martes, 21 de junio de 2016

Me vuelvo de sed,
en este desierto infame,
del cual no logro salir.

Las luces me opacan,
pues ya no queda perdón.

Me ahogo,
me vuelco en la sinfonía de tu corazón,
latiendo al paso del reloj y la muerte,
haciendo del cuerpo un saco,
una jaula que limita nuestras capacidades.

Gritemos; pues la vida nos persigue,
pero al girarnos,
pararnos o mirarlas,
ya no la vemos...


El sigilo de tu corazón me oprime el alma,
mientras la amargura y el veneno del azúcar,
colman mi más sana pasión.

El olor de las rosas, 
me transporta a ti,
humilde pecado de la agridulce realidad.

Haz de mis latidos tu soneto,
haz que cada noche,
la luna brille para ti.

Te obsequio mis letras con tal de que las sientas,
no las dejes morir.
Todo aquello que sigue siendo recordado; jamás muere.

Abre tu mente,
y muéstrame tus mundos,
haz de tu vida una obra de arte.

Libera el alma,
y consigo los prejuicios,
y atrévete a soñar,
pues nadie vive a base de venenos.

Haz una oda al pasado,
y sonríele. 

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