de este sistema, viene del patriarcado, y eso es innegable, pero también del capitalismo, y nadie puede pretender que se eliminen los trabajos sexuales mientras se sigue trabajando en otros oficios, a eso se le llama falso moralismo. Luchemos para que sea un trabajo más, un trabajo seguro, para que no deban temer por sus vidas. Para que nadie les criminalice, ni les multe, ni les agreda, ni viole. Luchemos para que la gente les escuche.

Escuchémonos, aunque no estemos de acuerdo, habrá cosas en las que sí. No hagamos de nuestras diferencias un arma de doble filo, por qué no hacer que nuestras diferencias nos hagan más fuertes, más combativas, y más valientes.

No estamos aquí para derramar sangre, estamos aquí para dejar huella, para aprender, para moldearnos, para liberar nuestras mentes y nuestros corazones, y hacer que al fin, un día, puedan volar libremente, aunque sea metafóricamente hablando.

El feminismo busca el empoderamiento de la mujer, su voz, su grito, y la igualdad de condiciones.
Con ello sigo pensando que no podemos llegar a la igualdad sin antes renunciar a los privilegios que sí dependen de nosotres. Corrijámonos, poco a poco, lloremos, si hace falta, pero sigamos aquí, hagámoslo por quienes vendrán, por quienes necesitan ejemplos, charlas, por quienes necesitan el feminismo en su mayor esplendor, por quienes merecen ver al fin cómo no existen brechas.
No es utopía, es algo que requiere conciencia, educación, muchísimos años, quizá incluso décadas o más, mucho más, pero si podemos hacer algo por mejorarlo, hagámoslo. Hagamos que nuestras vidas no sean en vano, que sirvan para abrir los ojos a la gente, para hacer que nos escuchen, como tales, como mujeres, víctimas, pero fuertes; valientes.

Att: Queily.

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